Fragmentos dramáticos en la vida beisbolera de David Concepción

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Los tributos siempre concentran los momentos más significativos en la trayectoria del homenajeado. David Concepción tuvo infinidad de momentos destacados, resaltantes, impresionantes, a lo largo de su paso por los diamantes de beisbol, sus dos Series Mundiales con los Rojos de Cincinnati, el jonrón decisivo en el Juego de Estrellas de 1982, los tres campeonatos de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional con Tigres de Aragua…

Hay otros momentos que también definen e ilustran la personalidad de un pelotero. En enero de 1968, los Tigres de Aragua estuvieron a punto de ganar su primer campeonato, pero un colapso defensivo terminó por evaporar esa posibilidad. En junio de 1973, en medio de su mejor campaña con los Rojos, Concepción se fracturó un tobillo en un deslizamiento en tercera base, lo cual hizo temer por la continuidad de su carrera en las Grandes Ligas. En diciembre de ese año, auxilió al jardinero central Dan Ford, luego que este se estrellara contra la pared del jardín central.

AQUEL JUEGO DECISIVO

Los Tigres venían arrollando en aquella final de cuatro equipos de la temporada 1967-1968. Habían ganado seis de sus primeros ocho juegos. Con una victoria más, aseguraban el campeonato. En teoría, la tarea no era tan complicada. El contrincante (Valencia Industriales) ya estaba descalificado.

Bill Whitby lanzó muy bien por los felinos y su rival Roberto Muñoz recibió una carrera en el segundo tramo, mediante sencillo de piernas de Luis Rodríguez y doble de Jacinto Hernández. Los relevistas del Valencia (Juan Campos, Bruce Von Hoff y Juan Quiroz) mantuvieron el duelo de pitcheo hasta el cierre del noveno inning, al que Whitby llegó ganando 1-0.

Los Tigres jugaban con Enrique Izquierdo en la receptoría, Bob Burda en la inicial, Elio Chacón en la intermedia, José Manuel Tovar en la antesala, Jacinto Hernández en las paradas cortas y David Concepción como utility del cuadro. Además, tenían a Hilario Valdespino, John Lewis y Daniel Morejón en los jardines, y a Danny Morris, Jim Roland, Don Secrist y Whitby en el cuerpo de pitcheo.

Habían terminado terceros en la ronda eliminatoria con marca de 34 ganados y 26 perdidos, detrás de los Leones del Caracas y los Tiburones de La Guaira.

ESTRELLA EN ASCENSO

En sus primeras temporadas con Cincinnati, David Concepción siempre mostró grandes cualidades con el guante, mas con el madero era intermitente.

Un promedio raquítico en 1972 le hizo intensificar sus ajustes y correcciones con el bate, y en 1973 estaba teniendo su mejor temporada ofensiva. Para aquel 22 de julio, en aquel juego ante los Expos de Montreal, en el Riverfront Stadium, Concepción se encontraba inmerso en una gran temporada con el madero. Bateaba para .287 y le agregaba potencia a la parte final de la alineación de los Rojos.

El 5 de julio había conseguido su primer juego de cinco imparables en la Gran Carpa, ante los Gigantes de San Francisco. El quinto imparable, en el cierre del noveno inning, remolcó la carrera ganadora. Parecía haber encontrado el nivel ofensivo que le atornillaría definitivamente en la titularidad del campocorto que tanto disputó con Woody Woodward y Darrell Chaney, una espacie de eslabón perdido que completaba la gran maquinaria roja.

LA «NOVATADA» DE CALVIÑO

El manager Wilfredo Calviño recibió críticas punzantes por haber traído a Concepción, un novato en su primera temporada en la LVBP, con apenas 39 juegos de experiencia, a jugar segunda base en el cierre del noveno inning con el campeonato en juego. Sustituyó a César Gutiérrez en la intermedia, quien pasó al campo corto, mientras Héctor Martínez salía del juego.

El piloto había ejecutado ese movimiento varias veces en juegos anteriores, sin embargo, con buenos resultados.

«Todos sabemos que Martínez no es una estrella defensiva de primera magnitud, pero en un juego decisivo era más importante el estado de ánimo del pelotero, por ser hombres fogueados en otras lides, que la inclusión de un hombre que está haciendo sus primeras armas y que forzosamente tendrá que sentir el doble peso de la responsabilidad y el enorme compromiso de tener que defender una ventaja efímera», publicó El Nacional en su página B-2 del 5 de febrero de 1968. «Por tanto, lo de Calviño ayer tarde no tan solo fue una equivocación, sino una novatada».

DOLOROSA LESIÓN

En aquel juego de julio de 1973, los Rojos ganaban 6-0 a Montreal. David Concepción había bateado tres imparables y había anotado dos carreras.

