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¿Quién es mejor? ¿Felipe Vázquez o Felipe Rivero?

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Ignacio Serrano
Zimbio.com

La salida de Francisco Rodríguez de Detroit, hace un año ya,
dejó a Felipe Rivero como la principal enseña venezolana entre los relevistas de
Grandes Ligas.

Felipe Vázquez ha sido el único cerrojo criollo a tiempo
completo este año en las Mayores. Héctor Rondón ha recibido la responsabilidad
de trabajar el último inning de Houston, recientemente, pero no ha habido otro que
haya cumplido ese trabajo desde el Día Inaugural hasta hoy.
Rivero y Vázquez son la misma persona. Se diferencian únicamente
por la decisión que llevó al yaracuyano a cambiar su apellido este año, con el
argumento de compartirlo con Prescilla Vázquez, a quién públicamente llama
hermana, aun cuando no comparten padre ni madre.
Han transcurrido aproximadamente 12 meses desde que el
manager Clint Hurdle decidió entregarle la pelota al nativo de San Felipe para
buscar el out final en las victorias apretadas de Pittsburgh. Y llegando a la
mitad de esta temporada, ante la pausa del Juego de Estrellas, nos asaltó una
curiosidad sobre el apagafuegos.
¿Quién ha sido mejor? ¿Felipe Rivero o Felipe Vázquez?
El pitcher del año pasado se ganó la asignación gracias a un
desempeño dominante ante zurdos y derechos. Brilló con 1.67 de efectividad en
73 apariciones, un WHIP de ensueño con 0.89 y 10,5 ponches por cada nueve
actos. Además, le conectaron apenas cuatro vuelacercas, a razón de uno cada 18 tramos.
Detengámonos un momento en esos cuadrangulares. Siendo que
su labor usualmente es de un capítulo, significa que le sacaron la pelota del
parque una vez cada mes y medio, algo que vale oro entre monticulistas con su
tarea.
Tal desempeño hizo fácil la decisión de mantenerlo como brazo
principal del bullpen. La gerencia incluso negoció con él una extensión de su
contrato, que aceptó con la asesoría y consejo de Prescilla, asegurando 22
millones de dólares por cuatro torneos, hasta 2021.
Vázquez sufrió severos problemas en mayo. En un lapso que
abarcó seis choques, apenas pudo sacar 3.2 innings, desperdició cuatro
oportunidades de rescate, le hicieron nueve carreras y perdió dos veces.
Ese resbalón afeó parcialmente sus números. Llegó a este fin
de semana con 3.15 de efectividad y 1.30 de WHIP, registros más bien pedestres.
Pero hay ciertas diferencias que cautivan, respecto a un 2017 que ya era bueno
y que él ha hecho lucir mejor.
Los abanicados son un ejemplo. Ha pasado por las armas a
12,4 contrincantes cada nueve actos. Abrumador. Y no es lo único. Rivero golpeó
a cuatro toleteros en la justa pasada y Vázquez no ha dado pelotazos en esta.
La cantidad de bambinazos es otra señal de avance. Le han
conectado una tabla de vuelta completa en 41 incursiones, lo que significa que
ha reducido la media a un jonrón en 40 tramos, o en otros términos, uno por
trimestre.
Un campeonato está compuesto de altas y bajas, y esa
combinación de lo bueno y lo malo es lo que permite ver en profundidad al
verdadero pelotero. Sin embargo, y ya que iniciamos la columna con un guiño,
decidimos terminarla con otro. ¿Y si el sanfelipeño no hubiera lanzado entre el
20 y el 31 de mayo, cuando acusó dolores en el hombro y recibió el castigo que
mencionamos arriba?
Vázquez tendría 1.73 de efectividad si no hubiera sufrido
aquel resbalón. Tan brillante como Rivero.
Columna publicada en El Nacional, el sábado 14 de julio de 2018. 

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