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El Cy Young de Maracaibo comió con un buen tenedor

Compañeros y rivales recuerdan al gran Carrao Bracho. El pitcher con más victorias en el beisbol profesional venezolano murió este jueves, pero dejó honda huella

Una de las primeras cosas que Oswaldo Olivares notó en el Carrao Bracho fueron sus manos. “Eran enormes”, recordó este jueves. “No jugué con él, pero cuando lo conocí, me fijé de inmediato. Tenía las manos grandísimas”.

Esa característica que atisbó Olivares es, probablemente, el motivo principal por el que el lanzador, nacido José de la Trinidad Bracho, terminó con una estatuilla en el Salón de la Fama del beisbol venezolano, muy cerca de donde está la del propio Gago, tan inmortal como él.

El tamaño de las manos le permitió al Carrao convertirse en un maestro de la tenedor, esa recta que se tira con los dedos separados, incrustando la pelota entre los dedos índice y medio, y que se hunde repentinamente cuando llega al home.

“El tenedor lo lanzaba cuando uno estaba ahogado”, rememoró Teodoro Obregón, melancólico ante la noticia de la muerte del gran zuliano, el pitcher con más victorias en la historia del beisbol profesional local. “Tú sabías que lo lanzaría, veías la pelota allí y sentías que debías hacerle swing. Y entonces la pelota se enterraba”.

Ese tenedor fue la marca de nacimiento, el pitcheo que dio de comer a Bracho durante 23 temporadas aquí.

“Esa pelota bailaba”, apuntó Dámaso Blanco, quien no recuerda el día en que le dio al menos un hit al curtido marabino. “Era como una recta que se caía, pero a veces parecía un knuckleball. Él la llamaba ‘la tenaza’. Siempre decía que a tal bateador le salían sus tenazas”.

“Ese forkball era tremendo, tremendo”, terció Luis Peñalver, compañero del Carrao en los tiempos del Oriente y Orientales, a comienzos de los años 60, y otro cultor del tenedor. “Yo aprendí la mía en una revista. No sé dónde aprendió a tirarla él, pero en eso era el mejor”.

Dice la leyenda que Bracho nunca llegó a las grandes ligas debido a su miedo por los aviones. El periodista Chichí Hurtado lo certifica.

“Por aquellos años”, relató Hurtado, “lo elegimos Atleta del Año en el Círculo de Periodistas Deportivos y Abelardo Raidi me mandó a buscarlo a Maracaibo, para traerlo a Caracas y tenerlo en la premiación. Cuando le dije que nos íbamos al aeropuerto, se negó. ‘Me da los reales, que me voy en autobús’, me dijo. Me vine solo en el vuelo y, cuando llegué y me preguntaron, les respondí que tendrían que buscarle en el Nuevo Circo. Y por tierra llegó”.

Blanco y Obregón confiesan la admiración que sentían por el monticulista, un verdadero Cy Young de Maracaibo. Ambos le tenían entre sus ídolos de la infancia, aunque no por ello contenían la molestia ante la seguridad del lanzador, a la hora de enfrentarle.

“Si me salía de la caja a buscar concentración, me decía: ‘Batea, Machucón, que te voy a tirar recta’. Y se reía”, señaló Blanco. “Cómo me irritaba. Pero era un ganador. Aprendí de él, de Pompeyo (Davalillo), de los peloteros de aquella generación, que lo único importante en este juego era ganar”.

 La cifra:
9

El Carrao Bracho actuó con nueve equipos en Venezuela: Cervecería, Leones, Oriente, Orientales, Magallanes, Industriales, Tiburones, Cardenales y Águilas. Es otra marca, junto a sus 109 victorias en nuestro beisbol profesional

Tristeza

La muerte del Carrao Bracho causó especial tristeza entre sus ex compañeros y rivales, por las circunstancias que rodearon sus últimos años.

“Él era muy cohibido”, recordó Luis Peñalver.

“Tenía tiempo enfermo y se encerró en su casa”, agregó Teodoro Obregón.

Dámaso Blanco recordó las vicisitudes económicas que han pasado leyendas, como Carrao y Guillermo Vento.

“Quisiera dar las condolencias a sus familiares”, apuntó Obregón. “Fuimos rivales, pero buenos amigos. Y fue uno de los grandes de este beisbol”.

Publicado en El Nacional, el viernes 17 de junio de 2011.

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