El Emergente

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La radical transformación de los Tiburones

EL EMERGENTE
Por Ignacio Serrano
Hace menos de un mes, La Guaira tenía el peor pitcheo de la
liga y luchaba por mantenerse lejos del último lugar. Hace menos de un mes, era
impensable creer que La Guaira sería el segundo equipo en celebrar su
clasificación matemática y que, además, lo haría con un grupo que juega con
ímpetu y éxito arrollador, serio aspirante a conquistar el primer lugar en la
tabla de posiciones.
El vuelco que han dado los Tiburones es tal, que por primera
vez en muchos años es válida la pregunta que se hacen los pacientes y sufridos
aficionados de la histórica divisa: ¿será que este es el año, por fin?

Los litoralenses no ganan un título en la LVBP desde el
campeonato 1985-1986. Aquella Guerrilla era casi indetenible y daba gusto verla
jugar. Esta réplica de hoy no cuenta con aquellas figuras, entre otras cosas
porque nadie puede usar a sus grandeligas y a sus prospectos de Ligas Menores,
debido al veto de la MLB. Pero los rivales pueden dar fe que vencer a los
salados se ha convertido, en este instante, en la tarea más difícil de cumplir.

Lara es fiel testigo de esa transformación. Después de
derrotar dos veces a los dirigidos por Renny Osuna, volvieron a verlos el
domingo y perdieron una ventaja de cuatro carreras en el noveno inning, cuando
ya celebraban la victoria. Y este miércoles fueron adormecidos por el pitcheo
de los acuáticos, con un Ángel Ventura que mantuvo medio juego sin hits y un
sólido bullpen que completó sin apremios el blanqueo a seis manos.
Los bates guairistas explican en parte la remontada. El
average colectivo de .300 da ejemplo de productividad. Cardenales tuvo que
medirse en el Universitario con un lineup que incluyó siete de nueve hombres
por arriba de las tres centenas, y eso a pesar de que Juan Apodaca tuvo que
llevarse su promedio de casi .400 a México, donde debe cumplir trámites
migratorios familiares.
Este feliz e inesperado florecimiento de los Tiburones no sería
tal, empero, si el departamento de lanzadores, el tradicional lado flaco de la
escuadra, no se hubiera recompuesto a partir de una rotación que ha mejorado y
un bullpen que tienen nombre y eficiencia.
Ventura y el brasilero Murilo Gouvea han ido de menos a más,
uniéndose a Wander Beras para formar un trío de largo metraje que dio
estabilidad al staff. Víctor Díaz ha sido una buena noticia adicional, allí. Y para mantener ventajas han reunido al bigleaguer
Edubray Ramos, al cubano y multiganador del premio Cerrador del Año Hassán
Pena, a un seguro Rafael Cova y al cerrojo Gregory Infante, el líder en
salvados del torneo.

Hay otros protagonistas que se agrupan discretamente detrás
de quienes aparecen en las primeras planas. Y también hay lados flacos que
representan una amenaza. El relevo intermedio no es tan dominante como el
bullpen A, el resto de la rotación mantiene sus altibajos y Beras está
temporalmente fuera por lesión. Pero los de Osuna siguen sumando lauros, festejando
y pensando en grande.
El camino a la corona requiere todavía sacrificios y
correctivos. La brega en enero promete ser dura y La Guaira tendrá también que
luchar contra la historia, porque tener tanto tiempo sin coronarse también
pesa. Pero algo parece muy claro en estos días: hacía mucho tiempo que los
Tiburones no mostraban esta cara de ganadores.

Columna publicada en ElNacional.com, el viernes 20 de diciembre de 2019.

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