El Emergente

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Oswaldo Olivares quizás no lo recuerde, pero una de nuestras memorias más gratas del estadio Universitario le tuvo a él como protagonista.

Junto a Adolfo y José Salgueiro, nuestros amigos de infancia, saltábamos la reja del parque ucevista y entrábamos al terreno cuando aún no habían abierto las puertas del parque, antes de las prácticas. Así, por ejemplo, una tarde calentamos el brazo con Tim Tolman, otro recuerdo imborrable de nuestra niñez, y una soleada mañana de domingo acompañamos a Dave Henderson durante su calistenia, en la grama del outfield. Eran otros tiempos.

Un día, aprovechando la confianza que teníamos con algunos peloteros, le jugamos una broma al “Gago”: le pedimos un autógrafo, ofreciéndole un bolígrafo que explotaba al serle retirada la tapa. La carcajada del toletero zurdo vino después de su cómica reacción de terror, y de inmediato nos pidió el artilugio para ir a gastarle la misma broma a sus compañeros. Con la cara de quien no rompe un plato, fue tras de cada jugador que salía al terreno, aduciendo que estaba recogiendo firmas para un pariente enfermo o algo así. Hasta el gran Víctor Davalillo sufrió la trastada, aunque su reacción, por cierto, no fue en absoluto como la del “Gago”, a quien cubrió de insultos, mientras Olivares se desternillaba de la risa.

Nuestros compromisos en el periódico impidieron el jueves que asistiéramos a la exaltación de los nuevos miembros del Salón de la Fama. Por eso, la nostalgia se hizo mayor, ya que no asistimos al abrazo que Olivares y Davalillo se dieron en el Sambil de Caracas, una vez que el antiguo bromista se convirtió en inmortal, como “Vitico”. También echamos en falta asistir al momento más sublime de la familia Lugo, cuando Urbano padre hizo oficial la entrada de Urbano hijo al templo de los elegidos; aún recordamos con agradecimiento —el agradecimiento a la vida de quien se sabe privilegiado— el blanqueo que el menor de la dinastía le tiró a los Cardenales en plena final, hace una década, para despedirse en grande del beisbol profesional.

Olivares, Lugo, Jesús “Chucho” Ramos, Luis “Mono” Zuloaga, Aurelio Monteagudo, Regino Otero, Luis Tiant y Carlos Tovar Bracho ingresaron al Salón de la Fama el jueves, haciendo de esta una semana festiva para quienes amamos este deporte.

Olivares y Lugo eran elegibles para el templo de los inmortales hace varias ediciones, pero siempre se toparon con estrellas del pasado que acapararon los votos: Baudilio Díaz, por ejemplo. Y Antonio Armas. Y Jesús Marcano Trillo. Y pare de contar. Las condiciones entonces también eran otras: cada planilla incluía menos opciones y el universo de elegibles llegó a superar el centenar de nombres.

Por eso, hoy aprovechamos la alegría que nos deja la entronización de ocho nuevos héroes de nuestra pelota para pedir públicamente a la directiva del Museo del Beisbol que reconsidere la posibilidad de devolver al Comité Contemporáneo a un importante grupo de peloteros que fueron eliminados en las primeras votaciones, debido a las reglas de entonces, pero que desarrollaron carreras que merecen el homenaje de ser evaluados según las reglas actuales: Ubaldo Heredia, Raúl Pérez Tovar, Manuel Sarmiento, Juan Francisco Monasterios, Luis Mercedes Sánchez, Omar Bencomo, Ángel Hernández, William Magallanes, Fred Manrique, Carlos “Café” Martínez, Antonio Castillo, Álvaro Espinoza, Carlos García, Robert Marcano, Carlos Quintana, Ramón García, Pablo Torrealba y Porfirio Altamirano consiguieron grandes temporadas en Venezuela.

Ellos también nos dejaron recuerdos entrañables que merecen, al menos, ese pequeño homenaje.

Publicado en El Nacional, el domingo 26 de septiembre de 2009.

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