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El juego de Lillian. El sueño de una chica que juega duro al beisbol

Foto Chad Martineau

Por Antonio Matheus
@antomatheus

La vida es un pitcher curvero, con la ocasional recta y la esporádica bola de nudillos, sólo para confundirte de vez en cuando. Una pandemia global es, en cierta forma, un inning más del juego; admito que es un inning raro, pero un inning al fin y al cabo. 

Twitter también es como la vida. En su mayoría es un lugar sórdido, pero, si aprendes a navegarlo, a cruzar en las esquinas correctas, no sólo encontrarás decoro y camaradería, sino incluso disfrute y, si tienes suerte, una visión distinta. 


Al principio de la pandemia apareció entre mis tweets Lillian Martineau, sólo porque alguna persona relacionada con el beisbol que yo sigo le dio “me gusta” a uno de sus tuits. Ella apareció (su tuit) de forma arbitraria, porque algún algoritmo de Twitter jugó a ser Dios, tal cual como fue diseñado para hacerlo. 
El tuit en cuestión mostraba un video de esta niña pitchando con el corazón, y escrito estaba su petición de consejos para mejorar su técnica. 
Esto, para mí, es el equivalente a la esperanza. Cualquier persona que pide consejos cuenta con una esperanza inherente, probablemente una de las cualidades más puras que un ser humano puede exhibir. 

Desde el inicio me gustó.

Me conmovió su evidente amor por el juego, algo que tenemos en común. Contacté a su papá, para ver si podía aprender un poco más sobre su historia, para posiblemente escribir algunas palabras (las mismas que estás leyendo ahora). Lillian es parte de una familia de cuatro, con su papá Chad, su mamá Katie y su hermana menor Brooke (que también juega). Nació en 2006 (condenada juventud) y vive en Connecticut. 

Empezó a jugar beisbol cuando se mudó a Harwinton, debido a la ausencia de equipos de softball de pequeñas ligas en el lugar. Lillian tenía 8 años. Es fanática de los Mets (pobre niña). Debido a la pandemia, ha encontrado más tiempo para practicar, y empezó a mostrar su progreso en esos edificantes videos en las redes sociales. 
Dentro de todo, se trata de un background americano típico del siglo XXI que, debido al tiempo sobrante que yo también tuve en mis manos, me hizo pensar en las bondades del beisbol y las vueltas que ocurren con el paso del tiempo. Por eso quiero compartir algunas percepciones con Lillian, y con suerte compartir a Lillian con algunos fanáticos amantes del juego. 
Foto Chad Martineau

El beisbol es una colección de momentos chiquitos. Dentro de un juego, una temporada, un inning, un turno al bate o una vida, eso es lo que es, momentos chiquitos que, al sumarlos, tienen un significado. 

Algo en particular que tengo en común con Lillian es la relación con su papá con respecto al beisbol. Yo le diría que debe abonar esa relación y nunca darla por sentado. Mi papá me inculcó el amor al beisbol. El ahora tiene 86 años de edad y yo vivo solo con él. Tengo que decirle a Lillian, incluso hoy día, que su comportamiento es más infantil debido a su edad, sólo hablamos de bananas y beisbol. 
Ver un partido con mi papá es tan bueno como un helado, es la actividad donde mi alma tomó forma. Yo espero que Lillian también pueda contar con esta dicha. 
La vida, como el juego, es todo sobre el timing. La distancia de una base a otra es exactamente 90 pies, ni más, ni menos. La precisión en la ejecución (y un poco de suerte) es clave. Yo pienso que la hora de Lillian (y de niños y niñas como ella) es ahora. 
Tuve la suerte de hablar con alguien adelantada a su tiempo sobre Lillian, la coach Justine Siegal, primera coach mujer en un equipo profesional de beisbol, quien fue lo suficientemente amable para brindar unas palabras de experiencia para este artículo. Ella dijo “Yo, como Lily, soñaba con jugar beisbol al más alto nivel. Yo amaba el juego y era mi actividad favorita. Mientras pasaron los años, disminuyeron las oportunidades que tuve. Pero mi amor por el juego nunca se fue. Cambié mis sueños de jugar por sueños de ser coach, y me convertí en la primera mujer en ser coach en el beisbol profesional. Lily, y todas las niñas, deberían tener las mismas oportunidades de jugar beisbol que los niños. No está bien limitar a una niña, sólo por ser niña. Sus sueños de beisbol también son importantes”. 
Mi percepción sobre las palabras de la Sra. Siegal me invitan a decirle a Lillian y a todos los niños como ella, independientemente del género o la situación, que sigan adelante. Mantengan su lucha. Aprovechen y saboreen el momento. 
Ya yo estoy llegando al momento en el que pregunto: “¿por qué estoy suave en el medio, si el resto de mi vida es tan dura?”, así que ahora es tu turno Lillian. El turno de hacer tus sueños realidad y crear los sueños de aquellos que vendrán detrás de ti, y ¿por qué no?, realizar los sueños de los que vinimos antes. 
Tú y los niños como tú mantienen vivos a personas como mi papá sólo con jugar y disfrutar el juego. Por eso te necesitamos. 
Mi mensaje para el resto sería que sigan el progreso de Lillian en la redes sociales, porque simplemente es diversión y puro beisbol.


(«El juego de Lillian» es una traducción del artículo original en inglés que el propio Antonio Matheus escribió para el sitio prospects1500.com. Fue publicado el 27 de noviembre. Haciendo clic aquí la puedes leer también.)


Antonio Mateus es escritor y periodista. Puedes seguirlo en Twitter en su cuenta @antomatheus.

2 thoughts on “El juego de Lillian. El sueño de una chica que juega duro al beisbol

  1. Para el camino que está tomando el béisbol actualmente entre sabermetría y talento natural el espacio para jugar a nivel profesional el béisbol se está exterminando rápidamente para los seres humanos, es como el basketball, si no reunes condiciones y talento que Dios te dio como dones, por muchas toneladas de esfuerzo no estarás al primer nivel.

  2. Me gustaria que llegara el dia donde las mujeres puedan llegar a jugar beisbol al mas alto nivel quisas falte mucho pero llegara asi como llego el de ver un jugador de color el ver un latino tardo muchas luchas pero llego ese dia

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