El Emergente

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El Emergente. El epílogo de A-Rod

Alex Rodríguez promete pelear su caso ante las grandes ligas y, ahora también, la Unión de Peloteros. Este gris final de carrera contrasta con el enorme talento que alguna vez exhibió
Poco antes de comenzar la temporada 2004 en las grandes ligas, recién adquirido por los Yanquis, alguien preguntó a Alex Rodríguez sobre Derek Jeter, su nuevo compañero, shortstop como él y capitán de los bombarderos. 

Eran amigos de juventud. Junto a Manny Ramírez, los peloteros mejor pagados de entonces. Rodríguez ponderó las habilidades de Jeter, pero subrayó que había una diferencia crucial: él tenía más poder, daba más jonrones. Era más completo. Por eso, se justificaba su mayor salario. 

Dicho por terceros, la idea se habría diluido entre tantas expresiones que se leen o escuchan en los medios. Dicho por A-Rod, resultó una afrenta, una innecesaria forma de marcar diferencias. 

Sí, Rodríguez valía mucho más que su colega, porque no ha existido otro torpedero que, habiendo ganado el Guante de Oro, también haya dado 57 jonrones en la misma temporada. 

El poder está reñido con la agilidad y el alcance necesarios para defender esa posición, salvo que se consuman sustancias que mejoren artificialmente el rendimiento deportivo o se carezca de una defensa superlativa. El quisqueyano admitiría luego que esos 57 vuelacercas, así como los 52 del año antes y los 47 del año después, fueron ayudados por los esteroides. 

La relación con Jeter se deterioró. Terminó aquella amistad, inmolada en el altar donde el pelotero más rico de todos los tiempos hace sacrificios en honor a su personalidad.
Los meses que están por venir serán muy movidos para este dominicano nacido en Nueva York. ¿Cómo terminará su historia? 

Sus abogados ya introdujeron una demanda en contra de las grandes ligas y la Unión de Peloteros, y es de creer que se presentará en los entrenamientos primaverales. A-Rod ha demostrado durante años que tiene piel resistente y cara dura. 

Cuando se filtró la noticia de su dopaje en Texas y no tuvo forma de seguir negándolo, admitió que era cierto, pero juró que ni antes, con los Marineros, ni después, con los Yanquis, recurrió a sustancias ilegales. 

¿Cómo creerle? De todos los peloteros sumergidos en el lodazal del caso Biogenesis, fue el único en negarlo todo, a pesar de existir más pruebas contra él que contra el resto de los implicados. 
El relato que ha hecho Anthony Bosch sobre el plan de dopaje que le diseñó es demoledor, y recuerda el sistema ideado para Barry Bonds por Stan Conte, el dueño del laboratorio Balco. 
Conte y Bosch son personajes oscuros. Sus métodos son tan cuestionables como lo es la forma en que el comisionado Bud Selig compró las pruebas y recabó documentos contra Rodríguez. Nada se ve limpio aquí. 
Demasiada ambición. Demasiadas mentiras. Demasiado ego. Bonds quiso ser el verdadero número uno, recibir el crédito que todos concedían a Mark McGwire y Sammy Sosa por sus campañas sobre 60 cuadrangulares. Sin duda lo consiguió, pero ¿a qué precio? Porque aún hoy está pagando la cuenta.
A-Rod siempre quiso más. Quería más dinero y por eso aprovechó una cláusula para rescindir su contrato en 2008 y buscar una extensión que aumentara su fortuna, con un salario cercano a los 25 millones de dólares, más allá de los 40 años de edad. Temerosos de perderlo, a poco de lograr el título en la Serie Mundial, los Yanquis cedieron, firmando el contrato que hoy lamentan. 

Quería ser mejor que Hank Aaron y Bonds, sumar más vuelacercas que nadie en el beisbol. 

Quería ser amado y reconocido como el más grande. 

Atleta extraordinario, seducido por el lado oscuro. En un tiempo verá a Jeter entrar al Salón de la Fama en su primer intento. Él correrá otra suerte. Lo anticipan los pocos votos que han recabado para ingresar a Cooperstown los McGwire y los Bonds.

Publicado en El Nacional, el lunes 20 de enero de 2014.

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