El día memorable de Antonio Armas en el jardín derecho de los Atléticos de Oakland

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Los dos hombres se cruzaron por casualidad al pasar por la plaza Andrés Eloy Blanco. Había pasado mucho tiempo desde que corrían juntos a la escuela o jugaban beisbol en la calle o en solares baldíos.

«Epa, Ramón, ¿no me recuerdas?». El flaco de ojos hundidos, se detiene un momento. Estrecha la mirada y se rasca la calva. «¡Dios mío! ¿Esto es verdad? ¿Tú eres Pedrito García? Pensaba que te habías ido de Cumaná hacía mucho tiempo».

Empezaron a caminar a lo largo de la calle Sucre. El edificio del teatro Pichincha era ahora solo el esqueleto de lo que fue alguna vez. Del restaurante La Casa del Spaghetti solo quedaba un espacio vacío en la próxima cuadra. De la heladería Mipamel ni siquiera quedaban aquellos vidrios inmensos que la hacían parecer un acuario.

Ahora la calle lucía diferente, en una ciudad distinta, en algo que estaba muy lejos de ser un país.

«Seguro, el mismo Pedrito García. Me fui hace unos años después que empezara esta pesadilla totalitaria, hace más de veinte años. Tuve que regresar a resolver unos asuntos personales».

En la entrada del callejón El Alacrán, Ramón se acercó a una gran puerta marrón. La voz tenía casi el mismo tono retador de aquellos días de 1970.

«Hoy el tema de discusión versará sobre la actuación más impresionante que Antonio Armas padre haya tenido en un juego de grandes ligas. Por favor, absténganse de hablar de jonrones ni carreras impulsadas».

Pedrito le preguntó a Ramón si no recordaba el Campeonato Nacional Juvenil de beisbol realizado en Cumaná, en agosto de 1970.

«Por supuesto que lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Íbamos al estadio todos los días a ver los juegos del equipo del estado Sucre. Antes de ir al estadio, pasábamos por esta casa para escuchar los comentarios que hacían de cada equipo y de sus jugadores más impresionantes».

RIVALES ORIENTALES

Desde el comienzo los dos contendores principales fueron los equipos de Anzoátegui y Sucre. Pedrito siempre recordaba ese torneo, disfrutaba la integridad y la competitividad que mostraban los peloteros, sobre todo los del equipo de Sucre. Pero sabía que la novena de Anzoátegui iba a ser difícil de vencer.

Los tipos que se sentaron en la mesa eran calvos o de cabello platinado. Pedrito y Ramón se pararon al final del corredor. Un tipo hablaba del día cuando Antonio Armas bateó un jonrón dentro del parque y otro sobre la cerca del Monstruo Verde, cuando jugaba para los Medias Rojas de Boston.

A través de los años, Pedrito y Ramón habían discutido sobre la posición defensiva de Antonio Armas en aquel Campeonato Nacional Juvenil. Pedrito decía que Armas jugaba como jardinero izquierdo, que podía recordarlo con claridad, porque estuvo en la tribuna del jardín izquierdo en ese torneo y Armas era el pelotero más cercano a él.

Ramón argüía que Armas siempre jugó en el jardín derecho, que él recordaba muchos tiros desde el rincón de esa posición para hacer out a los corredores en tercera base o el plato.

El hombre sacó un recorte de periódico amarillento de su cuaderno. Ahí tenía la reseña de un juego de los Medias Rojas de Boston donde Pokey Reese también había despachado jonrones dentro del parque y sobre la cerca.

«El 8 de mayo de 2004, Reese bateó un jonrón solitario hacia el rincón del jardín derecho de Fenway Park, contra Jimmy Gobble, para darle la ventaja 2-1 a los Medias Rojas sobre los Reales de Kansas City. Eso ocurrió en el cierre del quinto inning, después de un out. En la conclusión del sexto episodio, Reese descargó vuelacercas de dos carreras contra Jason Grimsley, esta vez sobre la cerca. Ahora Boston ganaba 7-1. Terminó ganando 9-1. Curt Schilling resultó el pitcher ganador».

