EL EMERGENTE. El bucle de los Tiburones y sus proyectos interrumpidos

Fecha:

Henry Blanco

EL EMERGENTE

Por Ignacio Serrano

La insorportable sequía de los Tiburones ha llevado a este equipo a emprender varias veces un proyecto de reconstrucción que permita a La Guaira y a su fiel fanaticada celebrar la conquista de una corona por primera vez desde 1986.

El único punto en común entre cada uno de esos planes maestros ha sido su abrupto final. Ninguno tuvo el tiempo o la oportunidad de hacer realidad la meta propuesta. Y acabamos de verlo nuevamente con la salida de César Collins de la oficina litoralense.

Los Tiburones fueron, durante décadas, el equipo de Pedro Padrón Panza. Él era el proyecto. Su conocimiento del juego, sus buenas relaciones con el sistema MLB, su ojo para detectar talentos y su habilidad para gerenciar y administrar al club le permitió a los salados vivir una larga y fructífera época de oro, desde los años 60, con Luis Aparicio a la cabeza, hasta la Guerrilla de los años 80.

La severa enfermedad de PPP ocasionó la primera pérdida de rumbo. Murió el fundador cuando el siglo 20 también llegaba a su fin y su hijo Pedro Padrón Bríñez había alcanzado la edad y el aprendizaje para tomar el relevo. La Tragedia de Vargas se lo llevó, sin embargo, junto al nieto Pedro Padrón Ñáñez, y los herederos vendieron poco después.

Fue entonces cuando comenzó el bucle.

Los nuevos propietarios nunca lograron el objetivo de volver a escribir el nombre de La Guaira en el palmarés de la LVBP. Pero nadie podrá decir que aquello no fuera por falta de planes.

Porque los litoralenses han pasado del proyecto de Carlos Subero al de Jorge Velandia, del proyecto de Velandia al de Buddy Bailey, del de Bailey al proyecto de Oswaldo Guillén, de allí al de Fernando Veracierto, y finalmente al proyecto de César Collins.

Todos fueron cortados abruptamente. Y en todo los casos la ruptura ocurrió de manera súbita.

Subero fue despedido en 2010, a pesar de que comenzaban las señales de una siembra. De hecho, un año después de su salida, los Tiburones disputaron su primera final desde 1987.

Velandia se marchó luego, poco después de haber tomado las riendas de la gerencia deportiva. En su caso, jugó en contra de la causa guairista su propio talento gerencial, ya que debió renunciar para dedicarse a sus actuales tareas con los Filis de Filadelfia.

Bailey llegó en 2014 con la misma encomienda de Subero: ser manager y también planificador de largo plazo. Metió a la divisa en los playoffs en sus dos campañas y estuvo a las puertas de una final. Pero también fue despedido, justo cuando empezaba a forjar su impronta en el carácter de la cueva. Los dueños de entonces, Francisco Arocha y Antonio José Herrera, jalaron el gatillo sin mirar atrás, al saber que Guillén por fin estaba disponible para tomar las riendas.

El primer piloto latinoamericano en ganar una Serie Mundial estuvo solo tres torneos a bordo, antes de salir también. Y Veracierto, que llegó tras el breve hiato de Luis Blasini, renunció a su cargo de gerente deportivo cuando los Cerveceros de Milwaukee le dieron un ascenso.

Luego de otro recorrido por el desierto, Collins fue presentado en febrero de 2022 como el nuevo gerente general.

Collins no salió de la nada. Fue gerente de operaciones de los Bravos de Margarita, trabajó con las Águilas del Zulia y los Navegantes del Magallanes, formó parte de la oficina de los Pericos de Puebla en México y fue el presidente fundador de la Liga Mayor de Beisbol, donde conquistó las primeras dos coronas al frente de los Senadores de Caracas.

