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El Emergente

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“No tengo plata para dar, pero puedo dar trofeos”

Robert
Pérez está listo para colgar los spikes en enero. El legendario cuarto bate lamenta la carrera que no completó
en las Grandes Ligas, pero le sobran recuerdos y buenos momentos. Aquí cuenta algunos
Robert Pérez en su casa de Vista al Sol, en 1989, recién llegado de su primer
viaje a las menores. Habla con el periodista Damián Prat
/ Cortesía CORREO DEL CARONÍ

Robert Pérez dejará de jugar beisbol. Lo que para otros es
un sino, en él es noticia. Son 27 campañas en la LVBP y casi todos los récords
ofensivos. Son demasiados batazos memorables en postemporadas.

Figura en Venezuela, México, Japón y Corea. Pocas cosas le
faltaron. De rostro severo en el terreno de juego, cambia la voz cuando habla sobre
su madre y la familia que ha formado junto con su esposa, con quien tuvo seis
hijos: Robery, María Gabriela, Melanie, Robert, Elbert y Juliette. En ese orden.
-¿Recuerda el momento
cuando descubrió que sólo quería jugar beisbol?
-Juego beisbol desde los 5 años y pasé por
todas las categorías en los Criollitos, desde preparatorio hasta juvenil. Siendo
juvenil, me dijeron que venían el señor Domingo Carrasquel y Epi Guerrero, a
firmar peloteros en el oriente. Allí, por primera vez, se me abrieron los ojos
y pensé en el beisbol profesional. Cuando el señor Domingo me invitó a
Barquisimeto, pensé que sería posible. Era marzo o abril de 1988. Me firmó en
julio.
-¿Ya había viajado
fuera de Guayana?
-Había jugado campeonatos nacionales en varias ciudades,
representando al estado Bolívar.
-¿No le dio miedo ir
a Barquisimeto, dejando todo atrás?
-Nunca me dio miedo. Cuando salí de Guayana, iba pensando en
mi sueño. El miedo era decirle a mi mamá que no iba a estudiar más. Al regresar
de Barquisimeto, se lo dije. Ahora está orgullosa de todo lo que hice, pero
entonces se molestó bastante.
-¿Cuánto le duró la
molestia?
-Apenas empecé, gracias a Dios, tuve la suerte de ir a República
Dominicana y quedar Más Valioso. Así me gané un dinerito y la ayudé. Luego,
aquí fui Novato del Año, me gané otro dinerito y la ayudé otra vez. Así, poco a
poco, ella lo fue aceptando y apoyándome más.
-¿Y cuándo se dio
cuenta de que esa iba a ser su profesión?
-Más adelante. Nunca imaginé que iba a durar tanto tiempo en
la pelota, ganando dinero para subsistir. Que iba a ser un trabajo. Fue después cuando empecé a verlo como una profesión. Luego
de ser Novato del Año, comencé a pensar en que llegaría a las Grandes Ligas.
-¿No le sorprende
haber logrado tantas cosas?
-No, pero nunca imaginé que conseguiría tanto. He trabajado
con mucho empeño, con amor por mi profesión y respeto hacia lo que he hecho. Por
eso lo he logrado. Mi padre me lo inculcó. Somos una familia de deportistas y
él siempre me insistió en que debía entrenar, entrenar, entrenar, para tener
condiciones y poder triunfar. Mi papá era boxeador, pero practicó muchos
deportes. Tengo otro hermano que fue boxeador. Ahora hace atletismo y acaba de
ganar oro en los 100 metros planos en el Suramericano Master de Bogotá.
-O sea, que también
viene de familia eso de ser buen deportista después de “viejito”…
-¿No te estoy diciendo? También ganó bronce en 200 metros planos y
va para 48 años.
-¿Cuál ha sido el
momento más difícil en su carrera?
-Cuando sufrí la lesión en el tendón de Aquiles del pie
derecho, en 2004. Pensé que mi carrera terminaría. Los dolores empezaron mientras
jugaba en Corea. Llegué y me tuve que operar. Perdí la temporada, me volví a
operar. Pensé que no iba a caminar bien, nunca más. Pero batallé y en 2014 sigo
