La voz de Buck Canel todavía resuena: «No se vayan, que esto se pone bueno»

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«No se vayan, que esto se pone bueno».

La voz pausada y familiar nos templaba hacia un diamante de beisbol que parecía a la vuelta de las esquina. Solo las interferencias radiales nos recordaban que el juego ocurría a miles de kilómetros en Grandes Ligas, o a cientos de ellos en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional.

La frase, por lo general, aparecía en el parlamento de Buck Canel partir del séptimo episodio. Una mezcla de relajamiento y emoción mantenía nuestros oídos adheridos al radio.

Cada temporada de Grandes Ligas, entre 12 y 15 millones de latinoamericanos seguidores del beisbol sintonizaban sus radios varias veces a la semana para escuchar a un locutor norteamericano de voz grave narrar los juegos en español.

A estos millones se le sumaban durante la Serie Mundial muchos de los 800.000 residentes de habla hispana de Nueva York quienes preferían seguir el juego en su lengua nativa.

EL PORTEÑO BUCK CANEL

Eloy Justino Buxó Canel y Decurnex nació el 4 de marzo de 1906 en Buenos Aires, Argentina, mientras su padre trabajaba como agregado en la embajada de España en aquel país.

El progenitor de Buck procedía de Asturias, España, y se dedicaba a las transacciones comerciales de importación y exportación. Eso lo llevó a mudarse a Staten Island, Estados Unidos. Y allí, el niño de 2 años empezó el aprendizaje del español, además del inglés.

La madre de Canel era norteamericana, de ascendencia escocesa-irlandesa. Buck era el mayor de una familia de 7 hijos.

El apodo Buck viene de su segundo nombre: Buxó. Fue un buen atleta en la secundaria, en su tiempo libre trabajaba como corresponsal del periódico Staten Island Advance. Toda la vida tuvo inclinación por la escritura.

Siempre viene a la pantalla de mi memoria una fotografía en la caseta de transmisión del estadio Universitario: Felo Ramírez, Delio Amado León y Buck Canel detrás de los micrófonos. Los escuché a los tres por separado. En la misma transmisión ha debido ser un concierto al más alto nivel, con pases de testigo magistrales.

La abuela paterna de Canel, Eva Canel, quién vivía con la familia ocasionalmente, era una reconocida dramaturga y novelista que dejó España para ir a Suramérica a dar discursos contra el divorcio. Por esos esfuerzos, fue condecorada por la Iglesia católica Romana. Además, ejerció como periodista en el diario La Marina de Cuba, país donde vivió muchos años y donde falleció.

Durante el último año de bachillerato de Buck Canel, su padre falleció y, luego de la graduación, se fue a vivir con su abuela, quién entonces residía en Cuba. Allí trabajó brevemente en una compañía azucarera. En paralelo, dirigía un equipo de la liga invernal de beisbol que tenía como uno de sus integrantes a Oscar Charleston, el gran jardinero norteamericano negro. «Le ganábamos a todos», decía Canel.

SUS INICIOS EN LA HABANA

En 1931, Canel empezó a trabajar para la Associated Press en La Habana. Allí, conoció a quien se convertiría en su esposa, Colleen Park, una muchacha de Texas, quién era la editora de las páginas de sociedad del periódico Havana Post.

En 1936, Canel se enteró de que la Nacional Broadcasting Company (NBC) planeaba iniciar transmisiones de onda corta en español para América Latina. Con el permiso de Havas, aplicó para el puesto de narrador y fue aceptado.

Una de sus primeras asignaciones fue la Serie Mundial Yanquis-Gigantes de 1937.

Llegó a transmitir 42 Clásicos de Octubre a lo largo de su carrera. Así Buck tenía dos empleos: uno con el servicio de cable francés, el otro como narrador. Todo funcionaba muy bien, como se esperaba.

Luego de terminar la narración de un juego de beisbol o una pelea de boxeo en onda corta para Gillette, su patrocinante desde 1939, Canel escribía dos historias diferentes para el servicio de cable: una en español para los clientes de Latinoamérica, otra en inglés para los periódicos del Lejano Oriente. Ninguna de las historias era traducción de la otra.

