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Félix Olivo y sus grandeligas

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Ignacio Serrano

El zurdo José Gregorio Castillo se convirtió en el undécimo
integrante de la promoción 2018 de nuevos grandeligas venezolanos. Es una cifra
que da razones para el optimismo, porque el tope de graduandos en una temporada
es 20 y no llegamos aún a la mitad del calendario.

El carabobeño se ganó el ascenso con los Padres de San Diego
a fuerza de ponches, y le dio una nueva razón para sonreír a otro bigleaguer
criollo muy poco conocido por el gran público.
Castillo es el octavo pelotero representado por Félix Olivo
que cumple con el sueño de llegar a las Mayores. Son muy contados los nativos
que tienen el certificado de la Asociación de Peloteros de la MLB para trabajar
formalmente como agentes y Olivo es un caso especial, porque fue el primero en
montar su propia agencia, lo que explica los frutos.
Los lanzadores Martín Pérez, José Alvarado, Jean Machí, José
Ruiz y Wilmer Font, el jardinero Ramón Flores, el receptor Héctor Sánchez y
ahora el apagafuegos valenciano forman el contingente en la gran carpa de OL
Baseball Group, con la esperanza de seguir creciendo.
“Cuando empecé en esto, sonaba más como un iluso que como
una persona con sentido común y visión real de un futuro palpable”, recuerda
hoy Olivo. “Me movía la pasión por el beisbol, la cual sigue intacta, después
de muchos años en el medio. Y he logrado abrir las puertas que antes estaban
cerradas”.
Este ejecutivo es hoy una de las principales referencias de esa
industria beisbolera que ha crecido en Venezuela alrededor de los diamantes y los
programas de formación. Su nombre suena con frecuencia cada vez que se acerca
el proceso de firmas internacionales de Julio 2 y sus jugadores a menudo hablan
del lazo cuasi familiar que desarrolla con ellos.
“Quise apuntar en particular al mercado latino y llegué a la
conclusión de que para ser más efectivo debía abarcar sólo a los venezolanos,
que es lo que he venido haciendo en estos años”, explica Olivo, que empezó su
proyecto con el inicio del siglo actual, hace casi dos décadas.
El balance de ese tiempo es positivo. Hoy mira atrás, hacia
sus raíces en el centro de Venezuela, mientras intenta consolidar su proyecto
en suelo estadounidense, estrechando relaciones con el sindicato de jugadores, la
MLBPA, y ampliando su grupo de representados con jóvenes que dan sus primeros
pasos, como los cotizados prospectos Miguel Aparicio y David García.
“Es un largo peregrinaje, hasta llegar a las Grandes Ligas”,
cuenta Olivo. “Durante todo ese proceso, son muchísimos los altibajos
emocionales que experimenta un jugador; son muchos los contratiempos,
necesidades y dificultades. El principal es la barrera del idioma, así como eso
que llaman ‘home sick’, la nostalgia
del hogar, muy común en los jugadores que se ausentan de casa por primera vez y
deben ajustarse a un nuevo sistema, en lo profesional y en lo personal”.
Eso también representa un reto: “Como agente, debes tener la
capacidad de ejercer múltiples roles. Ser mentor, papá, sicólogo, amigo,
compadre y, obviamente, ser el representante de sus intereses”, prosigue. “Esa
es la fase más compleja que, como agente, debes afrontar”.
También hay momentos de júbilo, como la llegada de un nuevo
pupilo a las Mayores. Por eso, este fin de semana hubo fiesta en la familia
Castillo. Y Olivo también celebró.

Columna publicada en El Nacional, el domingo 3 de junio de 2018. 

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