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El día en que la Chinita bendijo a Luis Aparicio

Foto Augusto Cárdenas



Se cumplen 67 años de uno de los momentos más emblemáticos en la historia de beisbol venezolano

Por Ignacio Serrano
ElEmergente.com

Tenía 19 años de nacido, Luis Aparicio, cuando fue a batear
por primera vez en el beisbol profesional.

Apenas 19 años de edad y el doble compromiso de estrenarse
en la más alta competencia, teniendo que hacerlo, además, ocupando el lugar del
mejor shortstop de Venezuela en la primera mitad de siglo XX, uno con tanta
admiración popular, que se ganó el honor de darle nombre al principal parque de
pelota del estado Zulia.
Sí, así es. Porque “Luis Aparicio, El Grande de Maracaibo”, epónimo
del estadio de las Águilas, rinde homenaje al padre, Aparicio Ortega, y no a su
genial vástago.
Aparicio Montiel ya era un adelantado, a sus 19 años de
edad. De allí que su mentor no dudara en darle el bate para ir al plato en
lugar de él, en ese inolvidable encuentro entre Gavilanes y Pastora, que
dividió en dos la historia del beisbol local.
Aquel Juego de la Chinita, celebrado en 1953, marcó el debut
de quien en 1984 vería su placa expuesta en el Salón de la Fama de Cooperstown.

Fue en la Liga Occidental, uno de los dos circuitos reconocidos por la MLB que
ha tenido Venezuela.

Había sido integrante de selecciones nacionales y estaba a
punto de disputar su primer compromiso en la LVBP, un año después, una fugaz
participación de una campaña con el Caracas, en la zafra 1954-1955.
Con el Gavilanes, institución de alcurnia en Maracaibo, ganó
su primer premio como Novato del Año. En octubre de 1956 recibiría el segundo, ya
en la Liga Americana.
El Juego de la Chinita es parte del gentilicio zuliano, una
fiesta que convoca a miles de comensales cada 18 de noviembre, desde los
tiempos del estadio del Lago, los tiempos de Aparicio El Grande.
Desde hace medio siglo, sin embargo, es una celebración que también
festeja a Aparicio hijo.
No se suponía que sería así. Al recluta le tocaba estrenarse
un día antes, el 17 de noviembre.
“Pero cayó un palo de agua y no se pudo jugar”, le dijo
Aparicio a su biógrafo, Augusto Cárdenas. “Eso me lo tenía preparado la
Chinita”.
Bajo el mismo sol que hoy calienta Maracaibo, Aparicio tomó
el bate por orden de su padre y caminó al home un 18 de noviembre. Fue el
primer bateador del Gavilanes ese día, en una fecha que bendijo para la posteridad
la Virgen de Chiquinquirá.

Publicado originalmente en el Blog.Banesco.com, el martes 18 de noviembre de 2014.

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