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QUIETO EN PRIMERA. La respuesta de José Offerman

QUIETO EN PRIMERA

Por Alfredo Villasmil Franceschi

Santo Domingo. En realidad, no quería escribir la columna, retomarla, mejor dicho, hasta que comenzara la final de LIDOM. Debo decir que ahora con el trabajo audiovisual el tiempo es limitado y sentarme a redactar estas líneas me quita tiempo.

Pero el aluvión de opiniones que ha generado mi pregunta a José Offerman y la respuesta de éste me impele a salir de mi trinchera para coger la pluma y redactar unas cuantas líneas.

Primero quiero aclarar: yo no soy fanático de ningún equipo ni me interesa quién gane o quién pierda un juego de pelota. El fragor periodístico me ha curado de esos rigores. Si el Licey triunfa o resbala (equipo que salió airoso en esta ocasión) me tiene sin cuidado.

Lo mismo me vale una conquista de las Águilas, Gigantes, Toros, Escogido o Estrellas que una de los azules. Mi trabajo es informar, interpretar, analizar y, también opinar. Las celebraciones se las dejo a los aficionados.

A mí no me paga el Licey ni recibo estipendio alguno. No soy empleado de ninguno de ellos así que tengo la libertad de hablar y preguntar lo que estimo conveniente, cuando la ocasión lo amerite. Quizá usted, estimado lector, tenga una visión diferente del periodismo, la aplaudo –que bueno que así sea–. Yo tengo la mía y debo proceder en consecuencia.

Reconozco que no debí haber preguntado en primera persona. Eso fue un desliz. Tal vez bastaba decir: “¿Por qué tocar cuando venía la tanda fuerte? ¿Usted no considera que tocar es regalar un out?”. Pero bueno. Cosas del momento.

Creer que las decisiones de un mánager son un sanctasanctórum es negar la naturaleza misma del beisbol. Los estrategas cometen errores, como todos los seres humanos, y es cuestión de quien analiza el juego de pelota, interrogar al respecto si lo considera conveniente.

En ese inning yo había criticado a Offerman por Twitter. Por eso le pregunté. Necesitaba saber su respuesta. ¿Por qué tocó? Y me contestó. A su manera, eso está bien. Y además dijo la verdad: yo no soy manager. Cierto, no lo soy. Pero él tampoco es periodista.

Mi deber, ético, porque lo había criticado previamente, era preguntar, indagar el porqué de esa jugada. La cual a mí me pareció infame y así lo fue. Al final el inning terminó en cero y con una pésima corrida de base por parte de los peleteros del equipo azul. Y, en el fondo, la interrogante era para que él respondiera qué iban a hacer los Tigres para correr mejor las bases en los dos juegos que les vienen fuera de casa.

El Licey tiene últimamente un grave problema de comunicación corporativa. La salida del colega Alexander Gómez desbarajustó un departamento que había funcionado de manera casi perfecta en la última década. Hasta ahora no parecen haber conseguido a un periodista que supliera a Gómez, porque a DiMaggio Abreu también lo cancelaron y dejaron sin cuerpo ni alma a una sección tan importante como la de relaciones con los medios.

Eso se traslada a algunos integrantes del equipo, quienes deberían tener un mejor manejo de las comunicaciones y no ser tan sensibles a la hora de que se les haga una pregunta. Bueno, pero esta columna la escribo para dejar claro una cosa: los dirigentes pueden ser cuestionados, deben ser cuestionados si uno considera que no hicieron las cosas bien. Y ellos, si le apetece, pueden ahorrarse la respuesta.

Offerman pudo no responder, y está en su derecho.

Ahora, decir que él es el mánager y nadie puede cuestionar sus decisiones es un error de argumento. La audiencia siempre merece y tiene el derecho de conocer (porque es quien paga y mantiene el espectáculo), porqué el dirigente se decantó por tal o cual estrategia.

Mi deber como periodista es preguntar y buscar las pistas que me conduzcan a una respuesta, porque la audiencia merece que el criticado (en este caso el estratega) dé su punto de vista. Offerman perdió esa oportunidad. No pudo argumentar ni dar una respuesta más allá de “Yo soy el mánager”.

Utilizó una falacia ad hominem, atacó a quien preguntaba como si quien preguntaba fuera un neófito o no tuviera conocimiento de la materia. Luego, podríamos considerar su respuesta como espuria.

Espero haber aclarado un poco todo esto. Y si no lo aclaré, pues ha sido muy divertido intentarlo. Porque me divierte escribir, y escribir esta pieza me ha llenado de regocijo.

Listo, se acabó el juego.

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Alfredo Villasmil

Alfredo Villasmil es periodista deportivo desde hace tres décadas y ha trabajado en algunos de los medios impresos de mayor tiraje en Venezuela, como el diario Meridiano y Últimas Noticias, donde ha sido columnista especializado en beisbol. Actualmente reside y ejerce en la República Dominicana.

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