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La encrucijada de Marwin González en las Grandes Ligas

Marwin González fue una de las figuras de los Astros de Houston en 2017. Llegó a ser uno de los más cotizados jugadores de reserva en el beisbol. Pieza clave en la conquista de aquella Serie Mundial.

Menos de cuatro años después, se rompe su historia con los Medias Rojas de Boston, luego de una prolongada sequía con el madero. Ha llegado a una encrucijada en su carrera de casi una década en la MLB.

Aunque sigue siendo tan versátil como el que más, esta semana fue cortado por la tropa del manager puertorriqueño Alex Cora y no hay garantía de que alguien lo vaya a tomar.

Ciertos numeritos explican que la decisión era inminente. El recién adquirido Kyle Schwarber estaba listo para disputar su primer juego con los patirrojos. Sacudió 25 jonrones con los Nacionales de Washington, antes de ir a la lista de lesionados y luego ser cambiado a los de Nueva Inglaterra. Urgía abrirle un lugar en el roster.

González, en cambio, solo tenía 2 cuadrangulares. Y si bien eso importa poco, porque su papel no es empujar carreras, lo demás tampoco le ayudó: deja promedios de .202/.281/.285.

Es una línea que en nada se compara con sus mejores tiempos, cuando recorría todas las posiciones del cuadro y los jardines, con Houston, sin dejar de aportar con el madero.

El venezolano era un favorito de Cora. Lo muestran los hechos. Mientras estuvo sano, apareció en el lineup entre cuatro y cinco veces por semana. Defendió la inicial, la segunda base, el short, la tercera, el left, el right y hasta lanzó una vez. Solo le faltó pasar por el center y ponerse los aperos del catcher.

«Fue una decisión difícil, obviamente», admitió el estratega vía Zoom, citado por varios medios de comunicación de la Costa Este. “Él nos gustó desde antes de empezar la temporada. Es muy versátil. No pudo aportar a la ofensiva. Esto es parte del negocio, ¿verdad? Tienes que tomar decisiones difíciles».

González vio acción en 77 juegos y fue a batear 271 veces, algo sorprendente para sus numeritos. Porque su OPS ajustado es pavoroso: con un registro de apenas 55, nos prueba que fue un toletero 45 por ciento inferior a la media de las Grandes Ligas.

“Fue alguien sobresaliente en el clubhouse y en la banca», explicó Cora. «Tuvo que superar problemas físicos. Pero al comienzo de la temporada, por su versatilidad y su defensa, nos ayudó a ganar encuentros”.

Pocos utilitys han llegado a tener el estatus que González alcanzó en 2017. Tomado cinco años antes en el Draft de la Regla 5, sumaba ya dos cosechas con OPS sobre 100 puntos. Pero en esa justa se alzó hasta batear para .303/.377/.530, con topes personales de 23 vuelacercas y 90 carreras empujadas.

Aquella vez, dice su OPS ajustado, resultó ser un bateador 46 por ciento mejor que la media de la MLB. Exactamente lo contrario de ahora. Y lo hizo, a pesar de rotarse por seis posiciones del diamante.

Tamaña cosecha le valió el contrato de su vida después de 2018. Lo obtuvo en otra organización. Pero se ganó el aprecio de todos en su primera divisa, por el impacto que causó.

González pasó las siguientes dos campañas en Minnesota, antes de volver a declararse agente libre y sumarse a los Medias Rojas para este torneo.

Boston esperaba más de él. Cora también. Y al parecer, tanto el manager, como el club y el propio jugador tomaron esta ruptura sin pasiones. O eso es lo que dice el timonel.

«Él me conoce y ambos sabemos que esto es un negocio», indicó el boricua. “En lo personal. él sabe que todavía me preocupo por él y sé que él se preocupa por mí. Pero, al mismo tiempo, me debo preocupar por mucha otra gente. Es parte del negocio. Y como grupo, decidimos que este era el movimiento necesario».

«Fue difícil, obviamente, no solo para mí, sino también para quienes lo conocen», agregó Cora. «Pero sentimos que en este momento tenía sentido esto. Le deseamos lo mejor. Veremos a dónde va en los próximos días».

Esa es la clave: saber cuál será el futuro de González. A corto plazo, es posible que algún equipo lo tome en waivers o espere a que se declare agente libre. Su capacidad para pasar de posición en posición, con buena defensa, puede ser de ayuda para alguien en la recta final de 2021.

El desafío está en el largo plazo. Ya son cuatro temporadas al hilo bajando sus cosechas ofensivas. Las dos últimas han sido particularmente áridas, con una línea global de .206/.284/.300 entre ambas. Es casi seguro que estará obligado a demostrar en el próximo Spring Training que merece otra oportunidad. Y tendrá que batear para ganársela.

Si no puede hacerlo, está por finalizar su recorrido en el Big Show, la carrera a veces sorprendente de quien llegó a ser uno de los mejores utilitys de su tiempo en las Grandes Ligas.

Por Ignacio Serrano

Publicado en El Tiempo Latino, de Washington, y El Planeta, de Boston, el sábado 14 de agosto de 2021. Aquí el original.

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