El Emergente

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Al Museo del Beisbol en Venezuela

El emergente

Ignacio Serrano
Andrés Reiner

Son días decisivos para el templo de nuestro pasatiempo
nacional, el Museo y Salón de la Fama del Beisbol en Venezuela. Por eso, esta
columna dedicada a quienes hacen posible la continuidad de ese maravilloso proyecto,
nacido hace casi dos décadas de la ilusión de Carlos Daniel Cárdenas Lares y el
empeño de sus padres, que cedieron su custodia luego a la LVBP.

Es esa inminencia lo que nos lleva a escribir estas líneas,
con un puñado de sugerencias.
Hay que ampliar la base de votación del Comité
Contemporáneo. No hemos visto a un solo elector que considere suficientes los
seis votos que tenemos en la planilla. De los 23 candidatos de esta
oportunidad, al menos 15 tienen méritos para sentar un debate que permita su
entronización en el templo de Valencia. No planteamos que se abra
indiscriminadamente el número de casillas que cada quien pueda marcar, pero es
necesario subir el límite a 10, como ocurre con Cooperstown. De lo contrario, seguirán
repitiéndose las injusticias y veremos a más figuras legendarias esperar durante
años, a veces décadas, una consagración que se ganaron en el terreno.
Los hechos están allí: con solamente seis escogencias hemos
venido proclamando uno, a veces dos nuevos miembros anualmente. Por eso, se ha
creado un embudo donde están atoradas viejas glorias de la LVBP, como Leonardo
Hernández y Jesús Alfaro, retirados hace más de un cuarto de siglo, y donde
empiezan a quedar atrapados Edwin Hurtado, Richard Garcés, Luis Raven, Juan
Carlos Pulido, Omar Daal y otras figuras que siguen apareciendo en la papeleta.
Aquí hemos planteado también la necesidad de rendir tributo
a Robert Marcano a través del Comité Histórico. Fue una estrella en el beisbol
japonés, precursor entre sus compatriotas, y tiene un lugar en los anales de
nuestra pelota que debe ser refrendado por los encargados de cuidar la memoria
de nuestros diamantes. Pero aprovecharemos para plantear otros casos.
Andrés Reiner murió sin lograr su merecida consagración. Su
trayectoria como scout, gerente y visionario le coloca como uno de los ejecutivos
venezolanos más trascendentes en la historia de este deporte. A él se debe el
auge que comenzó en la década de los 90, el surgimiento de las academias, el nacimiento
de la Venezuelan Summer League y la
graduación de muchos bigleaguers, sin contar el impacto que causó en el rumbo y
éxito del Magallanes en los tiempos de Alfredo Guadarrama y Juan José Ávila.
Hay que reconocer a Marcano, a Reiner y también a Pablo
Ruggieri. Nadie habla de este último, pero es tiempo de pagar esa deuda. La
última expansión se debió al esfuerzo de muchas personas, pero Ruggieri, quien
fue presidente de Caribes durante la mayor parte de su existencia como
franquicia, se convirtió en el motor, pulmón y sostén principal de la divisa en
sus peores tiempos, comiéndose los frutos verdes, a costa de su patrimonio
personal y familiar.
También es tiempo de rendir tributo a esos que nos han relatado
el juego y se mantienen aún en los medios. Luego de la consagración de Rubén
Mijares y el Musiú Lacavalerie, es hora de voltear hacia la generación que
encabezan Humberto Acosta y Alfonso Saer.
El Salón de la Fama es el entrañable depósito de nuestras
alegrías y recuerdos en el beisbol. Todos ellos merecen un lugar allí.
Columna publicada en El Nacional, el martes 31 de julio de 2018. 

4 thoughts on “Al Museo del Beisbol en Venezuela

  1. Excelente columna Ignacio como de costumbre muy de acuerdo contigo, mi amor al beísbol se le debe a grandes peloteros dentro del terreno de juego, pero también a muchos gerentes que permitieron que el deporte surgiera a los niveles que tenemos hoy en día. No podemos dejar afuera del templo a los grandes narradores que han llevado con sus voces las emociones del deporte rey.

  2. De acuerdo con la elección del Sr Foción Serrano, así como también de José Anibal Manzo, recuerdo que en la temporada 1975-76 los narradores de los Tigres eran El Sr F.Serrano, Gonzalo Lopez Sirvero en los comentarios Damaso Blanco(dando sus 1ros pasos) y el Locutor comercial era José Anibal Manzo, luego se convirtió en narrador estrella del circuito de los Caribes.

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