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Sabermetría y el beisbol del Caribe

Billy Beane

“La sabermetría no aplica en el beisbol invernal”.

Ese, más o menos, fue el argumento de algunos lectores con quienes debatimos a través de Twitter, tras publicar algunos comentarios sobre el promedio de embasado y su importancia definitiva en la producción de carreras.

¿Hay algo de cierto en eso?

Después de todo, quienes defendemos el empleo del nuevo análisis como herramienta de uso diario solemos afirmar que muchos preceptos de la sabermetría no aplican en torneos muy cortos, porque se pierde la repetición constante que, gracias a la longitud de un calendario de 162 partidos, permite jugar con las probabilidades en las grandes ligas.

Eso explica por qué los Atléticos de Billy Beane ganaban una y otra vez en la fase regular, pero perdían en los playoffs. ¿Acaso el librito que se usa en el Caribe no admite veleidades modernistas?

La respuesta es sí.

Muchas cosas pueden aplicarse a la pelota invernal, apelando a la lógica de la escuela pergeñada por Bill James.

Un lineup correctamente elaborado es un lineup sabermétrico. Aunque parezca una obviedad.

Olviden los averages de .300, la habilidad para hacer bateo y corrido o la capacidad robadora. En lo alto del lineup deben alinear quienes más se embasen, en el medio los jugadores con mayor slugging y por último los toleteros más débiles. Si aquellos que más se embasan también son rápidos, mejor. Pero el requisito fundamental para ocupar un sitio en el primer tercio del orden es el OBP.

Cuando eso ocurre, se elimina aquello de que cuarto bate sólo es cuarto bate una vez, y eso si alguien se embasa en el primer inning y le da la oportunidad de ir al home con gente en circulación. Si quienes batean antes del cuarto palo suelen sumar boletos, no sólo hits, los miembros de más poder en la novena conseguirán siempre una alta cantidad de corredores en las almohadillas.

¿Qué muchos ya piensan así, siendo “tradicionalistas”? Pues bien, reconozcan al sabermétrico que todos llevamos por dentro, algunos sin notarlo.

Mientras más bateadores con buen OBP tenga un equipo, mejor.

Luis Ávila, presidente del Caracas, lo explica así: “Prefiero un bateador que tome un boleto con 10 pitcheos que otro que dé hit al primer lanzamiento. Los pitcheos son un recurso no renovable, mucho más en esta liga, donde raramente los abridores hacen más de 90 envíos. No tiene precio un bateador que agote la octava parte del trabajo de un pitcher en un solo turno”.

Construir una escuadra sobre paleadores pacientes tiene muchos beneficios adicionales, además de ése y además de poner más gente en circulación, aumentando la posibilidad de anotar; también sirve para extenuar el bullpen contrario, que al tercero o cuarto día de tal ración debería dar muestras de cansancio.

Sí, todo parece obvio. Como tocar la bola y sacrificar al tercero o al cuarto bate, todo un desperdicio, porque si hay alguien capaz de traer al hombre de primera con un doble, en vez de simplemente moverlo a la intermedia, es precisamente el tercero y el cuarto bates.

Y eso sin entrar al juego de probabilidades que citábamos hace un par de semanas.

Hasta en torneos cortos hay herramientas que permiten anticiparse a una sequía ofensiva: un bateador que no tome boletos, como Adonis García, sufrirá más que otro cuando le llegue el inevitable slump, porque su producción depende exclusivamente de las pelotas puestas en juego, es decir, del BABIP.

El mismo BABIP permite vaticinar el desplome de una ofensiva, tarde o temprano, si sobresale exageradamente sobre la media de la liga.

Puede que alguna de esas cosas parezca de Perogrullo. Y realmente es así. Porque la sabermetría es, básicamente, la aplicación de la lógica.

Incluso en el Caribe.

Publicado en El Nacional, el domingo 6 de noviembre de 2011.

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