El Emergente

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La hazaña que persigue Wilson Ramos

El
Emergente
Ignacio
Serrano

Dice el
reporte de los scouts sobre Willson Contreras: “Puede llegar a ser un muy buen
bateador. Incluso, más allá de lo que es considerado un catcher bateador”.

Los
receptores no batean mucho. Por supuesto que hay casos. Salvador Pérez pudiera
llegar a los 30 jonrones esta temporada. Jonathan Lucroy ha rondado los .900 de
OPS toda la temporada. Pero son excepciones.
Los caretas
no batean mucho, porque el cuerpo no les da. Es la posición más exigente del
beisbol. Deben ponerse en cuclillas durante dos horas y media cada día, sin
contar los 20 minutos adicionales en que reciben a sus abridores en el bullpen.
Van cubiertos de aperos que aumentan el calor corporal. A veces son arrollados
por los corredores contrarios.
Nadie en
los diamantes paga mayor impuesto por el esfuerzo físico. Por eso son tan
grandes los inmortales Johnny Bench, Mickey Cochrane, Yogi Berra o Mike Piazza.
Por eso es tan raro lo que persigue Wilson Ramos.

El
carabobeño de los Nacionales de Washington amaneció el domingo con .342 de
average, el mejor en su carrera. No cabe duda que la cirugía láser en los ojos
le ha hecho ver mejor la pelota. Y gracias a eso, y a su habilidad natural con
el madero, persigue a su compañero Daniel Murphy en el liderato de bateo de la
Liga Nacional.
¿Es eso
posible? ¿Ramos campeón bate? Tendría, claro, que mantener el paso y superar a
Murphy. Pero sí, desde una perspectiva absolutamente objetiva, sí es posible.
Todos nos
entretuvimos al iniciar el campeonato con la idea de que Miguel Cabrera
consiguiera su quinta corona de average, con la reconquista de José Altuve y la
siempre latente diadema de Carlos González, otro que alguna vez logró la meta. Víctor
Martínez y Martín Prado han coqueteado con la hazaña, antes y ahora. Pero nadie
se detuvo a pensar en alguien que usara la mascota, mucho menos este nativo de
Valencia.
No es por
falta de aptitudes. Ramos creció en las menores de los Mellizos de Minnesota como
un futuro artillero de cuidado, como su paisano Contreras últimamente. Sus 15
jonrones como novato siguen siendo un récord para venezolanos.
Las
lesiones —y hoy podemos asumir que la vista— le impidieron ir más lejos en los
torneos pasados. Pero este año ha estallado en todo su esplendor.
¿Cuántos
catchers han conseguido un título de bateo? Son tan pocos, que las apuestas
están en contra de Ramos.
Bubbles
Hargrave fue el primero, con los Rojos de Cincinnati, en 1926, con .353
milésimas.
Ernie Lombardi
le siguió, con los propios escarlatas, en 1938, con .342, y repitió en 1942, ya
con los Bravos de Boston, con .330.
Joe Mauer
fue el tercero, único en la Liga Americana, con los Mellizos de Minnesota. Lo
hizo tres veces: en 2006, con .347; repitió en 2008, con .328; y lo consiguió por
tercera oportunidad en 2009, con .365.
Buster
Posey ha sido el último. Bateó para .336 en 2012, con los Gigantes de San
Francisco.
Nadie más. Ni
Pérez ni Lucroy ni Yadier Molina. Nadie más.
Por eso lo
de Ramos es tan complejo, tan cuesta arriba, tan difícil. Y por eso, la carrera
que ha emprendido, ya promediando la mitad de temporada, habla muy bien de su
actual etapa como pelotero.
Todo, por
cierto, coincidiendo con la posibilidad de declararse agente libre en
noviembre. Nunca en mejor momento, esta búsqueda de la hazaña.
Publicado en El Nacional, el lunes 27 de junio de 2016.

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