Al final de la reseña decía que Antonio Armas había sido el último jugador de los Medias Rojas que bateó ambos tipos de jonrones en el mismo juego.

«Me tomó varias visitas a la biblioteca pública hasta conseguir el boxscore de ese juego». Esa vez, el hombre de cabello platinado leyó directamente desde su cuaderno. «El 24 de septiembre de 1983, los Medias Rojas de Boston visitaron a los Tigres de Detroit en Tiger Stadium. Después de dos outs, en el primer inning, Jim Rice sencilleó y Armas descargó cuadrangular sobre la cerca, entre el jardín central y el izquierdo. Boston 2, Detroit 0.

En la apertura del octavo inning, Jeff Newman largó doble, Jerry Remy conectó elevado al jardín central. Wade Boggs sonó sencillo que arrimó a Newman hasta tercera base. Armas descargó jonrón dentro del parque hacia el jardín izquierdo.

Debió haber sido toda una experiencia ver a Antonio Armas correr alrededor del cuadro, porque él precisamente no era un velocista. Ahora los Medias Rojas ganaban 5-0. Terminaron imponiéndose 5-3. Armas bateó sus dos jonrones ante Dan Petry un pitcher derecho muy bueno durante la primera mitad de los años 80. John Tudor se apuntó la victoria. Bob Stanley se acreditó el salvamento».

Mientras un calvo levantaba la mano, Pedrito seguía pensando en la noche cuando fue con su tío Carlos a ver el juego de Sucre versus Anzoátegui en la ronda eliminatoria. Ambas novenas habían clasificado para la serie final con otros cuatro equipos. El equipo de Sucre ganó ese juego. Pedrito no recuerda el marcador pero todavía puede escuchar los lamentos del tío Carlos. Hubiera preferido esa victoria en la final.

GRAND SLAM MEMORABLE

El tipo calvo habló de un juego escenificado el 11 de junio de 1980 en el Oakland-Alameda County Stadium. Mike Norris subió al montículo por los Atléticos para enfrentar a Jim Palmer y los Orioles de Baltimore. Los Atléticos marcaron dos anotaciones en el cierre del primer inning cuando Rickey Henderson negoció boleto, robó segunda base y avanzó hasta la antesala mediante rodado de Dwayne Murphy por la intermedia.

Sencillos seguidos de Dave Revering, Wayne Gross y Mitchell Page trajeron las carreras. Los Orioles igualaron la pizarra en la apertura del séptimo episodio con jonrón solitario de Eddie Murray, y luego de dos outs, Pat Kelly despachó doble a la izquierda y Kiko García lo engomó con petardo al centro.

Desde ese momento se desarrolló un duelo de pitcheo entre Norris y los relevistas de los Orioles (Tippy Martínez, Tim Stoddard y Sammy Stewart). En la conclusión del décimo cuarto capítulo, Armas descargó un jonrón con las bases llenas para dejar en el terreno a los Orioles 6-2. Norris lanzó 14 innings, permitió 12 imparables, 2 carreras limpias, concedió 2 boletos y ponchó 5.

Los viejos parecieron empezar a concluir sobre la mejor actuación de Antonio Armas en un juego de Grandes Ligas. Pedrito estaba por levantar su mano, pero seguía recordando el día que aquellos dos tipos llegaron contratados por su mamá para pintar la casa de la familia en el pueblo de Cumanacoa. Cuando vio al flaco trasladando la escalera de tijera para pintar el techo de la sala, se le aclaró la imagen de aquel agosto de 1970.

«¿Era usted un pelotero del equipo del estado Sucre en el Campeonato Nacional de Beisbol juvenil efectuado en Cumaná en 1970?». El tipo casi se cae de la escalera. Después de dos o tres minutos, cuando Pedrito estaba por alejarse, temiendo haberse equivocado de persona, el hombre ahora en sus casi treinta años de edad dijo: «Si, yo era el jardinero central de ese equipo. ¿Por qué quieres saber de eso? Eras muy pequeño para haber presenciado ese torneo».

