El Emergente

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Roger Clemens, A-Rod, Manny y la eterna diatriba sobre los esteroides

El juicio a
Roger Clemens, los 23 grand slams de Alex Rodríguez, las opiniones a veces
intemperantes de amigos y colegas, la situación de Manny Ramírez con Oakland,
el perdón a Eliézer Alfonzo y una pieza periodística de Tom Verducci, uno de
los periodistas favoritos de este columnista. 
El dopaje en el deporte es un
tema tan apasionante como desolador.



Verducci lo desnudó nuevamente en otro de
sus extraordinarios reportajes (aquí el enlace: http://ow.ly/bCP3r).



Habló con
peloteros que fueron compañeros en las menores o amigos de los tiempos del beisbol
colegial, y siguió el relato de cada uno con su experiencia en la Era de los
Esteroides.



La figura central del artículo es Dan Naulty, un lanzador mediocre,
que gracias al dopaje se convirtió en estrella y llegó a ganar un anillo de
Serie Mundial con los Yanquis. El largo trabajo deja cierto desasosiego en el
alma.

Un par de
amigos discutían en estos días sobre la validez o no de las estadísticas de peloteros
que confesaron o se les comprobó el uso de sustancias dopantes, como A-Rod. 
¿Valen
tanto sus 23 jonrones con las bases llenas como los que logró Lou Gehrig?



Es la
misma diatriba repetida tantas veces, sólo que cambiando protagonistas y
hazaña.



La comparación pudiera ser entre Hank Aaron y Barry Bonds, Roger Maris
y Mark McGwire, Roger Clemens y Christy Mathewson. Al final, casi todos los
argumentos terminan por apuntalar una posición moral o defienden lo hecho por
quienes, se dice, compitieron bajo las mismas condiciones con otros que también
hicieron trampa, con el añadido de que en el beisbol moderno participan los
mejores del mundo, negros, asiáticos y latinos, mientras que en los tiempos de
Gehrig y Babe Ruth sólo jugaban los blancos, repartidos, además, en muy pocos
equipos.



Pero ese no es el punto. No puede ser esa la discusión.


El tema tiene
que ser la devastadora tragedia humana de Naulty, que tanto recuerda al ya
fallecido Ken Caminiti y que es la misma de centenares de desconocidos como
Naulty y decenas de figuras como Caminiti, deportistas que han recorrido la
ruta del doping convertidos en gladiadores modernos: ganando su pan en la arena
del deporte, a riesgo de su salud y sus vidas.
Los
esteroides, las anfetaminas, la hormona de crecimiento humano tienen en común la
capacidad de aumentar el rendimiento de un atleta y convertirle artificialmente
en un competidor con potencial por arriba del promedio, en la mayoría de los
casos.



También tienen en común lo que comparten con todos los químicos, legales
o no, que echamos en nuestro cuerpo con el fin de sentirnos mejor: en exceso,
pueden dañar, conducir a adicciones y hasta a la destrucción personal.



Jason
Kendall, estrella de la receptoría con varios equipos, confesó hace un par de
años cómo su vida familiar se desplomó debido al consumo de anfetaminas, usadas
durante muchos años en el beisbol —y en otras disciplinas— para ganar energía y
resistencia física aparentemente inagotables.



Naulty cuenta que para poder
dormir en las noches, debido al insomnio causado por las anfetaminas y los
esteroides, debía automedicarse con alcohol. Por supuesto, terminó siendo
alcohólico, al igual que Caminiti y tantos más, pero a diferencia de éste, paró
antes de matarse.



El consumo no medicinal de todas esas sustancias fue prohibido
por la ley federal estadounidense en 1988. El comisionado Fay Vincent las vetó
del beisbol en 1991. Pero todavía hay quien justifica su uso, argumentando falsamente
que estuvieron permitidas hasta 2003.



Quizás algún día podamos verlo como lo
que realmente fue: una tragedia donde aún abundan los cómplices y las víctimas.

Publicado en El Nacional, el lunes 18 de junio de 2012.

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