Chivita Lezama ya es centenario y lo celebra hasta con sus amigos magallaneros

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El célebre corneta Jesús Lezama se enferma cuando termina el beisbol. Es caraquista desde que nació el Cervecería. Le dicen “Chivita”, por el característico vello facial que ha usado durante décadas. Todo aficionado conoce su apellido, aunque algunos olvidan su nombre. Chivita Lezama, le llaman. Ya es centenario, figura emblemática de nuestro beisbol, y rescato esta entrevista que le hice en 2014 para celebrar este sábado su cumpleaños

Por Ignacio Serrano
El-Nacional.com

La madre de
Jesús Lezama soñaba con verle usar uniforme. Quería que su hijo asistiera a la
Escuela Naval, que llegara a almirante. Él lo recuerda con una sonrisa, mientras
enumera los anhelos de su madre, demócrata a carta cabal, militante del PDN, que
debió ir al exilio en Trinidad llevándose a su pequeño, en los tiempos del
general Juan Vicente Gómez.

Lezama pasó
seis años en la marina, tras ingresar a la Escuela de Grumetes. “Ni siquiera
cogí una tira de sargento”, ríe. “Yo era muy rebelde. Todavía lo soy. Rebelde
de nacimiento”.


Hace más de
medio siglo que usa uniforme, sin embargo. Camina por las tribunas de los
estadios venezolanos, armado con su corneta y los colores del Caracas, el
equipo de sus amores. Es tan famoso como las estrellas a las que ha animado.

-¿Cuál es su primer recuerdo del beisbol?
-El triunfo
del 41. El beisbol en Caracas no tenía vida antes de eso, sino el fútbol. El
beisbol surge a raíz del 41 y coge vida a partir de 1941 o 1942, gracias a la
victoria de Venezuela en La Habana. En un bar de Tucupita podíamos escuchar
Ondas Populares, aunque costaba las mil y una. Recuerdo eso y las voces de
Enrique Vera Fortique y Pablo Morales, narrando.
-¿Estaba en Caracas en 1942, cuando nació el
Cervecería?
-Sí. Me
trajeron “enguacalao”.
-¿Cómo le nació tanta devoción por el equipo?
-Porque
eran puros criollos. Eso fue una furia.
-¿Qué recuerda del viejo estadio de San
Agustín?
-Eran puros
hombres en las tribunas, “empaltolaos” y con sombreros. Yo me coleaba para
entrar. Era un espectáculo bonito. El estadio era pequeño, cabían unas 8.000
personas.
-¿Y cuándo pasó de ser fanático a convertirse
en animador?
-Yo iba al estadio
con mi corneta y mi chaqueta, y cuando el equipo viajaba, yo pagaba mis gastos,
hotel y todo. Empecé más o menos en 1945. Después de unos 15 años, el señor
Oscar Prieto, el Negro, que en paz descanse, me incorporó al equipo y desde
entonces me pagan los viáticos. Pero nunca cobré un sueldo. Nunca.
-¿No se cansa?
-Mi familia
dice que cuando termina el beisbol, me enfermo. Y que en septiembre me llega el
remedio. El beisbol es mi pasión, mi vida. Por eso sentí mucho, todavía me
duele, lo que hizo la directiva de La Guaira. No el equipo ni su fanaticada,
sino esos dos señores que me sacaron de las tribunas como un delincuente. Por
eso dije que el Dios warao del Delta los ha castigado. No ganarán mientras ellos
estén ahí.
-¿Y tienen algún significado warao esos
collares que usa?
-No. Lo
hago por echar broma. La verdad es que creo en Dios, no en brujería (ríe).
-¿Jugó pelota, alguna vez?
-Nunca.
-¡¿Nunca?!
-Nací en
Tucupita, pero me crié en Trinidad. Allá se jugaba cricket y fútbol.
-Pero después, ya mayor, ¿ni siquiera una
partidita de softbol?
-Nada.
Nunca.
-¿No agarró un bate o un guante en alguna
práctica?
-Una vez,
el Loco Torres estaba haciendo fungo en una práctica y me puse a ayudarlo, cogiendo
las pelotas. Pero no vi una y me pegó en la boca. Tiré el guante y me fui. Más
nunca.
-¿Con qué peloteros ha tenido mejor relación?
-Con todos.
Pero especialmente con mis compadres Baudilio Díaz y Antonio Armas. Tuve una
gran amistad con el Chico Carrasquel. Y la tengo con Roger Cedeño.
-¿Cuál fue el más perrocaliente?
-Hay uno
que es artista, que es mi amigo personal. El Potro Álvarez. Me decía: “Chivita,
no te preocupes, hoy me pitan, pero voy a ser un grandeliga y me dirán Don
Antonio”. Era un chamo. Gran amigo mío, pero perrocaliente. Él y Liu Rodríguez,
ambos compadres.
-¿Y el más antipático?
-Los ha
habido. Pero a casi todos los cambian o los venden.
-¿Siempre ha usado el mismo cornetín?
-Antes era
una corneta con pera. Pero en San Agustín, un fanático del Magallanes me robó la
pera, así que me llevé la corneta a la boca y soplé. Así empezó. Más nunca usé
la pera. Eso fue como en 1950 o 1951. Pero esta de ahora es otra. La original la
doné al Salón de la Fama de Valencia, con mi chaqueta. Esta es una corneta de
bicicleta, que adapté. La primera era una corneta de un carro, un Ford o un Plymouth,
no recuerdo.
-¿Desde cuándo usa ese gran dedo de goma espuma
que luce cuando suena el Himno Nacional?
-El primero
me lo trajo César Tovar, cuando jugaba con los Mellizos, en los años 60. Decía “Twins”
y lo forré con el tricolor. Lo tengo en la casa, como un recuerdo de César. Este
de ahora también me lo trajeron de Estados Unidos, pero no dice nada.
-¿Y por qué le puso una banderita en la punta?
-Para darle
más caché (ríe).
-¿Guarda cada uniforme que ha usado?
-Todos. Este
año me tocaba el número 94, pero me dieron otra vez el 93. Fue un “error de
imprenta” (ríe). El año que viene me toca el 95, porque el 9 de febrero cumplo 95
años de edad. Nací en 1919 .



