El Emergente

El Emergente

Chicago y el adiós de los Adorables Perdedores

El
Emergente
Ignacio
Serrano

Hubo un
tiempo en que Chicago fue La Meca del beisbol. Los Cachorros y los Medias
Blancas ganaron consecutivamente las series mundiales de 1906, 1907 y 1908.
Entre 1906 y 1919 ambos equipos se combinaron para asistir ocho veces al
Clásico de Octubre.

Un siglo de
sequía tuvo la segunda ciudad más importante de Estados Unidos. Un siglo con algunos
momentos de esperanza, como en 1945, cuando los oseznos ganaron la Liga
Nacional, o 1959, cuando los patiblancos conquistaron la Americana.
A lo largo
de esta insólita espera, que los Medias Blancas terminaron en 2005, al ganar
con Oswaldo Guillén; mientras generaciones de aficionados veían pasar sus vidas
enteras sin celebrar una corona, los Cachorros se forjaron un nombre que por
décadas ha latido en el pecho de sus aficionados y la prensa de la urbe: los
Adorables Perdedores.

Fue esa una
de las grandes diferencias que siempre separaron a los equipos de la Ciudad de
los Vientos. Mientras los Sox eran la clase obrera, con un gris estadio
enclavado en la industrial zona sur, los Cubs eran los “Cubbies”, los
cachorritos, los dueños de un parque donde siempre se jugaba de día, el único
sin colchonetas protectoras en el outfield, para permitir que la hiedra siguiera
decorando los jardines.
El Wrigley
Field, dicen los lugareños, era el bar más grande del mundo por aquellos años
70 y 80, cuando Harry Caray se asomaba desde la caseta de transmisión para
cantar el himno de la pelota, el Take me
out to the ballgame
, cada séptimo inning.
Nuestra
generación creció cerca de todo eso, porque la estación WGNTV era una de las
pocas formas que existían de ver beisbol a diario en esos tiempos sin internet
y con antenas parabólicas.
Quizás por
eso, cada cuarentón o cincuentón que es seguidor de los diamantes lleva un poco
de los Cachorros en su corazón, en este lado del mundo.
Puede que
la versión 2016 de la divisa ubicada en la zona norte siga siendo adorable. La
hiedra, el estadio centenario, sus uniformes casi sin cambios, las caras
jóvenes del roster, los pintorescos locales que rodean el lugar, todo eso
ayuda. Pero la cara de la franquicia está dando un cambio crucial,
independientemente del resultado de la Serie Mundial.
Theo
Epstein llegó con ese objetivo al alto mando de la franquicia. Logró algo
semejante en Boston, cuando acabó con la Maldición de Babe Ruth, pero allá
completó un roster que ya tenía figuras. Su labor, en este caso, ha sido casi
desde cero.
Sesudo
sabermétrico y dirigente visionario, Epstein fortaleció el sistema de ligas
menores, fue agresivo en las firmas internacionales, forzó la barra para
traerse al manager Joe Maddon, hizo cambios brillantes y apuestas con el ojo
abierto que los demás no tenían, como al adquirir a Anthony Rizzo o Jake
Arrieta.
Ni siquiera
necesitó sumar súper estrellas en el mercado de agentes libres; acaso Jon
Lester, porque Ben Zobrist no era tal cosa.
Es una
maquinaria balanceada, con peloteros experimentados, pero sobre todo con
jóvenes como Kyle Schwarber, el puertorriqueño Javier Báez y el novato
venezolano Willson Contreras.
El mejor
gerente, con el mejor manager de la MLB, formando el mejor equipo, que obtuvo el
mejor récord.
No importa
lo que pase contra los Indios de Cleveland. Los Adorables Perdedores de ayer
prometen ser ganadores en los años por venir.
Publicado en El Nacional, el miércoles 26 de octubre de 2016.

2 thoughts on “Chicago y el adiós de los Adorables Perdedores

  1. Para los Cachorros es importante ganar este año. No les pase como a los Bravos de los 90 que todos los años prometían y apenas ganaron una Serie Mundial

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

¿Te gustaría recibir notificaciones de El Emergente?    Claro que sí Quizás más adelante