El Emergente

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El niñito de 1988 creció

Omar Vizquel se alista para disputar su temporada 23 en las mayores. Fortaleció la espalda durante el invierno boreal, se prepara para actuar en 100 juegos —si hay la oportunidad— y habla de un futuro como manager o gerente general





Hubo un tiempo en que Omar Vizquel entraba pisando muy despacito a los clubhouses de grandes ligas. Hubo un tiempo en que Omar Vizquel tan sólo era Omar Vizquel, y no la gran figura del beisbol venezolano que desde hace casi un cuarto de siglo asiste cada mes de febrero al spring training del beisbol mayor.
“Yo en 1988 parecía una hormiga en baile de gallinas”, rió el caraqueño, mientras salía del complejo de entrenamientos de los Medias Blancas, en busca de un sitio donde comer. “Yo estaba allí, viendo para todos los lados. Me sentía fuera de lugar, intimidado por los otros peloteros. Era todo un novatico, un niñito que iba a clases por primera vez, sin saber qué iba a pasar ni cuál sería la reacción de los coaches”.

Vizquel tenía 20 años de edad, no había jugado más arriba de clase A y aún era un bateador derecho, no el ambidiestro de ahora, cuando los Marineros le invitaron a los entrenamientos por primera vez. Ya pensaban que tenía madera de bigleaguer, aunque su única habilidad manifiesta era tomar los batazos que pasaban por el short.

No se equivocaron. El caraqueño se reportó el domingo a la base de los Medias Blancas con 22 temporadas de servicio en las mayores. Es el venezolano que ha disputado más campañas, el que suma más hits y anotadas, el que tiene más guantes de oro, el que ha jugado más encuentros, el que ha ido más veces a batear.

Aquella hormiguita de 1988 hoy camina oronda por el clubhouse. Vizquel está listo para sumar un torneo más.

“Este es otro reto”, admitió. “Por eso trabajé de nuevo con Michael Dain durante ocho semanas, para prepararme lo mejor posible. Él es un señor de 58 años de edad, que llegó a tener la espalda destruida y diseñó una serie de ejercicios para toda la zona media del cuerpo, que me hicieron mucho bien el año pasado”.

La agilidad y una espalda fuerte son claves para mantenerse activo a los 44 años de edad, que Vizquel cumplirá el 24 de abril. Hay que ir a 1918 para hallar, según Baseball Reference, al único grandeliga que a esa edad ha custodiado las paradas cortas, Bobby Wallace.

Wallace disputó una docena de encuentros en el campo corto aquella vez. El venezolano se alista para mucho más.

“Me estoy preparando para jugar 100 partidos, aunque al final no sea así”, apuntó. “Yo estaba claro de cuál sería mi papel la temporada pasada, pero jugué mucho más por los problemas que tuvimos en el infield. Si me toca nuevamente, estaré listo. Si no, trataré de contribuir como pueda”.

Con cada choque que dispute aumentará su insólita marcha hacia estadísticas impensadas para sus compatriotas, aunque tiene el modo de no distraerse con tantas cifras.

“No puedo preocuparme por eso, si no sé cuál será mi oportunidad de jugar”, explicó. “Además, de verdad que no tengo idea de cuáles son mis marcas. Sé que el próximo hit será el 2.800, pero aparte de eso, no sé más”.

Ni siquiera Vizquel sabe si este será su último torneo como jugador. Lo único seguro es que seguirá en el beisbol, como coach, como manager o incluso ¿por qué no?, como gerente general.

“El papel de un gerente es el mismo de un manager: poner junto un equipo y tratar de ganar”, relató. “Claro que el manager lleva el día a día, y yo quisiera algún día ser manager en las grandes ligas”.

La voz de Vizquel al otro lado del teléfono se escucha segura, incluso divertida. Hace muchos años que ir a un parque de grandes ligas es una rutina y una pasión.

“La mayor diferencia hoy es que no te sientes intimidado, como en 1988”, aseguró. “Uno llega confiado al spring training. Sabes lo que debes hacer y sabes que los entrenamientos son para alistarte, no para impresionar a los coaches”.

Para impresionar está su guante. Todavía. Y su cuarto de siglo en el beisbol mayor.

Cero pinceles

Nico Vizquel, el hijo mayor de Omar, comenzó a jugar pelota durante este invierno boreal. Aún practica pista y campo, pero halló en la pelota otro lugar de coincidencia con su padre, además de tocar la guitarra eléctrica mientras suena la batería del shortstop.

Su hija Caylee cumplió tres años y “todo lo que dice es un vacilón”. A Arizona, sin embargo, viajó solo; los hijos quedaron en la escuela y ni siquiera llevó sus pinceles.

“Cuando llegue a Chicago sí voy a pintar”, prometió. Chicago es su tierra prometida, lugar de museos y de beisbol.

Publicado en El Nacional, el miércoles 23 de febrero de 2011.

One thought on “El niñito de 1988 creció

  1. Oh, Vizquel!!! Por tí aprendí a amar el beisbol… por tus logros aprendí a valorar a los peloteros venezolanos… Qué grande es ese señor!! Aún lo recuerdo cuando de niña veía fascinada cada atrapada, cada jugadón en el campocorto. Eres nuestro fururo Hall de la fama, de seguro!!! Bendiciones para Omar…y que vivan los Leones del Caracas por siempre!

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