EL EMERGENTE
Por Ignacio Serrano
El Clásico Mundial de Beisbol es, sin duda, el máximo torneo del deporte de mis amores. Ni el Premier 12 ni el regreso de los diamantes a los próximos Juegos Olímpicos se compara con esta justa, en términos de emoción y competencia.
Pero eso no impide que haya cosas que realmente odio de esta reunión.
La justa nació como un proyecto de MLB, en sociedad con la NPB de Japón y la Confederación Mundial de Beisbol y Softbol. Por supuesto, la Gran Carpa actúa como socio mayoritario y tiene la última palabra en todo. Pero eso no tendría que ser necesariamente malo, a priori.
El problema es que el Clásico Mundial a menudo se maneja de un modo que, como mínimo, pareciera poco equitativo.
Pongo como ejemplo el último ajuste en el calendario, para evitar que Japón y Estados Unidos se vean las caras antes de la final.
Previo al torneo ya nos avisaron que los cruces de cuartos de final podrían modificarse por ese motivo. Todo dependería de lo que sucediera en la fase de grupos. A pesar de ese aviso, sin embargo, no luce como algo serio que se modifiquen los emparejamientos por ningún motivo.
Una competencia internacional tiene que estar sujeta al riesgo de que los principales favoritos deban eliminarse entre, sí en caso de no cumplir con las expectativas. Para mala suerte de los organizadores, EEUU no las cumplió, al quedar segundo en su grupo. Y cambiar el bracket a continuación perjudica claramente a algunos países y favorece a otros.
A los anfitriones les tocaba jugar en Houston contra Canadá y viajar luego a Miami para medirse con Venezuela o Japón, en caso de victoria. En cambio, de superar a sus vecinos del norte, irán luego ante Dominicana o Corea del Sur, según lo que ocurra en el terreno.
Pues bien, esto atenta claramente contra los quisqueyanos. Se esforzaron para ser primeros en el Grupo D. El premio por eso era conseguir un cuadro menos complicado, ¿verdad? Evitar a Japón en los cuartos y apuntar a una semi menos cuesta arriba (al menos en el papel). Según el anuncio original, pues, los dominicanos irían frente a Corea y luego, de avanzar, chocarían con el ganador del tope entre Puerto Rico e Italia. En cambio, ahora verían a los estadounidenses en la semifinal.
En el beisbol todo es posible. Por eso es un deporte tan apasionante. Los grandes a menudo pierden con los pequeños cuando se trata de eliminación directa. Pero modificar los emparejamientos impacta favorablemente en unos equipos (Venezuela, Puerto Rico, Italia y Japón) y perjudica a otros (Dominicana, Corea del Sur e incluso Canadá; porque cualquiera de ellos tendrá que ganar tres finales consecutivas para conquistar la corona).
Ya sé que cualquiera de los ocho clasificados puede ser el campeón. Los playoffs tienen mucho de lotería en la pelota. Pero no se ve bien que se manipule el draw. Por más que aficionados y empresas de EEUU y Japón sostengan el evento con su músculo económico, no se ve bien ni parece justo con el resto de participantes.
Y ojo, que eso no es lo único que pudiera levantar críticas y sospechas de parcialidad. Voy con la asignación de los umpires, para poner otro ejemplo. Porque ¿ustedes han revisado las cuartetas en cada juego?
El duelo entre México y Estados Unidos tuvo a Adrian Johnson como chief umpire. ¿Y de dónde es oriundo Johnson? De Houston, Texas. ¿Puede alguien imaginarse que en un mundial de fútbol o de baloncesto los árbitros tuvieran la nacionalidad de uno de los países en juego? No, ¿verdad?
Es necesario siempre, incluso diría que urgente, evitar toda posibilidad de parcialidad sobre las sentencias que dictan los oficiales en el terreno. Que se van a equivocar, es lógico, puesto que son humanos. Pero poco ayuda a la imagen del Clásico Mundial que un umpire trabaje en un juego donde ve acción su propio país. Estoy muy seguro de que los jueces de MLB son verdaderos profesionales, pero ya lo dice la sabiduría popular: la mujer del César no solo debe ser honesta; además de serlo, también debe parecerlo.
Otra cosa que me sigue disgustando es que los grupos eliminatorios no se sorteen.
Entiendo que los asiáticos tienen que jugar en la llave que se dispute en el Lejano Oriente e incluso entiendo que Australia también. Vale. También comprendo que poner a Dominicana, Nicaragua y Venezuela en Miami responde a garantizar el éxito económico de la cita. Pero no deja de ser chocante que todo se arme como un rompecabezas a conveniencia.
Los sorteos, incluso cuando son dirigidos, caso del Mundial de Fútbol, ayudan a evitar suspicacias. Cuando no los hay, cuesta más ver con normalidad que tres de los cuatro favoritos (Japón, Dominicana y Venezuela) quedaran de un lado del cuadro y el otro (EEUU) quedara en solitario por el otro lado. ¿Verdad que se veía feo?