«Tengo dos personalidades distintas», explicaba Canel. «Una española y otra inglesa. Si Héctor López da un hit, comienzo a escribir la nota en español con eso. En inglés escribo que Whitey Ford lanzó un blanqueo por los Yanquis”.

En junio de 1939, Canel fue el único locutor de habla hispana que trabajó en las ceremonias inaugurales del Salón de la Fama del béisbol en Cooperstown.

Hacia finales de la década de los años 40, Buck Canel narraba los juegos de los Criollos de Caguas en la liga puertorriqueña. Una de sus frases predilectas, de acuerdo con Charles Ferrer, era «El pantano iluminado». Así llamaba al estadio de Caguas, luego de una tormenta eléctrica. También transmitió la primera Serie Mundial televisada en vivo en Puerto Rico.

LA VOZ PIONERA EN ESPAÑOL

De regreso a Estados Unidos (1954), Walter O’Malley contrató a Canel para transmitir en español desde el Ebbets Field algunos juegos de los Dodgers de Brooklyn en una estación local (La New York’s Whom Radio) durante cuatro temporadas, incluyendo 40 encuentros en 1957.

Fueron la primera organización de Grandes Ligas en transmitir juegos en español.

También narró compromisos de los Medias Blancas de Chicago para Latinoamérica. En ese entonces los patiblancos eran una gran atracción por la presencia de Minnie Miñoso y Chico Carrasquel en el equipo del Go-Go-Go. Un escucha escribió para preguntarle a Canel si era verdad que el shortstop Carrasquel y el tercera base George Kell eran hermanos.

Como narrador deportivo, Canel siempre fue bien recibido por los latinos. Tenía una profunda voz de bajo que combinaba con autoridad y virilidad, una mezcla que para ellos era irresistible.

«Les digo algo y ellos lo creen», decía Canel. Aún así, había problemas. No podía narrar los juegos de beisbol utilizando las palabras españolas correspondientes a «catch» o «throw». En algunos países estas palabras tenían una connotación riesgosa. Por eso, Canel siempre reportaba a los peloteros apretando o presionando la pelota cuando no la lanzaban, enviaban o soltaban. Sería escandaloso traducir al catcher como tal. Canel resolvía ese problema llamándolo «el catcher».

«Todo está bien”, decía él. «La mitad de la jerga beisbolera en español la inventé yo».

De la misma forma, los nombres de algunos peloteros norteamericanos generan malinterpretaciones cuando se les da pronunciación española. Este es el caso de Don Blasingame. Su primer nombre es un título de respeto en español, la primera sílaba de su apellido es un nombre propio y la última sílaba conforma un imperativo que haría ruborizar hasta a Fidel Castro. Por esto siempre lo refiere simplemente como Bla.

En español a foul es un foul, a walk una base por bolas, a bunt un toque (literalmente «a touch»), first base la primera base, second base la segunda base, third base la tercera  base y a home run, un jonrón.

Los nombres de los equipos se traducían literalmente. The Athletics son los Atléticos y the Cardinals los Cardenales. (En su último Juego de Estrellas, la Liga Nacional tenía Cardenales en primera, segunda y short y Ron Santo, de los Cachorros, en tercera. Canel le dijo a sus escuchas que la Liga Americana no tenía oportunidad de ganar, porque la Liga Nacional tenía tres cardenales y un santo en el infield.

«A ellos les gustaba ese tipo de cosas», dijo Canel.

Debido a que los Rojos fueron el primer equipo de Grandes Ligas que contrató peloteros cubanos, el club se hizo conocido como «El querido Cinci». En 1961 Canel tuvo la triste tarea de informar cada jugada desafortunada en los juegos donde «El querido Cinci» fue zarandeado por los Yanquis, cuatro partidos a uno, en La Serie Mundial.

BUCK CANEL Y FIDEL CASTRO

Hasta se vio ligado a historias relacionadas con el comunismo en Cuba. Fidel Castro fue un gran admirador de Canel. Lo escuchaba regularmente mientras estaba en la Sierra Maestra.

El día que Fidel tomó el poder, Canel y algunos periodistas británicos alquilaron un automóvil y manejaron 50 millas para encontrarlo al frente de su ejército. Se reunieron con Castro en Matanzas, en una ruidosa celebración en la alcaldía. Cuando el comandante vio a Canel, corrió hacia él, lo abrazó y hablaron en español.