Pedrito sonreía mientras se acercaba a las mesas donde los viejos empezaban a discutir con solo aquellos dos juegos. «Sí, pero yo fui al estadio de Cumaná a todos los juegos del estado Sucre en ese torneo. Su nombre es César Campos, ¿cierto?».

El tipo se bajó de un salto de la escalera. «Sí, estás en lo cierto. Pensaba que nadie se recordaría de ese equipo ni de mi nombre desde que perdimos el juego final y el campeonato ante el equipo del estado Anzoategui».

Pedrito recordó lo triste que se sintió en la tribuna del jardín derecho después que se completó el último out. Sus hermanos tuvieron que consolarlo por varios minutos, hasta que finalmente aceptó salir del estadio. Quería ir a la puerta del dugout para esperar a los peloteros.

El estadio parecía un cementerio, todos se habían marchado, hasta los felices seguidores que habían venido del vecino estado Anzoategui.

«¿Recuerda usted que Antonio Armas era el jardinero izquierdo de ese equipo de Anzoátegui? El tipo se pasó un dedo por su ojo izquierdo. Dijo que algo de pintura le había caído en el ojo. «Seguro, desde esa época ya Armas era un gran pelotero. Podía batear con poder, se movía muy bien el el jardín izquierdo, y principalmente tenía ese tremendo brazalete por el que era muy respetado. Hoy en día todos se ríen de mí cuando les digo que jugué contra Antonio Armas en un campeonato nacional».

EL OTRO GRAN JUEGO

Pedrito alzó la voz para anunciar que tenía otro juego donde Antonio Armas había actuado muy bien como jardinero derecho de los Atléticos de Oakland. Ramón templó la manga de la camisa azul claro de algodón pero ya era muy tarde. Los viejos voltearon el cuello hacia atrás y mantuvieron la mirada fija en la cara de Pedrito.

Luego de alguna discusión entre ellos, decidieron escuchar la opción de Pedrito. Había leído eso tantas veces en el reverso de una barajita de beisbol que sabía de memoria los detalles de ese juego. Entonces descubrió un sitio en internet llamado retrosheet.org y siguió agregando detalles a ese archivo de su mente.

Ramón todavía no podía creer que Pedrito hubiera conseguido el derecho de palabra en un club de reuniones tan exclusivo y aislado como ese. «El 12 de junio de 1982 llegaron al Exhibition Stadium para enfrentar a los Azulejos de Toronto. En el tope del primer inning, los Atléticos marcaron dos anotaciones. Armas empujó una de ellas con sencillo al jardín izquierdo. En el cierre de ese inning, él concretó el segundo out al atrapar un elevado de Willie Upshaw.

En la apertura del segundo inning, Oakland anotó otra carrera y en la conclusión del mismo Armas realizó de nuevo el segundo out, esa vez ante globo de Lloyd Moseby. Luego, en el tercer episodio, los Atléticos consiguieron cuatro carreras más. Para la conclusión del cuarto inning, Armas ejecutó el primer out ante elevado de Rance Mulliniks«.

El día siguiente, Cesar Campos fue a la casa de Pedrito. Llevó un bolso verde pequeño. Llegó muy temprano en la mañana, para evitar tener que mostrarle lo que llevaba allí a su compañero pintor. Sacó una camiseta gris del bolso. Cuando la desplegó, salió un fuerte olor a sudor viejo y había varias manchas marrones en el lado izquierdo. Un poco más arriba de la mitad del pecho se podía leer: Sucre, en letras azul marino. Entonces sonrió cuando se puso la gorra azul marino con una S mayúscula en la parte frontal. Hasta se enfundó en la camiseta y una avalancha de esencias como de alcanfor se mezcló con la trementina de la pintura nueva de las paredes.

Se subió a la escalera como buscando a sus compañeros de equipo en el campo. Pedrito quería hacer muchas preguntas pero el silencio era inmenso. Podía sentir las emociones del tipo.

