El Emergente

El Emergente

La travesía de JJ

El
Emergente
Ignacio
Serrano
Ávila (derecha) flanqueado por Oscar Prieto
El nombre
de Juan José Ávila esta indisolublemente vinculado al Magallanes, la novena a la
que ayudó a engrandecer, haciendo equipo con algunos imprescindibles de nuestra
pelota, como Andrés Reiner, John Carrillo y Alfredo Guadarrama.
Aquellos
Navegantes venían de sufrir uno de los peores periodos de su historia. Fueron
tres años eliminados con pésimo rendimiento, luego del triunfo en la Serie del Caribe de 1979, y
15 temporadas consecutivas sin llegar a una final.
Era como si
la brujería de Willie Horton se hubiera vuelto en contra de la nave, por tirar de
la borda al legendario manager-jugador, en 1980.
Aquella
mala racha terminó cuando Guadarrama y Ávila asumieron la oficina, formando un
legendario tándem cuyos resultados aún hoy se notan.


La más
brillante generación de magallaneros vino con ellos: Richard Hidalgo, Melvin
Mora, Carlos Guillén, Freddy García, Johan Santana, Raúl Chávez, Clemente
Álvarez, Juan Francisco Malavé, Luis Raven (descubierto en las catacumbas de
los Caribes y Leones), Ramón García, Edgardo Alfonzo y tantos otros astros
emergieron en aquella administración.
De entonces
data también la mayor seguidilla de presencias consecutivas en la postemporada
para los turcos. También las coronas de 1994, 1996, 1997 y 2002, primero con
Guadarrama en la presidencia y luego con el propio Ávila.
No sólo se
trató de diseñar y llevar a la práctica un proyecto deportivo. Los bucaneros
fueron pioneros en reacondicionar su hogar, modernizando dentro de lo posible
el vetusto estadio José Bernardo Pérez. También lo fueron en la
comercialización de las gorras y camisas de la escuadra. Hoy parece tan obvio,
y sin embargo, cuando nada de eso existía en Venezuela, la Boutique del Magallanes
se convirtió fue un suceso y un ejemplo a seguir por los demás clubes.
Es
imposible desvincular a Ávila del uniforme a rayas azules, del galeón y la M mayúscula. Porque después de
aquello, se mantuvo en la órbita de los filibusteros, como consejero y voz de conciliación.
No podía
haber, sin embargo, mejor candidato que él para la presidencia de la
LVBP.
No
sólo es un hombre de beisbol a
cabalidad, también es un venezolano honesto, sosegado en el análisis, amigo del
diálogo y de tender puentes cuando aparecen diferencias.
Su más
reciente papel al frente del Salón de la Fama y Museo del Beisbol es otra prueba de su
capacidad y amor por el pasatiempo nacional.
Recibe un
circuito en constante progreso, que necesita seguir perfeccionando sus Condiciones
de Campeonato, su Código de Ética y su Política Antidopaje. Nadie mejor que él
para eso.
En estos
tiempos duros, los diamantes venezolanos enfrentan retos y complicaciones que
han vaciado parcialmente los estadios, han ahuyentado a los buenos umpires extranjeros
y a los mejores peloteros importados. Pero es en estos tiempos duros cuando el
beisbol más puede decirle al país.
Le
llamábamos JJ, antes de que la edad y las canas impusieran el Juan José entre
los más jóvenes. Recibe un proyecto cada vez más maduro, un espectáculo que
sigue a la vanguardia del Caribe, a pesar de la crisis nacional.
Es el
albacea de ese legado y de la posibilidad de convertir a nuestro deporte
favorito en un pozo de valores, en medio de la zozobra general.
Nadie mejor
que él para intentarlo. Vienen buenos tiempos para la LVBP.
Publicado en El Nacional, el jueves 16 de febrero de 2017.

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