Llegó a La Guaira en medio de una profunda crisis. Y no solo porque ya se cumplía un cuarto de siglo del último título de los escualos, sino por el deterioro en la cueva. Casi todos los grandeligas salados rompieron con la escuadra, descontentos con los modos de los antiguos accionistas. El espíritu del roster se parecía demasiado a aquel conjunto que se fue a las manos en Puerto La Cruz, en enero de 2020, y casi nada a La Guerrilla.

Collins sinceró las cosas adentro de la casa. Los descontentos fueron saliendo, tal como Bailey y Rafael Rodríguez Rendón hicieron con los Tigres para inaugurar la Dinastía a comienzos de este siglo. Logró la reconciliación con quienes estaban dispuestos a apostar por la causa varguense. Entusiasmó al mismísimo Ronald Acuña Jr., que por entonces pedía a gritos ser cambiado a los Cardenales de Lara. Contrató un cuerpo técnico de jerarquía. Emprendió una vigorosa política de relaciones con los peloteros y de relaciones con la legión guairista.

Sus movimientos tácticos fueron a menudo estratégicos. En cuestión de horas, por ejemplo, adquirió a tres miembros de la familia Cabrera, con el objetivo de ver al grandeliga Oswaldo Cabrera vestir feliz su nuevo uniforme. Acentuó la relación tiburonera con La Sabana y el Litoral Central en general. Puso a todos en la nómina a creer en la inminencia del cambio, y cada día era más fácil creerle, conforme llegaban los bigleaguers y se retrataban bajo la columna que en el clubhouse clamaba ¡Believe!

Es difícil imaginar que Acuña, Alcides Escobar y otros astros de la novena habrían regresado al hogar sin Collins en la oficina. Y mucho menos imaginarlos metidos en una final, a pesar de carecer de pitcheo estable en la 2022-2023.

Los Tiburones crecieron al mismo vigoroso ritmo que se consolidó la Liga Mayor, que el propio ejecutivo presidía. Y sus modos y ejecuciones permitían ser optimistas para la 2023-2024 y más allá.

Collins renunció la semana pasada, sin embargo. No recibió de buen grado que su cargo como gerente general le fuera concedido a un nuevo directivo, aunque supuestamente le garantizaran seguir al mando en lo deportivo. Llegó pidiendo plenos poderes en la oficina para cambiar el destino de los salados. Y se marcha tras darle otra cara a la franquicia, meses después de ponerla a solo dos victorias del título en la LVBP.

Alberto Díaz y Luis Sojo, sus sucesores, encuentran el listón muy alto, aunque parte del trabajo difícil está hecho. Oswaldo Cabrera finalmente se reportó, deseando jugar con su hermano Leobaldo, y es una de las figuras de lineup. Alcides Escobar ya comenzó su segunda justa en este, su regreso casa. Ronald Acuña quiere jugar de nuevo y apura su estreno junto al también grandeliga Maikel García…

Hay otro ambiente en el Universitario. Y eso se debe en buena medida a lo que Collins hizo y propuso para terminar con las dos décadas de abulia y fracasos de la anterior administración.

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(Ignacio Serrano)

Fotos: Prensa Tiburones de La Guaira

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Ignacio Serrano
Ignacio Serranohttps://elemergente.com/
Soy periodista y actor, y escribo sobre beisbol desde 1985. Durante 33 años fui pasante, reportero y columnista en El Nacional, ESPN y MLB.com, y ahora dirijo ElEmergente.com. También soy comentarista en el circuito radial de Cardenales de Lara y Televen. Premios Antonio Arráiz, Otero Vizcarrondo y Nacional de Periodismo.

1 COMENTARIO

  1. Muy buen y acertado análisis de la situación de Los Tiburones, lo único es que en la no continuidad del señor Oswaldo Guillén,creo que todos los fanáticos estuvimos de acuerdo, es la era más nefasta que ha vivido La Guaira en los últimos 14 años, nos alegra mucho que el número 13 vaya a ser utilizado por Ronald Acuña,
    Ojalá y el proyecto de Collins tenga continuidad, amanecerá y veremos
    PA’ ENCIMA!!

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