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La vuelta en U de los Tiburones de La Guaira

Carlos Subero (izquierda) y Marco Davalillo

Ningún equipo ha cambiado más en el último año que los Tiburones.

Hace 12 meses, sus integrantes no sólo estaban sentados frente al televisor, viendo a otros equipos jugar la final; lo hacían, además, mientras restañaban las heridas de una temporada difícil, un campeonato en el que los seguidores del equipo manifestaron su molestia con fuerza y a veces hasta la injusticia.

Entre octubre y noviembre de 2010 ocurrió la peor crisis, con el despido del manager Carlos Subero, el nombramiento y posterior remoción de Phil Regan y, finalmente, con la llegada al cargo de Marco Davalillo.

Allí pareciera haber comenzado la vuelta en U, en medio del peor momento de la franquicia desde la tristísima desaparición, en un lapso de dos años, de la mayoría de los integrantes de la familia Padrón, justo cuando parecía que los Tiburones de La Guaira estaban a punto de volver a ser los Tiburones de La Guaira.

(Pedro Padrón Panza, su esposa Nelly, su hijo Peruchito y su nieto Pedro Antonio, Peruchinchín, fallecieron todos entre 1998 y 1999, sumergiendo a la franquicia en el dolor y la confusión.)

No fue Davalillo, sin embargo, el arquitecto de esta feliz campaña, ni lo fue la designación de Jorge Velandia como gerente deportivo y llave de Francisco Cartaya, el hombre fuerte en el desarrollo de peloteros.

Cartaya, Davalillo e incluso Velandia, cuando aún era pelotero activo, fueron parte del plan original, ese que Subero propuso hace un lustro y que la directiva compró.

Esto que ha ocurrido en la 2011-2012 es tanto el sueño de Subero como en algún momento lo fue de la familia Padrón: recuperar el orgullo de ser guairista, para decirlo con las palabras del ex piloto; formar una sólida generación de relevo integrada por criollos, replicar la Guerrilla, sino en los modos, porque aquella ganaba con pitcheo y defensa, sí en el concepto: los importados y los veteranos deben ser el complemento al material forjado por la divisa.

En el peor momento, cuando Francisco Arocha, Antonio José Herrera y el resto de la directiva apostaron por Regan y el corto plazo, pareció que se perdía el proyecto. Pero a las pocas semanas retomaron el rumbo.

“Hemos tenido mucha suerte de contar con Davalillo”, nos dijo un alto ejecutivo litoralense. Porque el técnico tiene la filosofía por la que antes habían apostado.

El último lugar de la 2010-2011 fue un hiato, una pausa en el camino que debía conducir al éxito.

La Guaira tiene hoy dos equipos en la Liga de Desarrollo y una corona en ese circuito, obtenida en diciembre pasado. Sus jóvenes empiezan a asumir roles protagónicos en el equipo grande y la afición sueña con otra era de grandeza.

Sí es posible. Y lo es, porque aquella vuelta en U en realidad comenzó hace cinco años, cuando la escuadra apostó a que sí era posible esto que está ocurriendo hoy.

Publicado en El Nacional, el sábado 28 de enero de 2012.

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