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El Emergente: De Lou Gerigh a “Pipita” Leal

Un grande
del beisbol venezolano se marchó en silencio, a los 91 años de edad

Todos
tenemos alguna leyenda de nuestros tiempos infantiles. Una historia que sólo es
cierta en los juguetones recovecos de la memoria.

Humberto
Leal es el protagonista de una de esas fábulas de los tiempos en que vivíamos
el beisbol las 16 horas del día que pasábamos despiertos, siguiendo a sus
protagonistas y soñando con ser uno de ellos.
Por alguna
conversación con los hermanos José y Adolfo Salgueiro, a finales de la década
de los 70, nos quedó la idea de que a Leal le había ocurrido con Luis
“Camaleón” García lo mismo que a Wally Pipp con el inmortal Lou Gehrig. Todo
cuadraba. Incluso el hecho de que al zuliano, nacido hace 91 años, le apodaran
“Pipita”.
Así pasamos
las últimas décadas, recordando al marabino cada vez que alguien citaba al
Caballo de Hierro de los Yanquis.
Gerigh era
un joven poco conocido, la tarde en que Pipp se quedó en la banca por una
afección física y perdió su trabajo. Corría 1925.
Gehrig fue
alineado en la inicial, en lugar de su compañero, e inició la seguidilla más
sorprendente que conoció el beisbol antes de Cal Ripken Jr. Durante 2.130
juegos en fila estuvo en la primera base de los neoyorquinos. Pipp terminó en
Cincinnati, un año después.
Algo
parecido ocurrió en Venezuela cuando Leal pertenecía al Magallanes. El 17 de
noviembre de 1949 —y el historiador Javier González cita la fecha con asombrosa
rapidez— “Pipita” se lesionó y “Camaleón”, por entonces un prospecto de los
turcos, salió a defender la antesala de la nave.


Fue el
comienzo de otra leyenda. García disputó cada choque de los eléctricos a partir
de esa fecha, en una seguidilla de 342 encuentros que no tenía precedentes en
la por entonces naciente LVBP.
Tanto
brilló el toletero derecho, que su número fue retirado por los azules y ganó un
lugar tanto en el Salón de la
Fama
del Beisbol Venezolano como en el panteón de los
inmortales magallaneros.
“Pero la
historia no fue así”, advirtió González, que ha hecho de la investigación de
nuestra pelota su vida y su pasión. “A ‘Pipita’ lo llamaban así en Maracaibo.
Su papá le puso el apodo”.
El gran
“Pipita” Leal murió el fin de semana, en Caracas.
El grueso
de la afición posiblemente no se haya enterado, porque los medios dedicaron muy
poco espacio a la noticia y porque en estos tiempos de súper estrellas son casi
desconocidas aquellas leyendas que no pasaron por las grandes ligas.
Es una
lástima, porque merecen ser celebrados como los responsables de que el beisbol
se haya convertido en el deporte nacional y en el primer amor de tantos de
nosotros.
No fue un
astro indiscutido, como el “Chico” Carrasquel o el propio “Camaleón”. De hecho,
jugó relativamente poco, para el estatus que llegó a alcanzar en las crónicas
de nuestra pelota. Acaso si fue regular en la campaña 1948-1949, con
Magallanes, justo antes de que García insurgiera como la principal referencia
histórica de la organización.
Nació el 17
de febrero de 1922 y defendió también a los Patriotas del Venezuela y los
Leones del Caracas, hasta 1955. Vio acción en la primera división, en la
desaparecida Liga Profesional Zuliana y en la también extinta Liga Centro
Occidental.
En varios
pasajes de su carrera, antes y después de la LVBP, perteneció al Gavilanes, Cervecería,
Espadón, a los Sabios del Vargas. Apenas hay registros de sus números. Acaso
que bateó para .219 y que su único jonrón fue, curiosamente, en su primera
temporada profesional, en 1946.
Dicen que
participó en el primer tripleplay realizado en la liga y por siempre estará en
nuestro corazón como un recuerdo entrañable, aunque no sea cierta esa relación
con Wally Pipp que forjamos en nuestra infancia.
Publicado en El Nacional, el miércoles 6 de marzo de 2013.

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