El Emergente

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Omar Malavé: “No me importa que me digan sabermétrico”

El coach de banca del Magallanes cuenta sus anécdotas en la pelota. Es el único manager
bicampeón del Lara y un apasionado por el estudio de las estadísticas. Le gustaría volver a dirigir, pero por ahora se enfoca en ser para Carlos García, en Magallanes, el asistente útil y acucioso que hubiera deseado tener como piloto
Omar Malavé no jugó mucha pelota en su niñez. ¿Determinó eso
que su carrera como jugador fuera tan corta? ¿O fue que los Azulejos vieron en
él un caso especial, el de un joven con notables aptitudes para la enseñanza y
la estrategia?
Posiblemente fuera lo segundo. Malavé es el único manager
bicampeón con Lara en la LVBP y ahora ayuda a perseguir el tricampeonato del
Magallanes, como coach de banca de Carlos García.
Apasionado de las estadísticas, asegura que vive “en la era
de los números”.
-¿Cómo se enamoró del
beisbol?

-Aunque soy oriental y era magallanero desde pequeño, yo
jugaba fútbol. Tenía la fiebre de los mundiales. Jugaba pelotica en la calle,
chapitas, pero a los 13 años me interesé en el beisbol, por un uniforme que vi
y que me gustó mucho. Era un uniforme muy lindo. Pero no tenía las cualidades.
Fui a un try-out y cuando me vieron tirando la pelota desde el outfield,
tirando una granada, todo el mundo se burló de mí. El dueño del equipo me dijo:
“Tú no sirves para el beisbol”. Mi hermano mayor, Jesús, estaba allí. Me dijo:
“Pues yo voy a sacar un equipo, para que juegues pelota”. Consiguió las
franelas y las gorras. Ahí comenzó mi carrera. A los 14 años, se interesó el
Banco Industrial. Me pagaban 50 bolívares semanales, para los estudios. Fui
campeón bate, representé al estado Sucre y, siendo juvenil, firmé. Empecé a
jugar a los 13 y tres años después ya estaba firmado para el beisbol
organizado. Al final sí tenía las cualidades, pero no las había explotado,
porque nunca había jugado. Entonces fue cuando me enamoré del beisbol.

