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La ausencia de Felipe Rivero y otras injusticias

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Ignacio Serrano

Tampa Bay Rays v Pittsburgh Pirates
Felipe Rivero / Zimbio.com

Los dos
mejores lanzadores venezolanos en 2017 están ausentes en la convocatoria del
Juego de Estrellas de las Grandes Ligas.

Que falte
Carlos Carrasco es debatible. Aunque tiene marca de 9-3, con más de un ponche
por inning, es una realidad que no está metido entre los más sobresalientes de la Americana en los
principales departamentos, los que cautivan la votación popular (o en este
caso, la votación realizada entre los propios peloteros de las Mayores, de la
que sale parte de la banca en cada circuito).
Carrasco es
octavo en efectividad con 3.50, séptimo en abanicados con 103, octavo en WAR
con 2.8 y aparece en el puesto 16 con 97.2 innings. Hay mucha competencia,
entre tantos abridores, por más que sea cuarto con 9 triunfos y tenga 1.05 de
WHIP, el segundo más notable en su liga.

Hay nueve
pitchers abridores en el roster de la Americana.
El
larense podría ser uno de ellos y podría estar fuera, como
en efecto sucedió. Su caso se ubica en la frontera. Es tan injusto como
comprensible.
Distinto sucede
con Felipe Rivero. Es uno de los tres mejores relevistas del beisbol, hoy. De
hecho, sorprende que los Piratas no le hayan convertido en cerrador a tiempo
completo hace rato, tal ha sido su éxito en ese rol y en el papel de setup, que
hasta ahora ha alternado.
El
yaracuyano tiene 0.82 de efectividad. Es el segundo mejor promedio en las
Grandes Ligas, contando los monticulistas con 20 episodios o más, únicamente
superado por Kenley Jansen. Su WHIP de 0.68 es el tercero más brillante, por
detrás de Craig Kimbrel y Jansen. Tiene más de un fusilado por entrada. Tan
sólo ha dado 10 bases por bolas en 44 tramos. Los rivales le batean para .132
de average, con .390 de OPS.
El pecado
de Rivero es su falta de salvados. El sistema todavía no acepta que los
rescates son una eventualidad que depende en buena medida de la decisión del
manager. Si Hurdle hubiera usado al criollo en el noveno acto,
consistentemente, posiblemente tendría 15 o 20 y estaría en el Juego de
Estrellas.
¿Injusto?
Claro que sí. La convocatoria de cada año deja por fuera a jugadores con
sobrados méritos. Aunque las nóminas son cada vez más amplias, no caben todas
las figuras. Incluso cuando los que están allí también merecen ir.
El Voto
Final es un ejemplo de eso. Entre los cinco de la Americana, hay tres
campocortos que deberían estar en la cita en Miami: el nativo Elvis Andrus,
Didi Gregorius y Xander Bogaerts. Todos buenos bateadores, buenos guantes y en
buenas campañas.
Andrus vive
su mejor torneo. Si la justa terminara ya, cerraría con topes personales de
jonrones, average, slugging, OPS y OPS ajustado. A este paso, cerraría sobre 20
cuadrangulares, 100 anotadas, 100 empujadas y 38 dobles, todas marcas personales,
amén de 40 robos. Esa sería una de las mejores cosechas de todos los tiempos
para un paracorto del patio.
Se entiende
que en la Nacional
eligieran como catcher suplente a Yadier Molina sobre Willson Contreras, pues
son demasiados años y fama. Pero la lucha de David Peralta por el liderato de
bateo en la Nacional
también merecía un ticket para Miami.
¿Injusticias?
Siempre las habrá. Es imposible que a cada Juego de Estrellas asistan todas las
estrellas, especialmente cuando se trata, en parte, de un concurso de
popularidad.
Publicado en El Nacional, el martes 4 de julio de 2017.

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