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La maravillosa anécdota del novato que se equivocó de equipo y jugó 3 encuentros con sus rivales


HISTORIAS DEL DIAMANTE
Por Joaquín Villamizar Baptista

Hoy hablaremos de un novato pelotero mexicano que se bajó por distracción de un tren de pasajeros para jugar tres juegos con el equipo equivocado.

Esta historia es asombrosa, por ser tan romántica, rural, ingenua, sensacional… tan espectacular, que de primera intención se cree a medias. 





En octubre de 1960, la Liga Mexicana del Pacífico comenzaba su actividad. En uno de aquellos antiguos y cansados ferrocarriles de pasajeros de rodar lento y despachar humo, trenes que silbaban en cuanta estación veían al paso, viajaba procedente de Chihuahua un jovencito con sueños y deseos de ser estrella del beisbol.

A sus 21 años, era su primera experiencia en un viaje de tantas horas. Su carácter introvertido, muy poco comunicativo, callado, la mayor parte del tiempo, le hizo sentir aún más pesado el recorrido. La máquina y su ristra de vagones se detenían en todas las estaciones para dejar y recoger pasajeros, así como para que las calderas tragaran agua. Estación San Juanito… Estación Greel… La Bufa… San Ignacio… La Fuente… San Blas… Los Mochis… Huatabampo… Navojoa… Obregón… 

El muchacho, Héctor Espino, tenía pasaje para 21 paradas, hasta Hermosillo, donde le esperaban los Naranjeros, a fin que firmara su primer contrato para jugar beisbol profesional. Pero en la escala de Obregón, todavía a más de 270 kilómetros de su destino, y no se sabe por qué razón, creyó finalmente haber llegado. Se confundió y descendió al andén con su equipaje. 

Espino hizo un gran esfuerzo para vencer la timidez y preguntó cómo llegar al estadio de beisbol. Dijo entonces: “Es que soy pelotero, ¿ve usted? Y vengo a jugar con el club de aquí”. 





Un fanático entusiasmado le ofreció conducirlo hasta las oficinas del equipo. ¡Y lo llevó! Los dirigentes del equipo, Yaquis de Obregón, le preguntaron extrañados, ya en el stadium: “¿Quién eres y cómo te llamas?”, porque no esperaban a ningún jugador nuevo. Pero llamó la atención que viniera desde Chihuahua, y también por su juventud y gran fortaleza física. Además, necesitaban peloteros y le dijeron: “Está bien, jovencito. Te vamos a firmar”. 

Al día siguiente, ya estaba uniformado y en el lineup. Esa misma noche sacó su primer jonrón en esa liga… pero claro, en Hermosillo estaban de lo más angustiados, porque no les llegaba el muchacho que esperaban y que estaban siguiendo hacía tiempo.

Los Naranjeros comenzaron a averiguar, hasta que lo encontraron, después que ya había aparecido en tres encuentros con los Yaquis. Y se lo llevaron inmediatamente, por supuesto, para vestirlo de Naranjero. Hoy día, este tipo de curiosidades no pasa, por la buena organización, las actuales comunicaciones y los controles que hay con los peloteros de la Liga Mexicana del Pacífico, los drafts, etc. Pero, estamos hablando de 1960 (¡hace 60 años!).

Después de aquel jonrón inicial con los Yaquis, Héctor disparó 9 más con los Naranjeros y fue el líder de la temporada 1960-1961. Fue el primero de 7 campeonatos de la especialidad que ganó allí, incluidos los 26 que larfo en su mejor campaña, la 1972-1973. 

En total, dejó el récord de 310 jonrones, .330 de average y 1.120 empujadas en la LMP.

Dos años después del histórico viaje en el tren de Chihuahua-Hermosillo, debutó Espino en la Liga Mexicana (considerada Triple A), el circuito de Verano en su país, con los Sultanes de Monterrey. Allí tuvo totales de 413 cuadrangulares, con .335 de average y 1.573 empujadas en 2.388 juegos de 23 temporadas, entre 1962 y 1984. 


El periodista e historiador Juan Vené le preguntó a Héctor Espino en una ocasión por esa situación del tren y éste le respondió: “Si, es cierto… cuando me uniformé fue que me di cuenta que estaba en otra ciudad diferente a Hermosillo. Pero, ¡ya era tarde! ¡Tuve que jugar… me daba pena echarme para atrás! Qué tonto era yo cuando chamaco, ¿verdad?”. 

Por lo hecho en su carrera, no parece que haya sido nada tonto, Héctor Espino, a quien se considera el mejor pelotero en la historia de México. 

Espino no llegó a jugar en Grandes Ligas porque, siendo integrante de los Sultanes de Monterrey, lo firmó el cubano, Bobby Maduro, entonces scout de los Cardenales de San Luis. Pero el bono de 30 mil dólares lo cobró el propietario del equipo regiomontano y, supuestamente, nunca quiso darle a Héctor el 50 por ciento que él pedía. Así le contó a Vené, Espino, y lo corroboró Maduro. Por eso, después de una corta pasantía en las menores con el club Triple A de Jacksonville, regresó a México. 


Días después, Maduro le ofreció a Espino los 30 mil dólares que el dueño había devuelto. Y Espino ya no estaba interesado. Finalmente, regresó a los Sultanes de Monterrey y solía evitar comentarios sobre el tema, diciendo: “No me hablen de eso. Fue un trago muy desagradable para mí”.

Espino murió en Monterrey, el 7 de septiembre de 1997, a los 58 años de edad. Fue una bellísima persona y una superestrella. Es historia, amigos.

Joaquín Villamizar

Fuentes: Cinco mil años de beisbol, por Juan Vené. La otra historia, por Arturo León Lerma. Las Mejores Anécdotas del Beisbol, por Juan Vené.

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