-Qué cruel ese
manager que le dijo, siendo niño, que no servía para el beisbol.
-Nunca un coach debe usar esas palabras. Fue mi hermano
quien me sacó de allí. “Tú sí puedes”, me decía. Yo, como técnico, en 34 años
que tengo trabajando aquí y en Estados Unidos, nunca le he dicho ni le diré a
nadie algo así. Siempre he sido positivo. A raíz de ese episodio, aprendí que
uno puede forjárselo todo.
-Ustedes, los Malavé,
son una familia beisbolera. ¿Alguno de sus hermanos sirvió de rol modélico?
¿Tenía algún ídolo de juventud?
-David Concepción. Fue un pelotero que siempre admiré y
admiro. La forma cómo jugaba, su trayectoria, su disciplina. También tuve la
suerte de que los cinco hermanos jugamos pelota, aunque Jesús, el que tenía más
talento, fue el único que no jugó beisbol profesional. Cuando Benito y yo
compartimos en los Cardenales, después de tanto trabajo; cuando por fin
estábamos en un equipo profesional, nos veíamos uniformados y no lo creíamos.
Fue muy emocionante. No podíamos imaginar que tendríamos una carrera exitosa. Y
ver debutar en las Grandes Ligas a Cheo, con Boston, fue otra emoción inmensa.
Nosotros no pudimos llegar. Pero él sí lo logró.
-Su carrera como
pelotero fue corta. ¿Qué era lo que más disfrutaba en el terreno?
-Aprender de los demás. Siempre preguntaba, estaba pendiente
de los técnicos. Eso me ayudó mucho. Para mí, no era un trabajo. Todo eso que
aprendí, me ayudó bastante cuando me retiré.
-¿Le costó mucho dar
el paso, aceptar la oferta de iniciar tan joven una carrera de técnico? Porque
allí le cerró la puerta al sueño de jugar en las Grandes Ligas
.
-No fue fácil. Lo recuerdo como si fuera ayer. Mi esposa
tuvo mucho que ver con mi decisión. Me costó siete años para subir de clase A a
doble A. Siete años. Hasta besé la tierra del terreno cuando llegué a doble A.
Y tres años después de eso fui a triple A. Como al mes, me dijo Bobby Mattick:
“Te tenemos una buena noticia y una mala”. Él fue un maestro para mí, le debo
todo en el beisbol estadounidense. “Vas a regresar a doble A, donde tenemos un
cargo abierto para ser coach”. Imagínate, yo con 26 años de edad. Guao. Me
dijeron que en un mes me iban a llamar y estuve pensándolo las primeras dos
semanas, sin saber qué hacer. Fue mi esposa quien le dio sentido, como siempre.
Ella siempre ha sido mi fortaleza, y me dijo: “La oportunidad está aquí, es una
organización donde creciste y estas oportunidades no vuelven”. Después de 34
años, sigo vistiendo el uniforme de los Azulejos. Soy la única persona que se
mantiene en la organización desde que comencé. Un Blue Jay natural.
-¿Sintió miedo?
-Me daba temor escribir los reportes en inglés. Cómo
enfrentarme a mis jefes hablando ese idioma. Tuve la suerte de tener como coach
a Joe Cannon, que jugó aquí con el Magallanes y me ayudó bastante. Me enseñó a
hacer los reportes. Héctor Torres fue el otro que me dio el empuje y me enseñó
cómo era el sistema.
-La familia celebró
cuando Cheo debutó en las mayores. ¿Cómo celebraron cuando usted fue nombrado
coach de Grandes Ligas?
-Me llamó Cito Gaston. Yo estaba tomando la siesta y no lo
creía. Me costó tanto trabajo. Tantos viajes de 12 horas, trasnochos, hoteles.
Me ericé, no podía creerlo. “Ya es hora de que estés en las Grandes Ligas”, me
dijo él. Cuando terminó la llamada, llamé a mi esposa, sin poder creerlo
todavía. Nunca lo olvido. Era lo que me faltaba. Si no llego a subir otra vez,
ya lo hice, llegué a donde tenía que llegar. Ese mismo año me entrevistaron
para el cargo, cuando salió Gaston.
-¿Cuán distinto es
dirigir allá respecto a hacerlo aquí?
-Allá no estás tan pendiente de las victorias, sino del
desarrollo de los peloteros. Este año me volvieron a pedir que dirigiera, en
Dunedin, después de dos años, y de allí salieron tres peloteros que llegaron a
las Grandes Ligas. Tuve una temporada excepcional y fui Manager del Año en la
Liga de Florida. No me lo esperaba. Pero aquí es diferente, aquí hay que ganar
o ganar.
-¿Le gustaría hacerlo
de nuevo?
-Sí, me gustaría volver a dirigir aquí. Ha habido oportunidades,
pero no se han concretado. Ahora soy coach de banca y estoy enfocado en eso.
Trato de usar toda la experiencia, todo lo que tengo, para ayudar a Carlos
García como antes hice con Luis Sojo. Soy su mano derecha. Trato de hacerle
todo lo que yo quise que me hicieran como manager: llevarle las estadísticas,
los matchups, la defensiva.
-Desde su primera
experiencia como coach de Sojo recuerdo su inclinación por estudiar los
números. ¿Ha seguido profundizando esa inclinación?
-Por supuesto, me encanta. Y lo he estado desarrollando más
desde que llegué a Grandes Ligas. Allí aprendí a ver todo diferente. Te das
cuenta de que debes usar cualquier detallito que pueda ayudarte a ganarle al
