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Mi voto para el Salón de la Fama de Cooperstown. Por Luis Enrique Rangel

Luis Enrique Rangel es periodista venezolano y miembro de la Asociación de Cronistas de Beisbol. Durante dos décadas ha cubierto la MLB en EEUU y antes lo hizo en Venezuela. En esta nota escrita para El Emergente, explica su voto para el Salón de la Fama de Cooperstown y razona su posición sobre Bob Abreu y Omar Vizquel.

MI VOTO PARA COOPERSTOWN

Por Luis Enrique Rangel

Este ha sido el año en que se me ha hecho más difícil votar para el Salón de la Fama. Considero que existen al menos 12 candidatos cuyas estadísticas los hacen meritorios para estar en Cooperstown.

La planilla, sin embargo, nos permite un máximo de 10.

En los años anteriores no he considerado necesario explicar mi manera de votar. Es sencillo, es un voto más y no creo relevante hacerlo. No creo que exista la planilla perfecta, ni tampoco un voto malo. Es, al final de cuentas, un voto más dentro de un universo de poco más de 400 votos.

Este año, por primera vez, voy a retirar un par de nombres por los que he votado anteriormente. Considero que esto amerita una explicación, aunque al final, es una cuestión más que todo de logística y espacio.

¿Por qué no voté por Sammy Sosa este año, si lo he hecho en el pasado? ¿Ha cambiado mi percepción con respecto a su carrera como grandeliga? Confieso que un poco. Pero más allá de eso, Sosa se encuentra ya en su última oportunidad y el año pasado sacó apenas un 17 por ciento de los votos. Está claro, que un voto más o menos, no hará ninguna diferencia para el dominicano. Es más que evidente, entonces, que Sosa no necesitará mi voto para Cooperstown, ¡necesitará cientos de votos más!

¿Y Curt Schilling? Creo que Schilling es un Salón de la Fama absoluto. No voy a evaluar aquí lo que ha hecho después fuera del terreno de juego, y aunque sea una comparación de peras y manzanas, creo que contribuir a desestabilizar la democracia y diseminar teorías conspirativas demenciales –tarea a la que se ha dedicado últimamente y que han tenido un impacto negativo en la sociedad estadounidense– es bastante peor que el haber utilizado esteroides, como el caso de otros peloteros en la actual papeleta.

Schilling, a diferencia de Sosa, sí está bastante cerca de Cooperstown. Está en su último año y en 2021 se quedó un poco corto, apenas 16 votos. Pero Schilling, de una forma bastante particular, nos ha pedido que no votemos más por él.

«No participaré en el último año de la votación. Solicito que me eliminen de la boleta electoral. Lo someteré al comité de veteranos y a los hombres cuyas opiniones realmente importan y que están en condiciones de juzgar a un jugador», dijo Schilling en un comunicado al Salón de la Fama donde pidió que lo retiraran de la papeleta. «No creo que sea un miembro del Salón de la Fama como he dicho a menudo, pero si los ex jugadores piensan que lo soy, lo aceptaré con honor».

Cooperstown no aceptó y decidió dejar a Schilling en la papeleta.

Creo que Schilling se equivoca. Creo también que el Salón de la Fama también se equivoca. Y puede ser que yo también me equivoque no votando por él en esta ocasión, pero fue él mismo quien nos pide no hacerlo, y él mismo quien considera que son los ex peloteros los que tienen la verdadera capacidad para determinar si es un inmortal o no. En todo caso, tal como lo dijo el mismo Schilling, mi voto y mi opinión no importan.

No creo que a los peloteros se les deba juzgar, en el caso de su elección al Salón de la Fama, por la personalidad y si fue un ejemplo o no (la bendita character clause). Es imposible hacerlo. Los periodistas no conocemos el lado real de los peloteros. Tampoco sabemos al final cuántos se doparon y quiénes lo hicieron. Y en todo caso, si Cooperstown no quiere a peloteros que hicieron trampa, o se han comportado mal, o no han se han convertido en un buen ejemplo a seguir, entonces que reciban un trato similar al de Pete Rose: desaparecerlos de la lista de nombres elegibles, es decir, borrarlos de la papeleta.

No creo que debamos ser los periodistas los faros morales de Cooperstown. Debe ser el propio Salón de la Fama. Al final de cuentas, es su Salón de la Fama.

Por lo que mientras siga apareciendo Manny Ramírez o Alex Rodríguez en la papeleta, seguiré votando por ellos. Al menos, hasta que en un futuro –y quizás estando ya al final de sus procesos y sin oportunidad de ser seleccionados, como el caso de Sosa este año– tome ese espacio para entregárselo a otro jugador que necesite más el voto.

Sé que existen las críticas cuando un periodista no vota por X jugador que luce como un caso seguro. Pero más allá de todo, me parece que las elecciones a medida que han pasado los años han sido más justas y precisas. En la primera, por ejemplo, hubo 11 electores que no votaron por Babe Ruth. Sí, leyó bien, por Babe Ruth. En 1974, 43 dejaron afuera de su papeleta a Mickey Mantle. Y en el caso de Hank Aaron, hubo nueve que consideraron que no merecía estar en Cooperstown. La lista de ejemplos de este tipo es extensa.

En años recientes, hemos visto el primer elegido de forma unánime, Mariano Rivera, un latino, para más señas, y también es reconfortante ver cómo más y más electores tratamos de educarnos en las nuevas estadísticas y nuevos enfoques que cambian la percepción con la que crecimos cuando éramos niños o adolescentes.

