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El segundo mejor catcher de las Grandes Ligas es un secreto bien guardado

¿Quién es el mejor catcher de las Grande Ligas? El asunto es debatible, claro, pero ahora mismo, por su atronadora ofensiva y su defensa de Guante de Oro, una mayoría probablemente respondería que Salvador Pérez.

El venezolano acaba de romper la marca de 45 jonrones en una temporada que dejó el legendario Johnny Bench en 1970. Ha puesto out a 45 por ciento de los corredores que han intentado robarle bases. Es corresponsable, dicen los Reales de Kansas City, de la acelerada madurez de jóvenes lanzadores como su compatriota Carlos Hernández.

Pérez tiene el paquete completo. Va camino a los 50 jonrones, al Bate de Plata y a otro galardón dorado por su defensiva.

Pero ¿quién es el segundo mejor catcher en la MLB, hoy por hoy? ¿Buster Posey? ¿El seguro puertorriqueño Martín Maldonado? ¿El laureado boricua Yadier Molina? ¿El ascendente venezolano Willson Contreras?

Es posible que una encuesta entre aficionados, de esos que solo sigan a sus equipos y poco, más arroje muchos nombres, antes de hacer justicia.

Porque el segundo después de Pérez, en este instante, es posiblemente un secreto muy bien guardado. Apenas batea para .233 en esta temporada y juega para una de las escuadras con menos sex appeal del Big Show.

Hablamos de Elías Díaz, el discreto zuliano que desde hace semanas vive su mejor momento en el beisbol.

Díaz es el careta de los Rockies de Colorado. Durante seis temporadas trató de concretar en la Gran Carpa aquello que los scouts proyectaban de él cuando estaba en las Ligas Menores. Llegó a ser uno de los mejores prospectos receptores cuando crecía en las granjas de los Piratas de Pittsburgh. Hoy es un poderoso émbolo en el motor de los rocosos.

Pero ¿por qué no se habla más de él?

Jugar para una escuadra del Medio Oeste ayuda poco, en términos de publicidad. Son mercados pequeños y, por lo tanto, alejados de los grandes medios, ubicados en ciudades como Nueva York, Boston, Chicago o Los Ángeles.

Pero fue su pésimo inicio lo que ha mantenido su asombrosa evolución cubierta por un velo de discreción.

Díaz bateaba apenas para .161/.245/.242 a finales de junio. No sé embasaba, no mostraba poder. Nada.

A pesar de estar arriba desde el Día Inaugural, tenía .109 de average el 12 de mayo y .123 el 1° de junio.

Lo que ha venido después de ese abismo ha sido sorprendente. Porque Díaz ha sido uno de los maderos más productivos de la Liga Nacional desde que el 28 de junio se fue de 2-1, con base por bolas y jonrón.

A partir de ese día, fue a batear 211 veces, contando hasta el miércoles. Dio 16 cuadrangulares en 193 turnos. Eso da una media de un vuelacercas cada 12 turnos, el ritmo de los más conspicuos jonroneros.

Sus promedios en esos tres meses subieron a ritmo de vértigo. Tiene una línea de .280/.341/.606, con .947 de OPS en ese período. Ha disparado dos Grand Slams.

Pero este nativo de Maracaibo no solo lleva casi tres meses inspirado con el bate. Sus ya conocidas habilidades detrás del home han florecido, al hallar, por fin, la bendición del juego diario.

Su potencia, movimientos y puntería al tirar la pelota a las bases le ha permitido hacer out a 44 por ciento de los corredores contrarios. Si su compatriota Pérez es líder en la Americana con 45 por ciento, él es el líder absoluto de la Nacional.

Son registros de élite. La media de los mascoteadores en las Grandes Ligas es de 25 por ciento.

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El asunto es debatible. Pérez puede ser el número uno hoy, por su combinación de bateo y defensa. Es el hombre noticia, el toletero con más bombazos en una temporada en la que su posición primaria ha sido la de receptor.

Pero Díaz está pisando fuerte. Es uno de los bates con más fuerza en los Rockies y candidato al Guante de Oro en la Liga Nacional.

Por Ignacio Serrano

Publicado en El Tiempo Latino, de Washington, y El Planeta, de Boston, el jueves 23 de septiembre de 2021. Aquí el original.

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