contrario. Estuve siete meses con un gran maestro, Brian Butterfield, que ahora
es coach de tercera base en Boston. Me enseñó todos los detalles de la
defensiva y ofensiva. La información está. Que quieras interpretarla y usarla,
queda de tu parte. Aquí en Venezuela no se ha desarrollado, no tenemos
departamentos de video, pero trato de usar la información que está disponible.
Nos ha sido de mucha ayuda en los años que llevo aquí. Los técnicos que están
comenzando deberían usarla. La forma como mueves la defensiva te puede ayudar a
ganar un juego.
-Si hace 10 años
alguien uniformado decía eso, habría sido tenido por nerd, por sabermétrico. ¿No
le importa que lo digan de usted?
-No me importa, para nada. Mientras tengas información y
aprendas, la debes usar. Hay quienes no la usan. Pero estamos en otra era, en
la era de los números. La información está allí para usarla. A mí me ha
funcionado, y mientras me siga funcionando, voy a seguir usándola.
-Domingo Carrasquel
se le adelantó, al ganar el primer título para los Cardenales. Pero usted fue
el primer manager bicampeón en Lara…
-Mis mejores años fueron con los Cardenales. Allá gané dos
títulos y clasificamos varios años. Veo el número de Carrasquel retirado, cada
vez que voy a Barquisimeto, y el mío nada (riendo). Aprendí mucho de él. Aquí
también he pasado buenos momentos. Magallanes era mi equipo en la niñez, me
dormía escuchando los juegos en la radio. Llegué hace tres años para un
Caracas-Magallanes y Sojo me recibió con el número 16. “¿Y esto?”, le dije.
“¿Tú no eres el 16?”, me respondió. “¿Y a quién se lo quitaste?”. “¡Tú
agárralo!”. Y cuando me vi con esa M, sentí algo completamente diferente. Mi
hermano Benito pichó muchos años aquí, José Francisco nos dio aquellos
estacazos en la final de 1996 cuando yo era coach de tercera del Lara, y ahora
estoy aquí, viviendo lo que ellos vivieron. También me pasó con el Caracas. Dos
organizaciones de mucho respeto.
-¿Cuál es su recuerdo
más antiguo ligado a la pelota?
-Dave Parker. Recuerdo verlo con mi papá por la televisión,
y mi papá diciendo: “Cuando ese negro pone el pie así, se va para la calle”. El
negro hizo eso y la metió entre center y rightfield. “Guao”, me dije. “Mi papá
sabe mucho de beisbol”. La pelota era nuestro menú de cada noche.
-De todos los buenos
momentos, ¿cuál escoge como el de mayor emoción?
-Cuando gané el primer campeonato. Fue en Caracas, en siete
juegos. Las dos finales contra el Caracas fueron muy buenas. Tuvimos que
hacerlo todo perfecto para ganar.
-¿Quién ha sido el
pelotero ideal para dirigir?
-Luis Sojo. He tenido la suerte de dirigir a tres peloteros
sobre 1.000 hits: Sojo, Tomás Pérez y Robert Pérez. Algunos podían creer que
Sojo era indisciplinado, pero era el pelotero perfecto. Si no se estrechaba con
el equipo, ya sabía que cuando cruzara esas líneas daba 110 por ciento. Y te
jalaba al equipo. Ese sí era un líder. Y Robert; ha sido excepcional,
disciplinado, un caballero. No se cree la forma física en la que está. Un gran
trabajador. Dos peloteros que sabían lo que tenían que hacer cada día.
-¿Y a quién ubica en
la acera contraria?
-Muy pocos. Si traigo un caso, William Cañate. Tenía las
cualidades. Pensé que iba a ser un peloterazo y se quedó en el camino. Siempre
se lo digo a los jóvenes. Recuerdo una anécdota con Antonio Castillo. Mucha
gente pensaba que no iba a llegar. En un spring training, lo bajaron de doble A
a clase A. Él quería regresarse a su casa. Tuvimos que hablar con él. Ese mismo
año, estaba lanzando en las Grandes Ligas y al año siguiente estaba en una
Serie Mundial. Son cosas que uso siempre como referencia con mis peloteros,
especialmente con los latinos.
-¿Qué es lo que más
le ha dolido en su carrera?
-Estuve tres años con el Caracas. Fuimos a una final, que
perdimos, y al regresar, el año siguiente, la forma en que me trataron, me hizo
entender lo difícil que era el fanático caraquista. Eso fue muy triste. Ojalá
algún día pueda regresar por la puerta grande. Que los fanáticos me vean como
lo que siempre fui y quise ser en Caracas. Siempre he trabajado para ganar.
-Los peloteros
guardan muchas cosas: pelotas, guantes, spikes. ¿Qué guarda un manager?
-Tengo muchas cosas en mi casa. Un garaje lleno. Pero la
camisa del primer campeonato siempre va a estar allí. Me costó mucho lograrlo.

El dato:
Omar Malavé ha dirigido en Venezuela a los Cardenales, Leones y Caribes

Publicado en El Nacional, en versión corta, y en El-Nacional.com, en versión completa, el lunes 7 de diciembre de 2014.

2 thoughts on “Omar Malavé: “No me importa que me digan sabermétrico”

  1. En efecto, Juan Carlos, y no puedo sino decirte que fue una burrada de mi parte, haber pensado (y sabido) Caribes, y terminar poniendo Tigres… gracias por avisarme.

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