Tal como lo dije más arriba: no hay votos perfectos. Somos poco más de 400 personas pensando de forma diferente. Y así debe ser. Así debe funcionar. Es un auténtico proceso donde se ejerce la democracia, que desafortunadamente por estos días vive momentos complicados en gran parte del mundo.

Una reflexión final. Me reservo el derecho a votar por quien así lo creo. Me reservo también el derecho a cambiar eventualmente de opinión con respecto a los méritos de un pelotero u otro. Es sencillo, si bien los números no van a cambiar, quizás aparezca alguien enseñando un argumento o una estadística lo suficientemente contundente que me haga cambiar de opinión. Así funciona la ciencia, y así funciona nuestro día a día, vivimos bajo aprendizajes constantes.

POR QUÉ SÍ BOB ABREU

Bob Abreu me impresionó desde el primer día que lo vi jugando con los Leones del Caracas en la temporada 1991-92. En aquel entonces, era yo apenas un fanático que ni siquiera soñaba que unos años después estaría votando por él para el Salón de la Fama.

Abreu es uno de esos casos curiosos en la votación, uno de esos jugadores que no parece, así de antemano, un pelotero inmortal. Hasta que se empieza a revisar sus números y se empieza a comparar con otros.

Tiene un WAR de 60.2, un número más elevado que figuras como Vladimir Guerrero e Ichiro Suzuki, por ejemplo. En general, de acuerdo a Fangraphs, su WAR es más alto que el de 13 peloteros que jugaron en el jardín derecho que hoy en día tienen su placa en Cooperstown.

Durante sus años tope, que fueron varios, además, fue uno de los líderes en porcentaje de embasamiento. Y toca también recordar la ya famosa comparación con Tony Gwynn que anda rodando en las redes sociales y en la que ambos tienen números bastante similares.

No sé si al final sus cifras le permitirán llegar hasta Cooperstown. Pero creo que es alguien que tiene un caso interesante, válido para seguir analizando, y que por lo tanto, sería una pena que desapareciera al caer por debajo del 5 por ciento reglamentario para mantenerse en la papeleta.

POR QUÉ NO VIZQUEL

Todos en Venezuela, los que crecimos siendo aficionados de la pelota, sabíamos quién era Omar Vizquel. El campocorto ideal, al menos con el guante, para todos aquellos que no pudimos ver a Luis Aparicio o que no pudimos presenciar a David Concepción en el mejor punto de su carrera.

Vizquel, a diferencia de Abreu, tiene números llamativos desde el vamos, como por ejemplo sus 2.877 hits, así como sus 11 Guantes de Oro. Sin embargo, al evaluar un poco más esas cifras, se hacen evidentes las limitaciones del caraqueño con el madero.

Vizquel fue un acumulador de hits, pero en general tuvo un bate bastante discreto. Su OPS ajustado es de apenas 82 y su WAR es de 45.6, más de 20 puntos por debajo del promedio de los campocortos en Cooperstown. Cierto, Vizquel bateó muchos hits, pero hizo muchísimos outs también. De hecho, según un análisis del blog Cooperstowncred.com, “hay 36 peloteros que terminaron su carrera con entre 2.700 y 2.999 hits. De todos esos, Vizquel es último en OPS y OPS ajustado, por bastante. Vizquel fue el que más veces falló bateando en todo ese grupo”.

No quiero minimizar la carrera de Vizquel, que fue realmente brillante. Jugar 24 años en Grandes Ligas tiene un enorme mérito. Esa acumulación de hits es precisamente parte de ese mérito. Pero en realidad su ofensiva día a día tuvo muy poco impacto. Y al menos hasta que aparezca algún argumento –estoy por supuesto abierto a ello– que muestre que el bateo de Vizquel fue mejor de lo que parece, quedará afuera de mi papeleta.

  • Luis Enrique Rangel es periodista y miembro de la BBWAA.
  • Escribió sobre beisbol en Venezuela para el diario Meridiano, primero, y después El Universal.
  • Ha seguido las Grandes Ligas en varios medios de Estados Unidos, desde que emigró a ese país hace casi dos décadas. Eso incluye su labor en El Nuevo Herald de Miami y el Diario Las Americas.
  • Es uno de los pocos venezolanos que cuentan con el privilegio de poder votar cada año en la escogencia del Salón de la Fama de Cooperstown.

4 thoughts on “Mi voto para el Salón de la Fama de Cooperstown. Por Luis Enrique Rangel

  1. Espero que cuando toque, el comité de veteranos haga justicia e ingresen al mejor SS que, ha jugado en la MLB. Es una lastima que personas sin haber jugado, ni siquiera pelota de goma, tengan la inmensa responsabilidad de elegir a los inmortales del béisbol. Es tiempo Cooperstown haga los ajustes para que voten los inmortales que están vivos y los periodistas del béisbol hagan lo que más saben, escribir sobre este maravilloso deporte.

  2. Nadie tiene la verdad absoluta pero los numeros no mienten como Venezolano me gustaría que entre pero la realidad es otra tiene muchas manchas blancas pero otras no muy blancas

  3. Me parece injusto hacer comparaciones sobre todo cuando se trata de un SS como Vizquel, su habilidad no era el bate sino su guante. ¿Por qué un voto al salón de la fama es medido por su bate? Cada caso debe ser estudiado en detalle y mirar las características del pelotero en si. Derek Jeter fue un buen SS pero nunca mejor que Vizquel ni siquiera en sueños, pero por ser mejor bateador entra en el salón de la fama? Creo que se equivocan al mirar la carrera del pelotero y distorsionan el sentido de lo que representa estar en el salón de la fama. Hay que quitarse el sombrero ante un jugador como Vizquel que llegó a ganar incluso 9 guantes de oro seguidos. Y particularmente nunca fui fanático de él.

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