jugando. Gracias a Dios, nunca me volvió a molestar.
-¿Siguió viendo el
beisbol de igual modo, después de eso?
-La lesión me afectó, en cuanto a batear con fuerza. Aunque
regresé y tuve una temporada en la que fui líder jonronero. Ya no corrí tanto,
después de eso. Pero jugué con más deseo.
-¿Qué es lo mejor de
jugar pelota? Lo que más disfruta.
-Lo más sabroso es competir y que las cosas te salgan bien.
Vamos a estar claros: no es que yo no esté contento con los récords, pero nunca
pensé en ponerme números que alcanzar. Siempre pensé en prepararme, porque al
final se iban a ver los resultados.
-¿Y lo peor?
-No haber jugado como regular en las Grandes Ligas. En 1996
tomé unos 200 turnos con Toronto y bateé sobre .300, pero nunca pude ser
regular. Mi carrera en Venezuela fue exitosa, estoy en el Salón de la Fama del
Syracuse triple A, fui campeón bate varias veces en las menores, pero no tuve esa
oportunidad. Aunque puedo decir con la frente en alto que he tenido éxito: he
bateado en casi todas las ligas.
-¿Ya sabe qué le
faltó para ser regular?
-No tuve la oportunidad. Subí en los años en que Toronto
pensaba en ganar. Tenían súper estrellas que debían jugar todos los días. Hice
el equipo porque bateé mucho en las menores. Bateé en todas partes, creo que
fildeaba bien, tenía buen brazo. Pero jugué en las Grandes Ligas. Fueron varias
temporadas y me siento orgulloso.
-¿Sigue algún rito en
el beisbol? ¿Tiene alguna costumbre, alguna superstición?
-No. Me persigno, le doy gracias a Dios por la salud que me
ha dado, y ya. Todo es cuestión de fe. Confianza de que puedo lograr las cosas.
Por eso el éxito.
-¿Puede escoger un
batazo como su favorito? Uno solo.
-Son muchos. Puede ser el que le di al Caracas en la final
de la temporada 1997-1998. Esa temporada estableció al que sería Robert Pérez
en Venezuela.
-Su familia estaba
allí, con usted. Pareciera que siempre le acompaña.
-Siempre. Mi mamá es mi fanática número uno. Pero ahora no
quiere ir a los juegos, dice que nunca me ponen a jugar.
-¿Cuán importantes
son ellos para usted?
-Muy importantes. No puedo olvidar mis raíces. Mi madre me
dio principios, que es lo más importante. Ella y mi padre me dieron educación.
Humildemente, me inculcaron esa formación y me pusieron en el buen camino. Todo
eso me ha hecho respetar mi trabajo. Tengo seis hijos, cuatro hembras y dos
varones. Todo lo que hago, lo hago porque me gusta y amo el beisbol. Pero
también por lo que me enseñaron mi mamá y mi papá.
-¿Alguno de sus hijos
juega pelota?
-Los dos. Estoy tratando de ayudar al mayor. Tiene 14 años
de edad. Pero le digo que primero tiene que sacar sus estudios. Trato de
inculcarles los mismos principios que me inculcaron.
-¿Y batean?
-El mayor dice que cuando está jugando ya le gritan: “Así no
batea tu papá”. Espero que le vaya bien, si llega a ser jugador. Y que use el
51. Es catcher. El segundo está pequeño, tiene 11 años y es zurdo. En esas
categorías los ponen a jugar en todas las posiciones.
-Si tuviera que
elegir un lineup para el séptimo juego de una final, ¿a quiénes pondría a
jugar?
-Los tres outfielders serían Derek Bell, Mark Whitten y
Robert Pérez. El infield serían Luis Sojo, José Escobar, Alexis Infante y
Asdrúbal Estrada. El catcher sería Randy Knorr.
-¿Cuál era el equipo
de su niñez?
-Yo era de los Tiburones. En casa se escuchaban los juegos
de La Guaira en la época de Oswaldo Blanco, Aurelio Monteagudo, Norman
Carrasco, Alfredo Pedrique y Juan Francisco Monasterios. Me gustaba mucho
Monasterios, por el brinquito que daba (ríe).
-¿Le habría gustado
jugar con La Guaira?
-Sí, me hubiera gustado que me tomaran como refuerzo. Parece
mentira, los únicos dos uniformes que nunca me puse fueron los de la capital:
Caracas y La Guaira.
