El Emergente

El Emergente

Endy

EL EMERGENTE
Por Ignacio Serrano
Chiquito, flaquito y con cara de niño. Así era aquel Endy
Chávez que hacía vibrar con asombro el relato de Carlitos Feo en el circuito
radial del Magallanes.
Tenía 21 años de nacido el jovencito y acababa de poner out
en el home a un corredor, haciendo un tiro casi imposible desde el jardín
central. ¿De dónde salió ese muchacho? La pregunta era inevitable. ¿Cómo alguien
que parecía adolescente podía ser dueño de ese cañón en el brazo izquierdo?
Endy no solamente tenía un cañón. Era rápido. Cubría
muchísimo terreno y volaba de primera a tercera. Pero también bateaba. Era
agresivo en el plato y chocaba la pelota con insistente regularidad. Un
hallazgo. Una alegría para quienes prefieren el buen beisbol antes que las
propias banderías.
El valenciano se convirtió de inmediato en noticia y, a
pesar de usar la misma camiseta siempre, ganó popularidad desde temprano, por
su pimentosa forma de jugar y su particular biotipo.
La prensa lo aclamó con el mismo ímpetu que le aplaudió la
afición. Después de 55 juegos y 216 turnos, fue proclamado como Novato del Año
en 2000, con .310 de average, nada menos que 7 triples, 9 tubeyes y 29
anotadas.
Fue el comienzo de la larga y brillante carrera que hoy
festejamos.
Han pasado 22 años desde su estreno y 19 temporadas en
total. No completó la veintena porque faltó en la 2006-2007 y de nuevo en la
2009-2010, cuando vivía su mejor momento en las Grandes Ligas, y otra vez en la
2015-2016, por un problema familiar.
En 2001 fuimos al Kauffman Stadium, la casa de los Reales,
buscando a Roger Cedeño. Sus Tigres de Detroit estaban de visita en Kansas City
y queríamos entrevistar al venezolano con más bases robadas en una temporada.
En el estacionamiento del parque, la efigie de Chávez flameaba en grandes
banderolas, colgadas de los postes. Entre los demás protagonistas de los
monarcas, el outfielder aparecía como uno de los más jóvenes.
Endy no había cambiado mucho. Seguía siendo flaco, rápido y
con un cañón en el brazo izquierdo.
Había sido tomado en el Draft de la Regla 5 y no decepcionó.
Aunque apenas fue al plato 80 veces y bateó para .208, inició una carrera en la
gran carpa que le tendría arriba durante 13 zafras, las primeras nueve
consecutivas. Fue titular con los Expos de Montreal en dos justas y se
acostumbró luego al rol de cuarto jardinero con los Mets de Nueva York y con media
decena de organizaciones, aunque fue con los metropolitanos donde más tiempo pasó
y donde dejó la mayor huella.
Aún es recordado en la Gran Manzana por aquella atrapada en
el séptimo juego de la Serie de Campeonato de 2016, considerada una de las
mejores de todos los tiempos en postemporadas de la MLB. Ya por entonces era
una figura entrañable en la LVBP, el pelotero al que miles coreaban “Endy sí,
Chávez no”, cuando llegaba de visita a cualquier estadio.
El muchachito de finales de los 90 ha cambiado poco. Fue
campeón con cuatro equipos diferentes: Navegantes, Caribes, Tigres y Águilas,
aunque nunca dejó de pertenecer al Magallanes. Quizás por eso, o porque siempre
jugó duro, recibió la despedida que merecía en cada parque que visitó, hasta
finalmente escuchar la ovación que le despidió en Barquisimeto.
Fue un aplauso unánime, al tomar el que quizás haya sido su
último turno en el beisbol profesional. Una despedida emocionada al capitán que
nunca perdió la cara de niño ni dejó de sonreír.
Columna publicada en El Nacional, en su edición digital del martes 22 de enero de 2019. No pudo circular en papel debido a las restricciones que sufre la prensa venezolana.

Ignacio Serrano

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