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El exitoso nuevo camino de la Selección Nacional de beisbol



EL EMERGENTE

Ignacio Serrano

Venezuela conquistó la medalla de bronce en el Campeonato
Mundial sub 23 y vale la pena celebrar con la delegación criolla, que durante
poco más de una semana, y durante nueve encuentros, ganó siete veces y cayó
únicamente ante el campeón, México, y el subcampeón, Japón.

La conformación del equipo permite mirar el futuro y sonreír,
ya que hubo un trabajo acoplado entre la Federación Venezolana de Beisbol,
presidida por Aracelis León de Méndez, y el beisbol profesional, con frutos al
final del camino.
La Selección Nacional ha chocado contra el escollo del profesionalismo,
en las últimas décadas. Con la notable excepción del Clásico Mundial, porque es
un torneo coorganizado por la MLB, la Vinotinto ha dependido de peloteros sin
contrato, de jugadores amateurs y últimamente de la Liga Bolivariana, al momento
de emprender una expedición de este tipo.
Acá se trabajó de otro modo. Aprovechando la coincidencia,
por ser un torneo con edad límite, fue posible coordinar con los equipos del
circuito local, a fin de que permitieran a muchos de sus jóvenes valores
asistir a la cita en Colombia.
Jorma Rodríguez, el shortstop del Todos Estrellas, tiene dos
torneos de experiencia con los Tiburones y acaba de cerrar la zafra del norte
en Doble A, con Cleveland. Leandro Cedeño, el designado de ese equipo ideal, dejó
promedios de .336/.419/.592 con San Luis este año, en categoría Novatos, con 14
jonrones y 1.011 de OPS. Nivaldo Rodríguez lanzó con dominio en Clase A de
temporada corta, con Houston, antes de brillar como abridor en el juego por el
bronce. El inicialista Juan Yépez es un buen prospecto de Ligas Menores, un
veinteañero que pronto tendrá su momento en la pelota local. Y así, muchos
casos más.
Fevebeisbol acordó con La Guaira para que Luis Blasini,
gerente general de los escualos, aportara su trabajo como gerente de los nativos.
Eso, entre otras cosas, impactó en la convocatoria y su preparación, gracias a
la sinergia que permitió disputar en septiembre encuentros preparatorios con
los litoralenses, durante la pretemporada de los salados. Todos se
beneficiaron.
La contienda no fue fácil. Venezuela superó a sus principales
rivales del área, salvo México, incluyendo victorias en la ronda regular ante
Puerto Rico y la República Dominicana. Dos veces batió a Corea del Sur, con sus
jugadores fogueados en la KBO, uno de los principales circuitos asiáticos, y sus
únicos verdugos tienen antecedentes altamente competitivos: muchos mexicanos se
forman todavía en la LMB, el torneo de verano de ese país, y otros lo hacen ya
en las Menores, mientras que el grueso de los japoneses crece en la exigente
NPB, antes de dar algunos de ellos el salto a la MLB.
La edad de los “convocables” permitió llevar adelante este
proceso. ¿Permitirá el ejemplo replicar lo ocurrido para compromisos de mayor
envergadura, como el Premier 12 o los Juegos Olímpicos? Son justas que
requieren de una Vinotinto capaz de nutrir sus filas con elementos que
trasciendan la Liga Bolivariana, como acabamos de ver con el tropiezo en los
Juegos CAC.
Quizás sea un experimento y posiblemente deje aprendizajes.
Pero vale la pena sumarse al aplauso a esos medallistas de bronce, que por tan
poco no regresaron de Colombia con el título mundial.
Columna publicada en El Nacional, en su edición del martes 30 de octubre de 2018.

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