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HIT & RUN. El cambio de más impacto en la historia del juego

HIT & RUN
Por Antonio “Toño”
Soler
Orlando, Florida.
En los últimos años hemos visto cómo MLB junto a la MLBPA
han introducido una serie de cambios en las reglas del juego con el propósito
fundamental de disminuir el tiempo de duración de los encuentros , aunado a
mantener el equilibrio entre bateadores y lanzadores, objetivo fundamental de
la disciplina del diamante.
Para este 2020 cuyo comienzo se ha visto demorado por la
pandemia de covid-19, se espera con el favor de Dios dar inicio el próximo
jueves 23 de julio y entrará en vigencia la obligación de que un lanzador
enfrente a tres bateadores, siendo las únicas excepciones: que ese lanzador
haya retirado al último bateador del inning o salga lesionado, lo cual pudiera
dar al traste con los lanzadores especialistas en bateadores de su misma mano, algo
sobre lo que ya comentamos en otras entregas.

En 2019 se limitó la cantidad de visitas al montículo de
seis a cinco, en 2018 se implementó un cronómetro de 20 segundos para efectuar
el lanzamiento y en 2017 se eliminaron los cuatro pitcheos para dar un boleto
intencional.
Pero ninguna de estas modificaciones ha afectado tanto el
equilibrio entre bateadores y lanzadores como la reducción de la altura del
montículo de lanzadores de 15 pulgadas a 10, introducida en 1969, después que se
produjera una temporada marcada por el dominio de los lanzadores, con Bob
Gibson como protagonistas principal.
Gibson terminó la temporada de 1968 con una efectividad de
1.12, estadística que quizás hoy en día no sea tan importante para medir el
desempeño de los lanzadores, pero era en esos tiempos la más gráfica, con un
WAR (victorias sobre reemplazo) de 11.2, el más alto de su carrera y por
supuesto de la liga.
Esas cinco pulgadas de altura cambiaron hasta la mecánica de
pitcheo de muchos lanzadores quienes sacaban un gran partido del plano
inclinado que tenían a la hora de efectuar sus lanzamientos, mientras que el
bateador veía venir la pelota desde una altura superior, a la que se instauró
hasta nuestros días de 10 pulgadas de altura, lo cual les resto poder en los envíos
basados en el impulso que obtenían al descender y le restó radio a la curva.

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En esa temporada no solo Gibson estuvo impresionante, Luis
Tiant terminó con 1.60, Sam McDowell con 1.81 (ambos con los Indios de
Cleveland, siendo la primera pareja de lanzadores en hacerlo con un mismo club),
Dave McNally (Baltimore) logró 1.95, Denny McLain (Detroit) puso 1.96, Tommy
John (Medias Blancas) cerró con 1.98 y Bobby Bolin (San Francisco) con 1.99,
números casi equivalentes a la época de la pelota muerta.
Esa reducción de la altura, junto a una nueva zona de strike,
trajeron de vuelta la ofensiva, logrando MLB el ansiado equilibrio en los 70,
teniendo que reinventarse algunos de esos lanzadores, pero manteniendo la
esencia del juego.
Los pitchers evolucionaron, cada día son más potentes, pero
sería interesante saber si esa altura pudo haber influido en la mayor
durabilidad de sus colegas de antes, que sobrepasaban los 200 episodios con una
facilidad pasmosa para nuestros días.
La zona de strike también ha sufrido variaciones desde
entonces, siempre buscando ese ansiado equilibrio, favoreciendo a los
bateadores, mientras los lanzadores de la Liga Americana desde 1973 enfrentan
generalmente a un peligroso enemigo en los lineup contrarios, el bateador
designado que por la pandemia, por los momentos, también se usará este año en
la Liga Nacional, a pesar de las protestas de algunos románticos, siendo lo más
probable que se mantenga para los años venideros.


Razones por las que siempre el “equilibrio” busca favorecer
a los bateadores, por algo se considera al acto de batear uno de los más
difíciles en disciplina deportiva alguna, y los grandes exponentes son aquellos
que conectan de hit en tres de cada diez veces al bate, con .300 de average, 30
por ciento de aciertos, para quienes no siguen la disciplina.
Será hasta la próxima, Dios mediante.
(Toño Soler es un periodista zuliano con casi tres décadas de trabajo en los medios de comunicación. Su voz como comentarista del circuito de las Águilas es una de las más características, y su análisis uno de los más claros, en la LVBP. Comenzó a publicar su columna en El Emergente desde 2020.)

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Sigue en Twitter e Instagram a Antonio Soler sus cuentas @tonosolerp

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