El Emergente

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El precio de la entrada no importa

Quieto en primera
por Alfredo Villasmil Franceschi


PUERTO LA CRUZ.

Hace cinco años, había que rogarle a la gente para que
vinieran al Chico Carrasquel. Las asistencias eran exiguas, casi inexistentes.
El equipo ganaba, pero no se sentía apoyaba. Eso fue cambiando y cuando ganaron
la copa hace ya tres temporadas atrás, la gente comenzó a venir en cambote al
parque de pelota.
Ayer no fue la excepción. A las 7:30 de la mañana, le
pedimos al taxi que nos transportaba desde el aeropuerto al hotel que se diera
una “vueltica” por el estadio. A esa hora la cola era gigantesca. No habían
entradas ya en la taquilla, pero sí en manos de los revendedores.
“Un compañero de la línea la compró en 200 bolívares”,
explicó un conductor. “Pero cuando un pana fue a buscar esta mañana (ayer) ya
estaban en 1.200. Esto es una locura total”.
La emoción se sentirá en esta final, la estructura
remodelada del otrora llamado “El Paraíso del Beisbol”. Magallanes juega aquí
como local, debido a la gran cantidad de público que sigue al equipo insular.
De hecho, ayer en la tarde, se veían muchas camisetas y
gorras de los náuticos. El vuelo de las 6 de la mañana desde Valencia a esta
ciudad, nos comentaron en la línea aérea, estaba ocupado en un 80 por ciento
por gente que solo vinos a ver la final.
“Pero también hay cariberos”, decía Asdrúbal, el botones del
hotel. “Desde que comenzamos a ganar la gente ha ido al estadio. Y fíjate, yo
desde hace dos años ya soy abonado. De hecho, un hecho curioso es que durante
el recorrido que hicimos por las tribunas del “Chico” vinos una gran cantidad
de sillas reservadas para los abonados. Eso era impensable hace cinco años.
Caribes ha consolidado una fanaticada y eso era necesario, porque la expansión
tiene que consolidarse en este pedazo de tierra por el bien de la liga.
A las 7 de la noche, media hora antes de comenzar el
compromiso, ya las gradas estaban llenas y la tribuna a tres cuartos. La bulla
era ensordecedora y los revendedores pudieron sacar su buena tajada. “No todos
los días se juega una final, no todo el día la ves. Si tengo que pagar 2.000
bolos por un boleto, pues lo pago”, contó Juancho, otro de los taxistas que se
compró sus entradas para gozarse estos dos primeros compromisos.
Listo, se acabó el juego

En Twitter:
@AlfredVillasmil

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