«¿Qué está diciendo?», preguntaron los reporteros británicos con excitación. «Quiere saber», respsondió Canel, «por qué Haney (Fred, el manager de los Bravos de Milwaukee) puso a pitchear a (Warren) Spahn en lugar de (Lew) Burdette en el sexto juego de la Serie Mundial de 1958″ (los Yanquis de Nueva York ganaron ese encuentro 4-3 en diez entradas, para igualar la serie, y luego se titularían al vencer en el séptimo juego).

Más tarde ese día, Castro invitó a Canel a cenar. Cuando se sirvió el café, Canel declinó agregar azúcar, Castro lo acusó de anti cubano. «Tomaré azúcar cuando tú te afeites con hojillas Gillette», respondió Canel. Castro soltó una carcajada que alivió la tensión en la sala.

Siempre se le podía ver o parado a un lado de la jaula de bateo o en el dugout antes de los juegos a este tipo arrugado, con lentes de sol, y cigarrillo tras cigarrillo moviéndose en sus manos, los peloteros latinos de ambos equipos lo buscaban y saludaban con reverencia.

Para ellos, Buck Canel, un símbolo de las Series Mundiales por cincuenta años, era todo un personaje.

Ninguno jugó un rol más importante en promocionar el beisbol en Latinoamérica. Él fue su vínculo, su voz de esperanza para una carrera en las Grandes Ligas.

«La primera vez que supe de la Serie Mundial era un niño en Cuba. Oía a Buck Canel en la radio», recordó Tany Pérez en ocasión de la elección póstuma de Canel al Salón de la Fama, en 1985. «Su frase característica: ‘No se vayan, que esto se pone bueno’, fue algo que se quedó conmigo la vida entera».

Canel recibió el premio Ford C. Frick, por su labor como narrador y cronista de beisbol, de parte del Salón de la Fama de Cooperstown, el 28 de julio de 1985. Había fallecido el 7 de abril de 1980 en Croton-on-Hudson, Nueva York.

Canel vivió una doble vida. Una especie de superhéroe. En su casa del Westchester County o en su trabajo en Manhattan era alguien desconocido. Uno más de miles de usuarios sin rostro que frecuentaba la Grand Central Terminal del metro. Pero para millones de latinoamericanos, era una de las grandes figuras de su época.

En el Harlem hispano de Nueva York había grandes anuncios publicitarios donde Canel invitaba a los transeúntes con el mensaje: «Pida Schaefer», una marca de cerveza. Si Canel hacía una carrera con un taxista cubano o puertorriqueño, le exoneraban el pago. Cada vez que cualquier pelotero o boxeador latino lo veía, le abrazaba con calidez. «Es lo máximo», decía José Pagán, el campocorto de los Gigantes.

En los años setenta, Canel narraba en español los juegos de los Yanquis y los Mets de Nueva York por la estación radial WHOM, una emisora de la ciudad de Nueva York que transmitía en español. Ocasionalmente, la señal era retransmitida por estaciones de radio latinoamericanas.

Durante la última Serie Mundial que narró, un veterano periodista le preguntó: «¿No me dice usted su nombre y cuántas series mundiales ha transmitido?»… Y Buck le contestó con su nombre y le dijo: «41 series, y me perdí la de 1964, pues la France Press me envió esos días a Japón, a cubrir los Juegos Olímpicos». Y el colega le ripostó: «Concédame usted una entrevista, no hay ningún pelotero tan famoso como usted»…

VENERADO EN LATINOAMÉRICA

Canel fue celebrado y venerado en Latinoamérica por muchas razones. Fue una especie de hombre orquesta del periodismo y la narración radial. Por muchos años hizo narraciones en onda corta desde Estados Unidos de la Serie Mundial, El Juego de Estrellas, peleas de campeonato de boxeo y otros eventos deportivos.

El beisbol puede ser un deporte de equipo, pero para sorpresa de los hombres de beisbol estadounidenses, los latinos algunas veces lo juegan poniendo por delante la individualidad. De hecho lo que más les gusta del beisbol es la oportunidad de alcanzar metas individuales.

