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De las palabras a los hechos

Johan Santana dijo ser el pitcher número uno en el este de la Nacional. Es tiempo de demostrarlo


¿Para qué habló Johan Santana?

¿Habló por amor propio? ¿Para reafirmarse en su determinación de superar una mala temporada? ¿Falta de atención ante la pregunta intencionada de un reportero?

El zurdo venezolano exclamó en febrero, en el campamento de los Mets, que es el mejor abridor en el este de la Liga Nacional.

La afirmación no habría generado discusión, de haber sido pronunciada 12 meses antes.

Santana ha sido la gran figura de la división oriental desde que fue adquirido por los metropolitanos, hace dos inviernos. Pero algo cambió, y ese detalle, unido a las palabras del merideño, promete hacer de 2010 una temporada con morbo para los seguidores del laureado suramericano.

El detalle es Roy Halladay.

Halladay, como Santana, ha ganado el Cy Young. Y, como él, lo obtuvo en la mucho más competitiva Liga Americana, en 2003.

El derecho proveniente de los Azulejos ha sido uno de los iniciadores más eficaces, consistentes y de largo aliento en la última década. Y lo ha hecho ante los rivales más formidables, en una división que cuenta con algunos de los mejores bates de las grandes ligas.

Halladay tiene, durante su carrera, marca de 18-6 con 2.84 de efectividad y 1.11 de promedio de corredores embasados por inning ante los poderosos Yanquis, actuales campeones mundiales.

Tiene de por vida un WHIP de 1.20, a pesar de haber jugado mayormente en estadios proclives a la ofensiva.

Acumula 49 juegos completos y 15 blanqueos, una rareza en estos tiempos.

Poncha a casi un hombre por inning, abanica a seis rivales por cada base por bola que concede, ha permitido menos de un jonrón por cada nueve entradas lanzadas.

Y ahora le toca visitar parques espaciosos, como el Citi Field y el Dolphin Stadium, y medirse a la discreta ofensiva de los Nacionales o los Mets, con el respaldo del único lineup que ha ganado la Liga Nacional dos veces consecutivas desde los Bravos de 1995-1996.

¿Para qué, entonces, habló Santana, creando de este modo una carrera distinta a la lucha por el banderín, una carrera personal e innecesaria con Halladay?

Posiblemente para enviar un mensaje a sus compañeros, a la prensa de Nueva York, a los aficionados de su equipo y a sí mismo, diciendo: el “Gocho” está de vuelta.

El nativo de Tovar no ha sido con los Mets el as infranqueable que fue con los Mellizos, con quienes ganó el Cy Young en 2004 y 2006 (y con quienes debió también ganar la distinción en 2005, si nos atenemos a lo sucedido en 2009 con Zack Greinke y Tim Lincecum).

Su primer año en la Gran Manzana fue mejor de lo que su balance de ganados y perdidos señaló, pero la lesión en el codo, que hace meses le llevó al quirófano, hizo que su última campaña supiera a poco.

Quizás el sereno desafío de aquel 19 de febrero fuera el modo de obligarse a sí mismo a ser nuevamente el número uno.

“Ahora soy capaz de tirar mi recta sin problemas, de hacer pitcheos quebrados y lanzar el cambio sin sentir dolor en la espalda o el codo”, arguyó. “Cuando cumplí 30 años de edad, me dije: ‘Realmente estoy poniéndome viejo’. Pero ahora, que voy para 31, me siento dos años más joven. El alivio de saber que mi brazo está sano me hace sentir así”.

Un Santana saludable, capaz de usar más el slider, es casi un regreso al tiempo en que fue el número uno del beisbol. Muy pronto lo sabremos. La carrera recién empieza.

Que lo sepa Roy Halladay.

Publicado en la revista Beisbol Mundial, en Nueva York, en abril de 2010.

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