El Emergente

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El emergente: La amistad entre Dionisio y Domingo Carrasquel

La lucha por los peloteros de antaño para lograr una vida mejor

BARQUISIMETO

Domingo Carrasquel atendió el teléfono y escuchó con
preocupación la voz que llegaba por el auricular.

Era la esposa de Dionisio
Acosta, su amigo de tantos años y compañero de aventuras en el beisbol
profesional: “Domingo, Dionisio quiere hablar contigo”.

Carrasquel tuvo un mal
presentimiento. El antiguo receptor de 83 años de edad había batallado con su salud
por largo tiempo.

“Domingo, estoy muy mal”, le dijo Acosta. Y se despidió de él. “Esa noche me llamaron para decirme que había muerto”.

La congoja le tiembla en
los ojos al ex infielder, nacido en Caracas hace 75 años, mientras rememora los
últimos momentos de la persona a quien ayudó a construir la Asociación de
Peloteros, el proyecto que fue, hasta los años 80, un sólido sindicato que luchó
por las condiciones de los jugadores. Y aunque el presente de la asociación
sugiera lo contrario, aquel esfuerzo que comenzó en los años 60 fructificó.

“Por entonces, un pelotero podía ganar, máximo, 2.000
bolívares mensuales”, recordó Carrasquel. “Lo normal era 400, 600. No había
viático. Cuando jugué con el Caracas (entre 1960 y 1965) el ‘Loro’ Jacinto
Betancourt llegaba con una caja de cartón y varios panes de locha, con una
lonjita de jamón y una lonjita de queso. A los regulares les daba un pan y un
cuartico de leche Silsa. A los suplentes no les daba nada”.

Eran tiempos muy
diferentes. “Hoy los equipos viajan en dos autobuses muy grandes. Nosotros no. Manuel
Mendible tenía carro y el negro (Oscar) Prieto le pasaba algo. Allí nos
montábamos cinco peloteros: Vitico (Davalillo), César Tovar, yo, y así nos íbamos a
Maracay o Valencia”.

Asopeloteros estaba dirigida por Juan Antonio Yanes,
otrora propietario de los Patriotas del Venezuela, una de las franquicias
fundadoras de la LVBP.

“Cuando Yanesito vendió el equipo, formó la asociación.
Pero había necesidades. Muchos buenos jugadores preferían el beisbol doble A,
porque les daban un buen empleo en el MOP o el INOS para todo el año. Cuando decidimos entrar a
la asociación, para darle un nuevo impulso, teníamos todo listo y nos dijeron
que legalmente no podríamos. Así que le agregamos la palabra ‘Única’ y sacamos un
nuevo sindicato: Asociación ‘Única’ de Peloteros Profesionales de Venezuela”.
Carrasquel ríe, como si contara una travesura.

Pelayo Chacón fue el primer presidente de la AUPPV. “Por eso
lo dejaron sin contrato, no jugó más”, lamentó Carrasquel. “Los dueños eran así.
Luego nombramos a su hermano Elio. Dionisio sería presidente después. Cuando pedimos
que nos dieran viáticos, nos dijeron que no. Amenazamos con no jugar y el Negro
Prieto dijo algo que me dolió: ‘Si no juegan, se mueren de hambre’. Nos unimos para
ir a la huelga y finalmente nos ofrecieron 10 bolívares diarios, en vez de los 20
que exigíamos. ‘Dionisio, vamos a aceptar’, le dije. ‘Ya logramos que nos
pagaran algo. El año próximo les pedimos 40’. Con el tiempo, logramos que
también le dieran viático a los cuidacuartos y los otros empleados”.

Asopeloteros se consolidó a partir de allí y creció hasta dar seguridad social
a sus agremiados, antes de languidecer con el retiro de sus fundadores.

“Los
peloteros hoy ganan muy bien. Los sueldos son otros. A nosotros nos dan una pensión
de 300 bolívares cada tres meses y a veces se retrasan en pagarla”, lamentó
Carrasquel. Pero tiene la tranquilidad de haber puesto de su parte junto a su amigo
Dionisio y tantos otros, para cambiar aquella realidad. “Mi mamá siempre me
dijo: ‘enamórese de 20 mujeres, pero nunca se enamore del dinero. Si se enamora
del dinero, va a vender hasta a su propia madre’. Mi mamá era una santa. Una
mujer especial”.


Publicado en El Nacional, el domingo 27 de enero de 2013.

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