«En el cierre del quinto inning, Rick Langford retiró a los tres bateadores en fila y completó una seguidilla de catorce Azulejos dominados en fila. Solo había caminado a Mulliniks en el primer inning. Barry Bonnell fue el primer out con globo a manos de Armas en el jardín derecho. Moseby bateó otro elevado capturado por Armas».

Ramón golpeó a Pedrito con su codo derecho en las costillas. Los viejos se habían levantado de la mesa y se acercaban más con cada palabra pronunciada. Ramon miraba asustado, porque parecía que los viejos los rodeaban como si estuvieran en una rutina caníbal para comer seres humanos. Pedrito siguió recitando los hechos del juego, matizando cada atrapada de Armas, describiendo cada detalle de la actuación de Langford. Cada vez que notaba que los viejos se acercaban más, Pedrito alzaba su voz como si fuese Enrico Caruso o Luciano Pavarotti.

«En el sexto inning, Ernie Whitt rompió el juego sin imparables ni carreras de Langford con sencillo al jardín central. En el séptimo inning ejecutó el segundo out ante un globo de Dave Revering«.

Pedrito extendió sus brazos completamente al final del corredor. «Vamos señores, por favor, no se acerquen mucho, hace mucho calor aquí. Necesitamos espacio para respirar».

DE NUEVO EN 1970

El tipo también sacó un guante del pequeño bolso verde. Tenía una triple C en la malla, escrita con tinta negra. Significaba «Cesar Campos, centerfielder». Se puso el guante en la mano izquierda y golpeó la parte interna con su puño derecho como si estuviera listo para empezar el primer inning.

«Llegamos invictos a ese juego final ante Anzoátegui. Ellos habían perdido con nosotros en la ronda eliminatoria. Así que teníamos la gran responsabilidad de ganar el juego más importante del campeonato. Sabíamos que el equipo de Anzoátegui era muy difícil de vencer. De verdad tenían un gran equipo. Pero nos habíamos preparado por mucho tiempo para ganar ese campeonato. Queríamos celebrar con nuestra gente».

«En el octavo inning, Armas tomó un globo bateado por Moseby para el primer out, y Hosken Powell conectó otro elevado que aterrizó en el guante de Armas. Langford perdió el blanqueo al permitir dobles seguidos Whitt y Garth Iorg. Dámaso García bateó otro globo al guante de Armas para el tercer out».

Dentro del guante había una pelota manchada de grama. Estaba marcada con la tinta azul desteñida de las firmas de sus compañeros de equipo, y al final, cerca de las costuras estaba un autógrafo casi ilegible que decía: AArmas. «Sí, esa es su firma. Hablé con él antes de la práctica de bateo de ese juego final. Nos deseamos la mejor de las suertes a cada equipo e intercambiamos autógrafos. Nunca imaginé que él iba a jugar en las Grandes Ligas».

«Para el inning final, Langdorf se metió en ciertos problemas al caminar a Mulliniks. Luego Upshaw sencilleó a la izquierda. Con hombres en segunda y primera base, Revering y Bonnell elevaron globos seguidos al guante de Antonio Armas en el jardín derecho. Langdorf obtuvo la victoria al inducir a Moseby a roletear por segunda base para el out final».

«Armas había implantado una nueva marca de outs en MLB para un jardinero derecho en un juego de 9 innings con 11. Willie Horton, Paul Lehner, Dick Harley y Topsy Hartsell comparten la marca de outs para un jardinero izquierdo en un juego de 9 innings también con 11. Lyman Bostock, Jacoby Ellsbury y Earl Clark comparten la marca de outs para un jardinero central en un juego de 9 innings con 12″.

«Perder ese juego fue terrible para nosotros». El tipo casi se cae de la escalera. Pedrito tuvo que sostenerla para evitar un accidente. «Tuvimos la oportunidad de ganarlo en el séptimo inning. Llenamos las bases sin outs y no pudimos anotar. Freddy Mata, nuestro pitcher, estuvo recostado de la pared al fondo del dugout por más de dos horas después del juego. Nosotros apenas si podíamos respirar. Estábamos cabizbajos, llenos de lágrimas. Por un instante miré hacia el dugout de los rivales y había un tipo mirando hacia nuestro dugout. No lo hacía para reírse de nosotros, sino como queriendo decir que reconocía que habíamos hecho un gran juego. Sé que era él. Era Armas».

