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Robinson Canó: la estrella en desgracia que no llegará a Cooperstown

Robinson Canó espera una llamada que le permita conseguir una nueva oportunidad / Foto captura de MLB Network

Por Ignacio Serrano

Robinson Canó lo tuvo todo en el beisbol. Fue estrella de los Yanquis de Nueva York, firmó uno de los contratos más jugosos en la historia de la MLB y su camino en los diamantes le llevaba directamente al Salón de la Fama.

Pero el beisbol, como la vida, puede cambiar drásticamente de un momento a otro. Y cada suceso vivido por Canó en los años recientes parece alejarle de Cooperstown de forma irremediable, más y más.

El camarero dominicano es el bateador activo más cerca de alcanzar los 3.000 hits en la Gran Carpa. Pero a diferencia de Miguel Cabrera, que acaba de cruzar esa meta, este quisqueyano de eterno buen semblante nunca ha parecido estar más lejos de esa hazaña.

Porque Canó empezó la temporada con más de 2.600 imparables, sí. Pero menos de un mes después no tiene equipo en el Big Show y su futuro es una interrogación.

El infielder fue sacado del roster de elos Mets esta semana y designado para asignación. Eso significa que la gerencia de Nueva York tiene hasta el 8 de mayo para decidir qué hacer con él.

Pueden cambiarlo de equipo, si logran el milagro financiero de resolver el bagaje que representan los más de 40 millones de dólares que suman sus salarios pendientes hasta 2023. Pueden pasarlo por waivers y tratar de enviarlo a Triple A, cosa que posiblemente no querrá. Y pueden dejarlo en libertad.

Esa última, probablemente, será la elección. Los metropolitanos deberán asumir el resto de su contrato y Canó buscará firmar por el mínimo con otra divisa. Pero ¿podrá?

DEL CIELO AL SUELO

La historia de Canó últimamente es desoladora. Porque después de batear para .309/.355/.504 en nueve torneos con los Yanquis, con topes personales de 33 jonrones y 118 empujadas; luego de ligar para .296/.353/.472 en cinco campeonatos con los Marineros, con picos de 39 cuadrangulares y 103 remolques, su estrella se ha apagado.

Su primer positivo por dopaje le hizo perder la mitad del calendario competitivo de 2018 y la totalidad del crédito que tenía en Seattle.

Y el segundo positivo por esteroides le llevó a quedar fuera durante todo 2021 y a prácticaente despedirse de la inmortalidad.

Ese tiempo de inactividad forzada le robó la opción de comenzar esta justa a las puertas de los 3.000 hits. El sueño estaba al alcance de su mano y ahora no. Y el motivo de ambos castigos es lo que con mucha seguridad le cerrará el paso al Salón de la Fama.

Verdaderas leyendas de la MLB, como Mark McGwire, Barry Bonds, Roger Clemens y el cubano Rafael Palemiro, no han podido entrar a Cooperstown por su vinculación con el uso ilegal de quimicos.

Pero la tragedia personal de Canó ahora va un poco más allá.

Porque el toletero zurdo no pudo batear en su regreso esta temporada a Nueva York y perdió la titularidad. Y esa línea de .195/.233/.268 que acumuló hasta el lunes no le garantiza conseguir trabajo pronto. Al menos, no como titular.

Canó tiene 39 años de edad. Su experiencia pudiera hacer que alguna escuadra se interese en tenerle en la banca, por lo menos, y usarle como emergente y utility. Es la esperanza que le queda, para tratar de reconquistar su aura y su estatus de bigleaguer.

No es imposible. Alguien seguramente tendrá un lugar en la banca para apostar por él.

Ha pasado poco más de una década desde su triunfo en el Derby de Jonrones de las Grandes Ligas. Entonces, en 2011, estaba en lo más alto de la ola, en términos de competencia y popularidad.

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Canó llegó a ser un símbolo de la República Dominicana y de la Gran Carpa, bastión de su país en el Clásico Mundial de Beisbol, estrella indicutible en las tres novenas que ha defendido en el Big Show.

Se enfrenta ahora al desempleo beisbolero, al descrédito y desazón. Un protagonista brillante de una emocionante historia que parece haber perdido para siempre la posibilidad de lograr ese ansiado final feliz.

(Ignacio Serrano)

Publicado en El Tiempo Latino, de Washington, y El Planeta, de Boston, el miércoles 4 de mayo de 2022. Aquí el original.

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