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El gesto de Alex Cora [OPINIÓN]

En simple, el ser humano es una tormenta de emociones, pensamientos, sentimientos y sensaciones y, definitivamente, un juego de béisbol en instancias finales sirve de fuerza expansiva para cada una de estas capacidades o procesamientos sensoriales. Más aún, si estás rodeado de un gran número personas agrupadas bajo un propósito compartido que le inyectan al ambiente una suerte de efervescencia o pasión colectiva, pues naturalmente harás, dirás o pensarás cosas de forma instintiva o no ponderada.

Quizás esta efervescencia fue lo que empujó a Fernando Tatis Jr. —a comienzo de temporada— a devolverle el gesto burlón al lanzador Trevor Bauer (quien se tapó varias veces su ojo en señal de que ejecutaba sus lanzamientos con uno de ellos cerrado). Y, recientemente, tal vez el lanzador Eduardo Rodríguez también fue influido por esta energía cuando le regresó la mímica ensalzada que hizo el campocorto Carlos Correa (señaló un reloj imaginario haciendo referencia a que llegó la hora o que es su tiempo, no se sabe) al conectar un jonrón en el primer encuentro de la Serie de Campeonato de la Liga Americana.

Todo esto es parte de un espectáculo que rinde sus dividendos, qué duda cabe. Sin embargo, quiero detenerme en varias interpretaciones sobre la reacción que tuvo a continuación el mánager Alex Cora respecto al comportamiento de Rodríguez, independientemente de lo que ocurra al final de esta Serie.

Como se sabe, Cora regañó a Rodríguez por devolverle el gesto provocador de Correa. Esta amonestación de Cora —a mi juicio—  puede leerse de tres formas: 1) evitar la incitación al equipo rival, puesto que pudiera convertirse en un estímulo positivo o en una chispa inspiradora que termine arrasando a sus dirigidos; 2) impedir que la Serie se ensucie y esto concluya en una espiral tóxica e infinita, donde si me dices A,  yo te digo A+B; si me empujas, entonces te cacheteo; o si me pellizcas, yo más adelante te apuñalo; 3) comprender que, a largo plazo, esto no es sano para nadie, pues mañana te pueden cobrar estas provocaciones de algún modo, o quizás Rodríguez y Correa puede ser compañeros de equipo el próximo año por las vueltas del béisbol, o terminas generando que no se conformen posibles alianzas en el futuro por estos episodios envalentonados.

En otras palabras, el mensaje central de Cora es transmitirle a su equipo que comprendan que hoy están arriba, pero mañana pueden estar abajo y nada puede darse por descontado. O, todavía más, hacerles entender con precisión de que al rival no se le humilla, ni se ridiculiza, porque le puedes dar ese ímpetu que acabe contigo en pocos minutos.

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Al margen de todo lo anterior, por supuesto que hay varias lecturas adicionales sobre este hecho (todas válidas). Sin embargo, quisiera rescatar aquella que apunta a que la intención de Cora con su llamado de atención es a no ensuciar la competencia o a detener las muecas socarronas de lado y lado. Evidentemente, sé que no se trata de ser Gandhi o Martin Luther King Jr. y que, finalmente, esto se trata de un juego de béisbol, pero hoy Cora nos recuerda de que debemos concertar mínimos comunes (el respeto es uno de ellos), guardar la compostura para que no se descarrile el entretenimiento e impedir que los jugadores actúen como fanáticos.

¿Perreo con perreo se paga? Cora dice que no. Bien por Cora, extraordinario por el béisbol y excelente por el deporte.

Por Oscar Morales

(Oscar Morales es escritor, articulista de opinión y aficionado de la pelota. Acaba de publicar el libre La vida como el beisbol, que sale a la calle con el sello del Grupo Editorial Letrame. También es patrono de El Emergente desde 2020.)

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