El Emergente

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Adonis García, el popular

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Por Ignacio Serrano

¿Qué es el Juego de Estrellas? ¿Un concurso de popularidad?
¿O el lugar de reunión de los mejores?

Pueden ser muchas las respuestas. Sobre todo en Venezuela,
donde el Juego de Estrellas perdió lustre, debido al descrédito de la
Asociación de Peloteros.
La idea nació en 1933, en las Grandes Ligas. Otros circuitos
y otros deportes la copiaron. Se trataba, en principio, de una exhibición.
Poder reunir en el mismo campo a los mejores de la Americana y la Nacional, en
un encuentro soñado.
El concepto se le debe a un periodista, que propuso el
proyecto y lo hizo realidad. Y como resultó un éxito, se institucionalizó.
En nuestro país, con una Asociación de Peloteros
desprestigiada, cada vez con menos cotizantes y menos músculo, el clásico de
mitad de temporada estuvo a punto de desaparecer.
En 2010, la última vez que la organización correspondió al
gremio, apenas asistieron 18 jugadores, insuficientes para organizar dos
rosters. Aprovecharon un aguacerito tempranero y suspendieron.
La LVBP asumió la organización del choque en 2011. Dos
duelos contra Dominicana, que resultaron un éxito, y un partido entre un equipo
elegido por los aficionados y otro por los miembros de los medios de
comunicación, así fueron los años anteriores.
En el presente, la fanaticada votó por internet para escoger
un elenco con figuras establecidas, y los periodistas, locutores y ejecutivos
de los ocho equipos seleccionamos una escuadra con figuras emergentes, con
menos de tres años en la liga.
¿El resultado? Dos escuadras que parecen competitivas, que
se medirán el martes, en Maracay.
¿Otro resultado? Un piélago de injusticias. Mientras la
novena formada mayormente por reclutas recoge lo mejor del circuito, hablando
de promesas, la de estrellas consolidadas luce como un equipo balanceado, pero
con muchas ausencias.
No está Mark Minicozzi, uno de los mejores bateadores del
torneo. No está César Izturis, a quien los Cardenales postulan como posible
regreso del año. No está Alberto González, el astro solitario de los Bravos. No
están Gabriel Noriega, Félix Pérez, Carlos Rivero, Goyito Martínez ni Paulo
Orlando.
Casi podría hacerse un equipo alterno con los dejados al
margen. ¿Entonces? ¿Es un Juego de Estrellas o un concurso de popularidad?
Es ambas cosas. En las mayores, la idea inicial evolucionó,
hasta convertirse en eso que a menudo protestamos aficionados y periodistas.
Sí, los representativos de la Nacional y la Americana suelen reunir lo mejor de
ambas ligas, pero la votación permite concesiones en los lineups titulares.
Ser miembro de los Yanquis es una ventaja. No hay equipo más
popular en el mundo y los abridores se seleccionan por la vía del voto. Ser
japonés también es una ventaja. Desde el Lejano Oriente puede llegar una
avalancha de apoyos on-line.
Aquí, la prerrogativa está en lucir el uniforme del
Magallanes o el Caracas. Entre los dos reúnen casi 67 por ciento de la afición.
¿Injusto? Sí, en caso de que quiera premiarse lo realizado en la primera mitad.
No, si se trata de un concurso de popularidad. Que lo diga Adonis García, el
más votado.
Los marginados por el público estarán en la banca, igual que
pasa en la MLB. Y si el Juego de Estrellas gana en nivel y convocatoria, habrá
ganado el espectáculo.
Publicado en El Nacional, el viernes 28 de noviembre de 2014.

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