Willie Mays: simplemente perfecto

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Willie Mays es el mejor, el más colosal jugador de beisbol que hemos visto en la vida, criterio que estamos seguros es compartido por miles de aficionados en el planeta del beisbol.

Falleció el miércoles 19 en Palo Alto, California, a los 93 años de edad. Había nacido el 6 de mayo de 1931 en Westfield, Alabama. Apodado The Said Hey Kid (El «Di hola, niño», en libre traducción).

Mays, dicho de sopetón, era, simplemente, un jugador perfecto.

Bateaba como el mejor que tome o haya tomado un bate en un terreno de beisbol. Era un guepardo, el animal más veloz del mundo, en las almohadillas. Fildeaba como nadie lo pueda hacer, con magistral precisión y elegancia, sin perderle la vista a la pelota. En suma, para no abundar más en el merecido elogio de sus virtudes, lo resumimos diciendo que fue un extraterrestre vestido de pelotero.

Un recuerdo que ha permanecido por siempre en nuestra memoria, cuando ni soñábamos con ser periodista deportivo, es la descripción hecha por un cronista de Estados Unidos sobre su icónica jugada, bautizada después como «La Atrapada» (The Catch).

La leímos reproducida en su tiempo en el diario El Nacional, en El Universal o leída por allí en alguna parte. La concretó sobre un laberíntico batazo de Vic Wertz en el octavo inning del primer juego de la Serie Mundial, el 29 de septiembre de 1954, entre los Gigantes, entonces de Nueva York y los Indios de Cleveland, hoy Guardianes.

El cronista, cuyo nombre olvidamos, relató en su crónica la arrancada de Mays en busca del estacazo y en uno de los párrafos trocó de reportero a poeta, para decirnos, palabras más, palabras menos: «Corrió mostrando el número 24 al publico, corrió y corrió hasta lo más profundo del jardín central. Y en el último instante estiró la mano izquierda enguantada, apoyada con la derecha, y todo el estadio, el Polo Grounds de Manhattan, con aforo para 55 mil almas, se estremeció con el estallido de los millares de aplausos, que sonaban como suena la tierra sacudida por un terremoto. El señor, ese jardinero que hizo el milagro, se llama Willie Mays. Pero debería llamarse Dios».

La atrapada, hecha con dos corredores de Cleveland en circulación, preservó decisivamente la victoria 5-2 de los Gigantes, que terminaron por ganar el titulo con una barrida de 4-0, con marcadores de 3-1 en el segundo, 6-2 en el tercero y 7-4 en el cuarto partido, después de haber ganado el primero 9-8.

La sensacional jugada, como dijimos, fue luego bautizada en los libros como The Catch (La Atrapada).

Se cree que Willie Mays corrió cerca de 90 pies (27,43 metros) y que tomó la pelota a unos 421 pies (128,32 metros) del home.

Es historia escrita que Mays declaró después, en el dugout, que cuando inició su carrera hacia la gloria «estaba seguro de atraparla».

Foto: @SFGiants

Jesús Cova es periodista. Formador de innumerables promociones en la Universidad Central de Venezuela, fue redactor y Jefe de Información Deportiva en el diario El Nacional durante décadas. Más tarde fue Jefe de Redacción del diario El Globo. Ha sido premiado por sus análisis y columnas sobre el boxeo nacional e internacional. Puedes seguirlo en X en la cuenta @jesusmcova.

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