El Emergente

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El cambio entre Aragua y La Guaira

¿Qué significa el pacto entre los Tigres y los Tiburones, que envió a Luis Rodríguez al litoral? Es un movimiento que encierra muchas consecuencias para los bengalíes

Ha sido una semana inusualmente movida en el beisbol profesional venezolano, en una época en la que el spring training suele copar el espacio redaccional.

En apenas cinco días, sucedieron noticias de impacto decisivo en más de la mitad de los equipos: Caribes, con la renovación de su directiva y el despido del manager Omar Malavé; Tiburones, con la decisión de Carlos Subero de continuar como piloto; Leones, con el regreso al comando de Dave Hudgens, para lo que sólo falta el anuncio oficial; Cardenales, con la contratación del veterano estratega John Tamargo; y Tigres, con el cambio de Luis Rodríguez por Luis Hernández, una transacción que sugiere mucho más que un mero negocio.

Es tanto, que le dedicaremos las columnas de hoy y mañana.

Rodríguez era un líder bengalí. A cambio de él, Aragua recibió a otro infielder y bateador ambidiestro con experiencia de grandes ligas. Ambos tienen sólida defensa, aunque el cojedeño posee mejor ofensiva y fue campeón bate en la 2005-2006. Por ello, su salida obliga a hacer varias lecturas.

La gerencia dijo que “se terminó un ciclo” y que Hernández “podrá ser el shortstop de todos los días desde el primer juego, para moverse a segunda cuando llegue Ronny Cedeño”. Son argumentos válidos.

Pero había molestia con la actitud de algunos durante la eliminación y Rodríguez es uno de quienes últimamente criticó en público al manager Buddy Bailey, lo que es también criticar indirectamente a la oficina y una forma de indisciplina.

No ha sido el único, y por ello vendrán movimientos importantes en Maracay. Nos lo han confirmado.

Es un paralelismo con lo sucedido a partir de la campaña 2001-2002, cuando el alto mando sintió que los peloteros habían cruzado una raya, al imponer quién debía ser el piloto y alejarse de la disciplina con palabras y hechos.

Los Tigres fueron saliendo entonces, uno por uno, de peloteros de nombradía, algunos protagonistas de la primera de esas siete finales consecutivas: Roberto Zambrano, Wiklenman González, Richard Garcés, Juan Rivera, Oscar Salazar.

Esas transacciones reportaron jugadores que aportaron decisivamente en las siguientes cinco coronas rayadas: Horacio Estrada, Víctor Moreno, Ramón Castro, Cedeño y el propio Rodríguez, entre ellos.

En algunos casos, la directiva hasta prefirió salir de figuras a cambio de nada, como no fuera orden en el clubhouse; lo prueba González, a quien dejaron cesante.

Aragua todavía no decide si Buddy Bailey regresa como timonel. Hay razones de sobra para pensar que el estadounidense merece el cargo, comenzando por el hecho de que sólo Regino Otero ha ganado más títulos que él en la historia del circuito.

Una eliminación en ocho años palidece ante siete clasificaciones, siete finales, cinco coronas nacionales y una en la Serie del Caribe. El problema es que, con la eliminación, parecen haber aflorado las diferencias de estilo —que las hay— entre la oficina y el estratega.

No todo ha sido sonrisas entre las partes en este tiempo. Por primera vez, pesaron más sus modos que su éxito y su necesaria disciplina.

Nos han dicho que hay “50 por ciento de posibilidades de que regrese y 50 por ciento de que no”. También, que el elegido será importado, lo que descarta nuevamente el rumor de Eduardo Pérez.

Ya antes ha habido dudas con Bailey y siempre ha retornado, aunque esta vez ya hubo contactos con otros técnicos. En todo caso, los Tigres parecen determinados a renovarse, como en 2002. Saben por propia experiencia que eso se puede combinar con el éxito, aunque les irá la vida en saber hacer los cambios, como pasó ocho años atrás.

De lo contrario, será el fin de la dinastía.

Publicado en El Nacional, el domingo 28 de marzo de 2010.

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