«El gran atractivo del juego para los latinos es la oportunidad de mostrarse», dice Canel. «Esencialmente, el beisbol es un duelo entre el pitcher y el bateador. Los latinos reconocen que el beisbol es técnicamente un esfuerzo de equipo. Pero para cada jugador hay un momento de gloria individual: batear un jonrón, ganar el juego o la oportunidad de ponchar a un tipo con las bases llenas”.

La contribución de Canel al beisbol va más allá de una simple narración detallada del juego. En palabras de Peter Ueberroth, antiguo Comisionado del beisbol, «sus transmisiones a América Latina tuvieron un impacto definitivo en el desarrollo del interés por este deporte en la región, además de crear un ímpetu igual de importante en los jóvenes latinoamericanos que soñaban con una carrera en la pelota profesional».

Buck Canel declaraba que hay una técnica esencial para ganar la confianza de los latinos. «Tienes que darles una palmada en la espalda de vez en cuando», decía. «Una palmada física, una palmada en la espalda, ese toque de la mano, significa mucho más que mil palabras. Esa palmada es el espíritu de la amistad, y ese toque de tu mano hace que el latino piense que todo está bien. Le hace decirse, ‘Estoy en una tierra extraña, soy un pelotero, y lo estoy haciendo bien’. Dale al latino esa palmada y dile: ‘Hola, viejo. ¿Cómo te va?’, y él se sentirá de maravillas».

En una entrevista en la década del 60 en la revista «Selecciones», reveló: «¡No, yo no soy fanático de ningún equipo! A mí me gusta el beisbol, el buen beisbol». Nadie le creyó nunca, como nadie le creía que fuera neoyorquino, como él aseguraba. «Soy ciudadano del mundo, pero de Nueva York».

Era seguidor de los Yanquis. Si alguien descubría por sus documentos de identidad que en verdad había visto la luz del sol en el ambiente tanguero bonaerense, decía: «Eso no es así.  Es que, por razones de guerra, cuando yo viajaba como corresponsal de France Press, tuve que falsificar unos documentos».

Buck era más bonaerense que el Boca, pero se sentía más neoyorquino que el Parque Central.  

Felo Ramírez, su compañero de la Cabalgata Deportiva Gillette, recordaba que era muy aficionado a escuchar programas de radio en onda corta.

«Había un programa, el mas extraordinario en materia deportiva en la historia de la radio, que lo hacia Buck y se llamaba ‘El juego de hoy’. Desde los estudios de la NBC, en Nueva York, él revivía la jugada decisiva del día en un estilo tan original, y con su voz tan poderosa y radiofónica como ninguna otra, que era una atracción tremenda».

«A Buck lo conocí en la Serie del Caribe de 1949, en La Habana. Buck, que transmitía en Puerto Rico, fue a Cuba. Me lo presentó el que quizás haya sido el cronista con más conocimientos de todos los deportes que ha dado Cuba: Pedro Galiana. Para mí, eso fue un acontecimiento muy grande, el conocerlo personalmente, y fue en 1950 cuando me preguntaron que si quería trabajar en La Cabalgata Deportiva Gillette, comentando las peleas de boxeo de los viernes y el juego de la semana con Buck Canel. Fue tan grande la emoción, que pensé dentro de mi. ‘¿A cuántos hay que matar?’ Mi respuesta fue que sí».

Buck Canel falleció el 7 de abril de 1980 en Croton-on-Hudson, Nueva York.

(Alfonso Tusa escribió este texto como parte de su libro Aquellas Voces Deportivas, publicado por Amazon, en 2016. Lo publica en El Emergente al conmemorarse el pasado 7 de abril de 2024 los 44 años de la desaparición física del inolvidable narrador.)

Alfonso Tusa es investigador y escritor. Autor de artículos, libros y relatos de beisbol. Ha colaborado en portales como Prodavinci. Sus libros pueden adquirirse en Amazon.com.

LEE TAMBIÉN: La esencia del beisbol

2 COMENTARIOS

  1. Maravilloso reportaje. Mil gracias.
    A modo de sugerencia les invito a escribir uno acerca de César Augusto Rivero (Riverito).
    Mil gracias nuevamente.

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