El Emergente

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El caso de Jon Hunton y las lecciones que nos deja

El Emergente
Por Ignacio
Serrano

La política
antidopaje de la LVBP siempre será sujeto de escrutinio y polémica. Es natural.

No todos en
la opinión pública piensan igual sobre el uso de sustancias químicas para
mejorar el rendimiento deportivo y todavía existe un profundo desconocimiento en
amplios sectores sobre los efectos que tiene el consumo de esteroides, anfetaminas
y otros medicamentos en forma indiscriminada.
Nuestra
pelota tomó la iniciativa de controlar el dopaje para preservar el juego
limpio, el buen nombre del circuito y la salud de los peloteros. Es una
iniciativa que aún aplaudimos.

Terminada
la primera experiencia, empiezan a asomar lecciones y aprendizajes que habrá
que considerar con vistas al perfeccionamiento de la actual normativa.

Ya Oscar
Prieto Párraga, presidente de la LVBP, habló de aumentar las pruebas y acelerar
los plazos, para que algunos castigos, sino todos, puedan coincidir con el campeonato.
No debería descartarse el endurecimiento de las sanciones.
Pero no hay
caso que deje mayores lecciones que el anunciado positivo de Jon Hunton, el cerrador
que reforzó a los Tigres y consumió Adderall, un medicamento que toma a diario
por orden médica.
Hunton no
fue informado a tiempo y pertinentemente sobre el reglamento antidopaje y los
pasos a seguir, ni por la liga (que delega esto en los equipos) ni por su club,
algo que señaló el pitcher y reconocen varias fuentes aragüeñas.
La LVBP
reconoce la buena fe del lanzador, por presentar el récipe y las pastillas al
momento de rendir su examen, por lo que reducen la sanción de 25 a 10 juegos.
Pero la violación, queda claro, no es por consumo de Adderall en sí, sino por
no haberlo notificado antes de entrar en acción.
Su intento
de apelación muestra otro matiz de lo ya expuesto: Hunton escribió un alegato a
la directiva liguera, exponiendo las razones de su inocencia y entregando las
pruebas, pero no fue considerado como una apelación, porque no siguió exactamente
los pasos estipulados en la norma, y fue hecha a un lado, sin posibilidad de
redención.
Cole
Kimball también fue suspendido por una razón similar. Su caso clama aún más
alto, porque este serpentinero posee una Excepción por Uso Terapéutico (TUE, por
sus siglas en inglés), que es un pasaporte antidopaje que los peloteros medicados
por un doctor reconocido reciben tanto en las Grandes Ligas como en las menores.
Kimball
hizo como Hunton: al momento de la prueba, presentó la forma TUE, igual que
hace en Estados Unidos. Pero a diferencia del norte, fue castigado porque no
consignó los recaudos antes de empezar a jugar.
Nuestro
circuito está encabezado por hombres de beisbol de probada honorabilidad. En el
comité antidopaje hay personas de importante trayectoria en el área. Pero todo
inicio impone lecciones y permite aprendizajes.
No parece
justo ni apropiado que un pelotero sea castigado para cumplir la letra del
reglamento, cuando aparecen dudas razonables tan claras. Estos dos casos son
así.
No parece
justo ni apropiado, porque ahora que sabemos que muchos equipos dejaron de
informar sobre el reglamento antidopaje a sus peloteros, al momento de
firmarlos.
No lo es,
al confirmar que los importados no recibieron una copia en su idioma materno de
la normativa aprobada y que estos dos tenían en su poder los documentos que les
exculparían, en caso de haberlos presentado en la fecha correcta.
La
verdadera justicia no está en la ley, sino en dar a cada quien lo que merece
por sus actos, por su buena o mala fe.
La política
antidopaje es uno de los aciertos de la LVBP en el último año. Reconocer lo ocurrido
en estos casos permitirá fortalecer y mejorar aún más el proceso.
Publicado en El Nacional, el sábado 6 de marzo de 2015.

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