Los viejos empezaron a mirarse entre sí. «¿Cómo es posible que uno de los juegos más importantes de la carrera de Grandes Ligas de Antonio Armas haya sido ignorado por todos los integrantes de este grupo de discusión? Nos hemos reunido aquí por más de cincuenta años y es imperdonable una omisión como esta».

Pedrito trató de calmar la molestia del calvo que se quejaba, pero Ramón lo tomó del brazo izquierdo y lo haló hacia la puerta de salida. «¡Vámonos chico, estos tipos se ponen muy intensos cuando discuten de beisbol!»

Cesar Campos le dijo a Pedrito que se había alejo del beisbol y ni siquiera tenía contacto con sus compañeros de equipo de aquel equipo del estado Sucre del torneo juvenil de 1970. Pero siempre recuerda todas las conversaciones que tuvo con Antonio Armas antes de esos dos juegos entre los equipos de Anzoátegui y Sucre. También había soñado en convertirse en grandeliga, pero su ruta de vida fue diferente.

Antes de despedirse aquella noche, fueron al estadio municipal de Cumaná. Mientras escalaban el muro del jardín derecho desde la calle Bolívar, Pedrito le dijo a Ramón que se mantuvo regresando a ese estadio por más de diez domingos seguidos. No podía creer que su querido equipo del estado Sucre había perdido ese campeonato. Tal vez ahora podía entender un poco más, al recordar que Antonio Armas todavía es considerado uno de los mejores jardineros derechos en la historia de los Atléticos de Oakland, que conformó junto a Rickey Henderson y Dwayne Murphy un trío de jardineros que muchos consideraron el mejor de comienzos de los años 80, igual que fue catalogado junto a Jim Rice y Dwight Evans como uno de los mejores tríos de jardineros en la historia de los patirrojos y también de las Grandes Ligas poco después, entre 1983-85.

Traducción de la versión publicada en The Hardball Times por Alfonso L. Tusa C., el 17 de mayo de 2019.

Alfonso Tusa es investigador y escritor. Autor de artículos, libros y relatos de beisbol. Ha colaborado en portales como Prodavinci. Sus libros pueden adquirirse en Amazon.com.

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(Revisa su archivo de columnas aquí)

Foto: Oakland A’s

2 COMENTARIOS

  1. EXPECTACULAR RELATO SOBRE ANTONIO ARMAS. MIS MÁS SINCERAS FELICITACIONES AL ESCRITOR ALFONSO TUSA. ME ATREVO A MENCIONAR UNA ANECDOTA MUY ESPECIAL SOBRE EL, DURANTE 28 AÑOS ESTUVE EN LA MISMA SILLA DEL LADO DERECHO DEL UNIVERSITARIO COMO FANÁTICO DE LOS TIBURONES Y PRESENCIÉ UN DÍA DOMINGO ALGO QUE NO HE VISTO NUNCA A NINGÚN NIVEL, AL SR. ANTONIO ARMAS PARTIR UN BATE AGUANTANDO UN SWING. AGUANTO EL SWING PARA NO CAER EN LA TRAMPA DE UN SLIDER DEL FALLECIDO LUIS MERCEDES
    SANCHEZ Y CON LA FUERZA DE SUS MUÑECAS EL BATE SE PARTIÓ. LA FUERZADE ANTONIO ARMAS ERA ÚNICA.

  2. Excelente artículo, quisiera aprovechar la oportunidad de ver si me pueden aclarar una duda siendo los atléticos de Oakland tres veces campeones seguidos en los años 70, se menciona a los rojos de Cincinnati como el mejor equipo de esa década, dejando claro que yo fui fanático de los rojos en esa época

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