-¿Cuál es el consejo
que más repite a los peloteros jóvenes?
-Constancia, dedicación y respeto. Si los tienes, en algún
momento tendrás éxito.
-¿Recuerda un momento
curioso en el diamante?
-Una vez tuve una mala racha. Todo lo que bateaba era out.
En medio de esa racha, me ponché y el catcher perdió la pelota. Era la única forma
de embasarme. Pero Guante Mágico agarró la pelota y me pusieron out por reglas
(ríe).
-¿Qué recuerda de aquel
famoso altercado en la final contra el Caracas?
-Fue la última tángana en la que he estado involucrado.
Ugueth Urbina no era mi gran amigo, pero siempre nos habíamos saludado con
respeto. Pasó el altercado, terminó la temporada y estando en Estados Unidos me
cambiaron a Montreal. Me dije: “Na’guará, allá va a estar Ugueth”. Pero él,
apenas me vio, me llamó y empezó a hablarme. Me ayudó muchísimo. Son cosas que
pasan en el terreno, pero hay que tener respeto. Creo que solamente me han
sacado una vez de un juego. Fue en una jugada en primera base, tiré el casco y
rodó. Le quedó cerca al umpire y me sacó. El señor Domingo me inculcó ese
respeto. Una vez, me mandaron a tomar elevados, tiré el casco y él me dijo:
“Agárralo, póntelo y déjalo en el piso como debe ser”. Desde entonces, he
tratado de ser una persona tranquila. No digo que no me molesto, pero cuando me
ponchan o soy out, sólo muevo la cabeza y pienso en lo que hice mal, para no repetirlo.
-¿Qué cosas de su
carrera guarda en su casa?
-Tengo trofeos, pelotas, uniformes. Tengo muchas cosas sin
colgar. Me faltan paredes (ríe). No tengo plata para dar, pero puedo dar
trofeos. Y estoy pensando en llevarme mi locker. Me va a dar sentimiento
dejarlo. Tiene muchos años. Mi hijo menor se ha ganado sus trofeítos y los pone
al lado de los míos (ríe otra vez).
-¿Cuál guarda con más
cariño?
-Mis uniformes de los Azulejos. Mi trofeo de Novato del Año.
Los de campeón bate. Cuando los veo, pienso en cómo los he logrado. Necesitas
mucha dedicación. Tener la habilidad, pero también trabajar bastante.
-¿Qué espera de estos
últimos meses?
-Quiero disfrutar del tiempo que me queda, reírme.
Después de que anuncié mi retiro en la rueda de prensa me he sentido más tranquilo.
La gente ha respondido muy bien, especialmente la de Barquisimeto, que me vio
crecer, llegar flaquitico y pasar tantos años con el mismo equipo. Es difícil
jugar a esta edad. Cuando fallo, la gente no piensa que fallé porque soy un ser
humano, piensan en mi edad. Si no agarro un fly, es porque ya no puedo. He
recibido muchas cosas bonitas y estoy muy agradecido. Pero todo esto me llevó a
decir que era el último año: la presión de hacerlo bien todos los días y no
estar siempre en el lineup.
-¿Cuándo se dio
cuenta de que no era el mismo?
-Es un proceso. Me siento físicamente bien y estaba firmado
para el año próximo, pero estoy claro de que no soy el mismo, físicamente. Soy
más lento, me cuesta más estar listo.
-Tomás Pérez también
se retira y ya está tirando prácticas de bateo. ¿Cuándo empezará usted?
-Cuando me retire. Ya las he tirado, pero a mi hijo mayor.
-¿Cómo imagina su
último turno?
-Ojalá sea en Barquisimeto, que dé un batazo para ganar un
juego y seamos campeones. Estoy contento. Tengo la frente en alto. Me voy feliz
por la gran carrera que tengo.
El dato
Robert Pérez firmó como tercera base. «Pero a los pocos días, el señor
Domingo Carrasquel me puso a fildear en otras posiciones», explica. «Yo al principio hacía de todo. Hasta queché en
el bullpen, agarraba rollings en tercera, tomaba flies. En Estados Unidos, en
un año, hasta me pusieron en segunda base en las menores».

Ignacio Serrano


Publicado en El Nacional, el lunes 10 de noviembre de 2014.

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