(En esta recién finalizada zafra 2018-2019 usó el 99 y en el último duelo de los capitalinos le fue entregada la camisa con el 100 que, Dios mediante, usará en octubre.)
-Debe tener toda una colección de firmas,
uniformes, pelotas…
-Nada. Ni
un bate. La gente se muere por una pelota o una firma. Tengo muchas fotos. Mi
casa parece un museo. Puras fotos. Pero más nada.
-¿Y no le han regalado uniformes, gorras,
guantes?
-Nada. Los
peloteros no regalan nada. Y estos de ahora, menos.
-Siempre he leído que fue muy buen bailarín. ¿Todavía
baila?
-Ahora no
puedo, porque estoy mocho (ríe). Me operaron la rodilla. Pero bailé con Yolanda
Moreno, cuando ella todavía vivía en El Guarataro, gente humilde, como yo. Me salí
cuando vi que había muchos Ricky Martin. Tengo dos hobbies: el beisbol y la
salsa vieja.
-¿Cómo vivió el cambio, cuando el Caracas pasó
de ser Cervecería a Leones? ¿Le pegó?
-¡Pero si
ni cambió el nombre! Dejó de ser Cervecería, pero seguimos siendo Caracas. Y desde
los tiempos del Cervecería nos llamaban Leones del Anauco, porque la oficina
estaba en la esquina de Anauco y los peloteros trabajaban en la empresa.
-Formemos su equipo favorito de todos los
tiempos, posición por posición. Uno de puros caraquistas.
-Baudilio catcher.
Gonzalo Márquez primera base. Manny Trillo segunda. Luis Romero Petit tercera.
En el short me quedo con el Chico. Y atrás, Dalmiro Finol, Héctor Benítez Redondo
y Guillermo Vento. Tengo que dejar en la banca a Armas, a Vitico Davalillo, a
Tovar, porque el Caracas es muy grande. Y el pitcher es Carrao Bracho: 109
victorias.
-¿Cuál es la mayor alegría que le ha dado el
Caracas?
-Lloré en
México, en la Serie del Caribe de 1981, cuando mi compadre Armas anotó desde
primera la carrera del campeonato. Y la decepción más grande también fue en una
Serie del Caribe, en México, cuando no ganamos porque el colorado Ken Phelps no
hizo un pisicorre y perdimos ese chance.
-¿Quiere que lo entierren con el uniforme del
Caracas?
-Uno
después de muerto no se lleva nada. Lo que me den, que me lo den en vida.
-¿Tiene muchos amigos magallaneros?
-Muchos.
Casi todos mis compadres.
-¿Y sus hijos?
-Tengo 14. Uno
es magallanero, pero los otros 13 son caraquistas.
¿Y cómo le salió magallanero?
-Tengo 42 nietos,
bisnietos y tataranietos. Varios son magallaneros, porque cada quien decide lo
que quiere. En la casa todos creemos en la democracia.


(Jesús Lezama cumple años este sábado y, para celebrarlo, rescato esta entrevista que le hice hace ya un lustro.)
Publicado originalmente en El Nacional, el domingo 12 de enero de 2014.
Ignacio Serrano
Ignacio Serranohttps://elemergente.com/
Soy periodista y actor, y escribo sobre beisbol desde 1985. Durante 33 años fui pasante, reportero y columnista en El Nacional, ESPN y MLB.com, y ahora dirijo ElEmergente.com. También soy comentarista en el circuito radial de Cardenales de Lara y Televen. Premios Antonio Arráiz, Otero Vizcarrondo y Nacional de Periodismo.

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