El Emergente

El Emergente

El Emergente. Pedro Grifol y la sombra de Manny Acta

La salida del ex piloto de los Cardenales estaba cantada, ante las dos eliminaciones que sufrió en sus tres temporadas al frente de la divisa. Sin embargo, poco podrá hacer el nuevo manager si no se cambia el panorama actual del equipo
En plena
recta final de la temporada 2012-2013, en la dura batalla de los playoffs,
Pedro Grifol decidió dejar en la banca a uno de sus peloteros con mayor
experiencia, ante lo que consideró un acto de indisciplina.
El jugador
en cuestión, con charreteras de liga grande y potencial para marcar diferencia
en el campo, tuvo un desplante frente al cuerpo técnico, molesto por una
decisión de sus superiores.
Grifol
pensó más en el largo plazo, en el impacto que eso podría tener en la
organización, que en el corto término, la corona. El bigleaguer no jugó más, ni
siquiera en la final, donde tanta falta hizo que todos aportaran un poco.
Aquella
decisión del estratega, depuesto este viernes por los Cardenales, estuvo
acompañada por un gesto que dice mucho del carácter del ex manager de los
pájaros rojos: aunque el veterano recibió castigo por su falta, la sanción no
trascendió la cueva.


Muy pocos
supimos de lo sucedido, en pleno fragor del combate decisivo entre Lara y
Magallanes. Grifol quiso sentar un precedente delante de los peloteros, pero no
expuso al escarnio a su díscolo jugador. Protegió su reputación ante los medios
y la fanaticada.
¿Aprendió
la lección aquel guerrero? El tiempo lo dirá. Pero ese episodio pinta con
claridad el tipo de piloto y de persona que es este cubanoamericano, que fue
contratado en Barquisimeto para desarrollar un proyecto de largo plazo que
lamentablemente no funcionó.
¿Qué
responsabilidad tuvo en esas dos eliminaciones que sufrió durante las tres
temporadas que estuvo en la LVBP? Menos de lo que le achaca la afición, ciertamente,
pero lo suficiente como para que el alto mando haya preferido emprender la
búsqueda de otros timoneles.
Esos dos
fracasos tuvieron la misma razón, inversa respecto al éxito de la 2012-2013, en
la que únicamente le faltó ganar un último juego para conquistar el campeonato.
Sin pitcheo
era imposible trascender en la 2011-2012. Gracias a todos los lanzadores que se
reportaron en la siguiente zafra, llegaron al punto de casi doblegar a los
Navegantes. Y al no presentarse muchos de esos brazos en la 2013-2014, era de
esperarse el retroceso.
La suerte
habría sido otra, por ejemplo, con un bullpen encabezado por Daniel Farquhar, que
esta vez no vino, porque su puesto en las mayores ya era seguro.
Ni hablar
de las lesiones. Las carreras que faltaron, esa producción que no podía
manufacturarse con decisiones del manager, se quedaron en el cuarto del
trainer, a donde fueron a parar Luis Jiménez y Jesús Montero, o ni siquiera
llegaron a Barquisimeto, al ausentarse Celestino López.
Con todas
sus piezas a disposición, los Cardenales probablemente habrían clasificado y
Grifol seguiría siendo el manager. Pero no fue así y alguna medida era
necesaria para hacer ver a la nación cardenalera que la organización está
enfrascada en buscar la salida a este túnel de un lustro, que ha traído cuatro
eliminaciones en cinco torneos.
El actual
coach de bateo de los Reales de Kansas City, culpable o no, era la cara visible
del gris momento de la divisa encarnada.
Cultor de
los números, más por fama o en privado, fue un grato conversador y un
profesional en su trato con la prensa. Daba la impresión de ser más conservador
como dirigente que la reputación que le antecedía.
Nunca
admitió abiertamente ser pro sabermétrico, a pesar de que fue esa la publicidad
que en cierto modo se hizo cuando su firma. Pedía, sin embargo, gruesos reportes
estadísticos al departamento de prensa, para poder evaluar a propios y rivales
de todos los modos posibles.
Mientras más
información pueda manejarse, mejor. Tal era su posición frente al nuevo
análisis y su choque a menudo impostado con el enfoque tradicional.
No son
gratuitos los elogios escuchados en su despedida. Cabal hombre de beisbol, metódico
y disciplinado, con formación en la oficina antes que en terreno. Buen analista
del juego. Serio cuando correspondía serlo.
El alto
mando ha prometido continuar con el proyecto de largo plazo que Grifol no pudo
llevar a buen fin. Tiene una tarea difícil, pues, o consiguen el relevo criollo
que sirva de base para cambiar el infortunio, o el nuevo piloto correrá la
misma suerte.
Manny Acta
dejó recuerdos contradictorios a su paso por Caracas. Quienes cubrimos las
noticias de los Leones por ese entonces guardamos la memoria de un trabajador,
cordial y enfocado en conseguir la respuesta a los problemas de aquellos
melenudos. La fanaticada probablemente le asocie con años de eliminaciones y
fracasos.
Esos
felinos no tenían las armas para meterse en los playoffs, como tampoco las
tuvieron los pájaros rojos en esta oportunidad.
Es una lástima,
porque es el manager quien al final debe pagar por eso, y especialmente cuando
hay reiteración. Así se trate de un caballero, como lo son Acta y Grifol.

Publicado en el-nacional.com, el sábado 8 de marzo de 2014.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

¿Te gustaría recibir notificaciones de El Emergente?    Claro que sí Quizás más adelante