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El Emergente. ¿Qué traerá el escándalo de Biogénesis?

El último
caso de dopaje en las grandes ligas es, por ahora, mucho humo y poco incendio,
mientras no surjan las pruebas, aunque ratifica el relativamente novedoso deseo
de la MLB de combatir este flagelo

El escándalo
por dopaje del laboratorio Biogénesis, que salpica a Venezuela a través de dos
de sus bigleaguers, parece un caso más complejo que aquellos que antes
mancharon la gran carpa.

Los
antecedentes más cercanos pudieran ser los casos del laboratorio BALCO, en San
Francisco, y Signature Pharmacy, en Orlando, la década pasada.
Ambos también
involucraron nombres señeros.
Barry
Bonds, Jason Giambi, la atleta olímpica Marion Jones y otros muchos se doparon sistemáticamente
con la ayuda de BALCO, como quedó comprobado (de todos los implicados, Bonds
fue el único que aseguró haberse dopado sin saberlo, bajo supuesto engaño, por
lo que posteriormente fue condenado por obstrucción a la justicia).
Troy Glaus,
Rick Ankiel, Jay Gibbons y Gary Matthews Jr. fueron los peloteros más reconocibles
en la investigación de Signature Pharmacy, que también involucró a una clínica similar
a Biogénesis, el Centro de Salud y Rejuvenecimiento de Palm Beach.

Hay una
diferencia crucial en esta oportunidad, una diferencia que no debe dejarse a un
lado, en respeto al derecho de toda persona a ser considerada inocente hasta
que se compruebe lo contrario.
Tony Bosch,
director de Biogénesis, ha decidido colaborar con la investigación de las
grandes ligas y va a declarar contra sus antiguos clientes, para evitar una
demanda multimillonaria.
Una
veintena de nombres ha surgido desde que en febrero el diario Miami New Times destapara el escándalo,
entre ellos los carabobeños Jesús Montero y Francisco Cervelli, quienes de
inmediato negaron haber adquirido sustancias dopantes.
La
aparición de Alex Rodríguez y Ryan Braun entre los sospechosos dio un giro
crucial al asunto, por su estatus y porque ya en el pasado dieron positivo por
dopaje.
A-Rod, el
jugador mejor pagado de todos los tiempos, admitió consumir esteroides a su
paso por los Rangers, hace una década, y Braun se libró de una suspensión
cuando, hace poco más de un año, un árbitro independiente decidió que hubo
fallos en la cadena de custodia de la muestra de orina (fallos que, de acuerdo
con las máximas autoridades en la lucha antidóping del movimiento olímpico estadounidense,
no comprometían el resultado final del examen, aunque eso fue suficiente para
que el árbitro absolviera al patrullero).
En esta
ocasión, y a falta de ver cómo evoluciona la investigación que lleva a cabo la
oficina del comisionado Bud Selig, sólo están la palabra de Bosch y lo revelado
por el New Times.
Sin pruebas
contundentes, habrá que dar el beneficio de la duda a los peloteros.
ESPN.com aseguró, citando fuentes de las mayores, que
Selig se dispone a suspender a una veintena de grandeligas sobre la base de lo
que diga Bosch, pero es de prever que un árbitro independiente volverá a fallar
en contra de la MLB. Para probar un crimen no basta con la declaración de un
testigo; también es necesaria una pistola humeante.
Sirva este
complejo caso para recordar la razón primera de la lucha contra el dopaje: más
que combatir la trampa, que también importa, lo capital es proteger la salud de
los deportistas.
No es ético
dejar que se conviertan en gladiadores, que arriesguen su cuerpo para ganar nuestros
aplausos y su salario.
También
sirve para recordar que la Era de los Esteroides no ha terminado, sino que ha
evolucionado. La brutal confesión del ciclista Lance Armstrong, meses atrás, es
la principal demostración de que es posible doparse sistemáticamente durante
años, sin ser descubierto.
Lo único auspicioso
en este nuevo escándalo es que, al menos, la gran carpa parece dispuesta a
plantar cara contra este flagelo. Eso sí, que exponga las pruebas.
Publicado en El Nacional, el jueves 6 de junio de 2013.

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