El proyecto Panda

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El venezolano Pablo Sandoval ha seguido un duro régimen para rebajar de peso


Si Barry Zito pudiera ver a Pablo Sandoval hoy, comprobaría que la realidad imita a la ficción.

El lanzador zurdo de los Gigantes de San Francisco hizo célebre a su joven compañero en los pasados entrenamientos primaverales, cuando bautizó al infielder venezolano con un inolvidable sobrenombre: Kung Fu Panda.

Aquel prospecto no podía imaginar que menos de un año después se convertiría en un émulo del personaje animado, al tener que dedicar buena parte de su tiempo a agotadoras sesiones de acondicionamiento físico, antes y después de cada juego.

Sandoval es sujeto de un proyecto de los Gigantes que busca hacerle llegar a los campos de entrenamiento en tan buena forma, que pueda convertirse en la más chispeante bujía en la bahía de San Francisco desde los tiempos de Barry Bonds y Jeff Kent.

Bajo la supervisión de su hermano Michael Sandoval y su compatriota José Alguacil, instructor de infielders de los californianos y coach de los Navegantes del Magallanes, el equipo del slugger, los Gigantes están a punto de culminar un proceso que empezó al terminar la campaña de Grandes Ligas y cuyo objetivo es reducir el peso del nuevo Kung Fu Panda, dotándole de mayor agilidad, al costo, incluso, del sufrimiento.

Sandoval se sumó al Magallanes en noviembre, con la ilusión de compartir con la afición de su estado natal, Carabobo, el éxito que le convirtió en uno de los grandeligas más excitantes de 2009.

El resultado ha sido paradójico: mientras el toletero derecho entretuvo a la fanaticada con batazos de todos los tamaños, su dieta cambió tan drásticamente como sus costumbres.

Sandoval se presentó a cada encuentro antes que sus compañeros, para montarse en la bicicleta estacionaria durante media hora, cada día. Dos o tres veces por semana, cumplió un circuito de pesas que podía durar hasta 45 minutos. Y después del out 27, en lugar de relajarse, tuvo que volver a subirse a la bicicleta, para ejercitarse durante otros 30 minutos, antes de cenar e irse a dormir.

Se diría que no es fácil ser grandeliga. No importa si se es un pelotero que en su primer año completo en las mayores bateó para .330 de promedio, con 25 jonrones, 90 empujadas, un promedio de embasamiento de .387 y .556 de slugging, jugando la mitad de sus encuentros en un parque benevolente con los lanzadores y sin mayores apoyos ofensivos en el lineup.

Un esfuerzo en Navidad
«Pablo es de contextura gruesa», afirmó su hermano Michael, un ex antesalista de los Leones del Caracas y de los Tigres de Aragua, que aún juega en la Atlantic League y ha tomado como un desafío personal el plan de acondicionamiento del benjamín de la familia. «Está en excelentes condiciones. Sus músculos son muy duros. La barriga, la espalda, todo es duro. Pero por eso, no le es fácil rebajar».

El «Panda» se despidió el lunes de sus seguidores, en un repleto estadio Universitario. Pesaba un poco menos de 263 libras, con el objetivo de reportarse en febrero con un peso entre 255 y 260 libras. Su proceso de acondicionamiento seguirá ahora en Arizona.

«Menos mal que no me gustan las hallacas», señaló Sandoval con una sonrisa, refiriéndose al plato típico de su país en la Navidad, un preparado multicalórico culpable del sobrepeso de millones de venezolanos al cabo de cada diciembre. «Me dejaron comer pernil el 31, pero era el único día que podía salirme de la dieta. Es por ese régimen que vine a jugar en esta pelota».

El slugger de los Gigantes dio pruebas con el bate de su buena forma física. En los 10 juegos que disputó en la postemporada con los Navegantes, lideró el circuito con .477 de average, 12 anotadas, 21 hits, 5 dobles, 5 jonrones, 11 impulsadas, 41 bases alcanzadas y 10 extrabases, con .500 de promedio de embasado y .932 de slugging, también cifras tope.

«El programa de acondicionamiento tiene mucho que ver», agregó Sandoval. «Me canso menos. Tengo más agilidad. Me muevo mejor en tercera base. Corro bien las bases. Me concentro mejor al batear. Todo el mundo debería hacerlo».

Alguacil promete que lo más duro vendrá ahora. El coach ha trabajado en la defensa de «Pandoval», como gustan llamarle en Venezuela, y supervisa el trabajo de los hermanos, que deberá redoblarse conforme se acercan los campos de entrenamientos de primavera.

«Los viajes lo han hecho más difícil», relató el instructor. «En casa siempre llegábamos a trabajar en el terreno. Ha habido momentos donde hemos sido más estrictos, momentos en que he debido pedirle la milla extra, pero siempre es por su beneficio. Él es disciplinado. Sabe lo que quiere, aunque es un chamo joven, con apenas 23 años de edad».

La llegada de Mark DeRosa tendrá un impacto en el nativo de Puerto Cabello, quien posiblemente deberá mudarse de posición. Mejor. Alguacil asegura que su pupilo «es un primera base por arriba del promedio, a pesar del alcance», aunque el pelotero deja en manos de sus superiores la diatriba en cuanto a si deberá jugar en la inicial o en la antesala, que fue su posición de 2009.

«Las dos esquinas me gustan lo mismo», proclamó. «Yo lo que quiero es estar todos los días en el lineup».

Va a estarlo. Un bate como el suyo no puede quedarse en la banca. Mucho menos ahora, que Kung Fu Panda está casi listo para emprender una nueva batalla en defensa de Barry Zito y el resto de los lanzadores de los Gigantes.

Publicado en ESPNdeportes.com, el martes 12 de enero de 2010.

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Ignacio Serrano
Ignacio Serranohttps://elemergente.com/
Soy periodista y actor, y escribo sobre beisbol desde 1985. Durante 33 años fui pasante, reportero y columnista en El Nacional, ESPN y MLB.com, y ahora dirijo ElEmergente.com. También soy comentarista en el circuito radial de Cardenales de Lara y Televen. Premios Antonio Arráiz, Otero Vizcarrondo y Nacional de Periodismo.

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