(Esto último perdió vigencia cuando el equipo que dirige Mark DeRosa perdió con Italia y MLB cambió los cruces, para evitar un encuentro entre japoneses y estadounidenses en semifinal. Pero esto igual me molestaba antes de empezar el torneo y no puedo evitar recordarlo aquí.)
Y está, por supuesto, el odioso tema del seguro.
La última noticia respecto a las fulanas aseguradoras surgió con la clasificación de Puerto Rico a los cuartos de final. Yadier Molina anunció que el veterano José Berríos pasaría de la reserva de lanzadores al roster activo, a fin de ser el abridor frente a Italia este sábado. Y entonces se reveló que no, que el boricua ya no podría lanzar en el Clásico Mundial, porque le negaron la póliza de seguro.
Esto no es serio. Vaya que no lo es. Y en el caso de Borinquen, ya hasta parece saña contra su Selección Nacional.
Carlos Correa, Francisco Lindor, Javier Báez, Kike Hernández y los pitchers Berríos, Jovani Morán, Alexis Díaz y Emilio Pagán no pudieron participar. Es verdad que luego Lindor se lesionó y que Hernández se recuperaba de una cirugía, pero igual parece aposta, aunque no lo sea.
A Báez lo dejaron fuera por haber dado positivo por marihuana, sustancia que no está prohibida en la MLB (ya que en muchos estados de EEUU es legal su consumo). Pero la Confederación Mundial sí aplica una suspensión por dar positivo por cannabis. Así que ninguno de los principales bateadores boricuas pudo estar presente, Báez incluido.
Entiendo que los dueños principales del negocio, las Grandes Ligas, necesitan la bendición de la Confederación internacional. Pero ese caso también sangra, cuando se compara con todo lo que sí modifica a placer el Big Show al armar cada edición del Clásico Mundial.
Lo del seguro arrasó con Puerto Rico y también afectó de manera importante a Venezuela. Y no está bien, especialmente cuando se ve que Estados Unidos no tuvo inconvenientes para sumar a los mejores lanzadores del Big Show.
Peor todavía, Byron Buxton se ha perdido unos 340 juegos por lesiones desde 2021 y el seguro sí aprobó su caso. ¿Eso tiene sentido? ¿Por qué un Carlos Correa saludable, o José Altuve o el mismo José Berríos, todos activos en este Spring Training, recibieron un alto por parte del seguro y en cambio Buxton sí pudo jugar?
Con tantas casualidades, es imposible debatir en contra de quien crea que MLB ha querido favorecer al principal país organizador. Y eso es triste.
Si la negativa del seguro afecta a peloteros que están en buenas condiciones físicas, pues entonces las Grandes Ligas tendrían que ofrecer ellas mismas esa garantía y respaldo, para que realmente asistan todos los mejores jugadores del planeta a las futuras ediciones del Clásico Mundial.
Y no quiero dejar un punto menor, pero que igual es chocante: la periodicidad de la justa.
A ver, lo lógico es que se dispute cada cuatro años. Y eso parecía haberse resuelto, después de pasar de las ediciones de 2006 y 2009 a las de 2013 y 2017. Sé que se atravesó la pandemia y que por eso saltamos a 2023. Y sé que dejar esta edición para 2027 era arriesgarse a que la discusión del contrato colectivo de las Mayores forzara la cancelación de la competencia. Pero igual no es lo ideal ni me gusta.
Si MLB garantiza cada octubre la disputa de la Serie Mundial, debería garantizar cada cuatro años la realización de un nuevo Clásico Mundial, también.
Esto último es lo de menos, lo sé. Pero todo lo anterior no. Y esta cita tiene un inmenso potencial para ser la verdadera reunión universal que tanto deseamos. Incluso si tiene que jugarse en marzo, en plena pretemporada, con limitaciones de pitcheos, porque no hay otra fecha posible. Incluso así. Pero tienen que desaparecer las restricciones a peloteros que desean asistir. Y tienen que desaparecer los ajustes por conveniencia, esas «pequeñas cosas» que le restan brillo a la competencia más esperada por quienes amamos el beisbol.
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Foto: @WBCBaseball








Excelente y objetivo análisis, se tenía que decir, y lo dijiste. Lamentablemente, queremos este deporte, y las situaciones que planteas nos conducen solo a disfrutar de los enfrentamientos de nuestros equipos nacionales, sin pretender que logren coronarse, resulta poco probable ante semejantes desajustes. Muy triste.
@Ignacio Serrano, el Clásico Mundial de Béisbol es un evento que parece que sólo quieren que USA y Japón siempre lleguen a la final o que se garantice su presencia en las instancias finales, esto siempre se verá mal pero a MLB nada de eso le va importar, por eso es un evento que siempre estará mal visto. Un saludo amigo, siempre mi admiración por tu trabajo.
Un abrazo, Jóse