En el séptimo inning, corría en primera base y salió en bateo y corrido cuando Dennis Menke la rodó hacia el campo corto. El impulso, la intensidad de la carrera denotaban una actitud que Concepción había desarrollado a lo largo de su carrera: dejarlo todo sobre el terreno, competir al máximo, nunca guardarse ni una gota de sudor.

Mientras Larry Lintz, el torpedero de los Expos, hacía out a Menke en primera base, Concepción siguió embalado hacia tercera base con un empuje propio de los caballos pura sangre. Tenía que llegar a la antesala. Una carrera adicional nunca está de más para los grandes competidores.

Cuando empezó el deslizamiento, la pierna izquierda se dobló bajo el peso de su cuerpo. Sintió un «crac» a mitad de la pierna. Había llegado a salvo a tercera, pero el precio era muy alto: fractura en el peroné y dislocamiento del tobillo izquierdo.

DRAMA EN MARACAY

En aquel cierre del noveno inning, Faustino Zabala empezó la entrada y la rodó hacia la antesala, donde Cesar Gutiérrez no pudo manejar la pelota y le apuntaron error.

Don Bryant tocó para sacrificarse, y el pitcher Bill Whitby, nervioso, tiró defectuosamente a primera base. Quedaron dos corredores embasados.

La alegría de las tribunas empezaba a cuajarse de gritos destemplados. La desesperanza avanzaba implacable, las miradas se clavaban en las gradas. Las ansias de campeonato resbalaban sobre sudores fríos.

En esa situación, el Valencia mantuvo la seña de toque y Aaron Pointer la rodó por el montículo. Whitby tiró a primera base y David Concepción pomponeó la pelota. Y al ver que el corredor de primera cruzaba de segunda para tercera base, lanzó a esa almohadilla, sin que nadie esperase el ldisparo, por lo que Aníbal Longa (que había entrado a correr por Bryant) llegó hasta el plato para igualar el marcador y agudizar el drama de las tribunas y la tragedia del dugout de los Tigres.

ABRUPTO FINAL DE TEMPORADA

Aquel día, en el Riverfront Stadium, terminó la temporada de 1973 para David Concepción. Y como lo dijera Pete Rose luego de perder la serie de campeonato ante los Mets de Nueva York: «Al perder a Concepción, perdimos toda oportunidad de vencer a los Mets».

La euforia, la animación, el ambientazo del estadio en segundos mutó al camposanto más refulgente de lamentos, bocas apretadas, ojos enrojecidos.

Los paramédicos volaron con la camilla, y cuando lo montaron, muchas voces desgarraron la atmósfera: «Don’t go, Davey. We need you in the team. You’re instrumental for the Big Red Machine».

Concepción yacía con los ojos cerrados, como si temiese ver el Riverfront Stadium. La revista Sport Gráfico publicó un reportaje del periodista deportivo Juan Vené donde desplegaba la escena de la llegada de la camilla al clubhouse. El médico le dijo a Concepción que le iba a doler lo que iba a hacer, y de inmediato enderezó las dos partes del peroné fracturado. El alarido de Concepción se escuchó hasta el último escalón de las gradas del parque y más allá. Luego confesaría que en ese momento temió que difícilmente volvería a jugar beisbol a nivel de Grandes Ligas.

«Increíble el final. Insospechado. Porque después de haber conquistado el mundo beisbolero en una demostración de coraje que levantó un monumento nacional de reconocimiento, se desplomaron en un minuto, claudicando por un flanco fuerte. Al equipo, o concretamente al pitcher Whitby, le tembló el pulso cuando le tocó firmar el pergamino del título».

«En Maracay se vivió la transformación más grande que hemos visto en un parque deportivo. En un minuto se dio un vuelco violento al cuadro, que el estado anímico preparado para una fiesta apoteósica capitalizó toda esa energía protestando por el final que le ofrecieron».

«Era una afición desesperada porque se sentía defraudada. Los aficionados gritaron con fuerza palabras como estas: ¡Estafa! ¡Fraude! Y nada más injusto. Querían decir que entregaron el partido para ir a un decisivo con el Caracas, para recaudar más dinero. Para aquellos que pensaron así, nos hubiera gustado que presenciaran las escenas del dugout de un equipo que parecía víctima de una tragedia. Les aseguramos que el novato Concepción hubiera preferido cualquier otro tipo de adversidad. Lloraba como un niño, porque se consideraba culpable». Así lo describió El Nacional, aquel 5 de febrero de 1968.

UN EPÍLOGO, POCOS AÑOS DESPUÉS

En diciembre de 1975, los Tigres de Aragua y los Navegantes del Magallanes escenificaron un juego en el estadio municipal de Cumaná, bajo la diligencia y el entusiasmo del locutor deportivo Foción Serrano, por quien seguramente David Concepción tomó la decisión de jugar en un estadio que no ofrecía las mejores condiciones para un pelotero que venía de ganar la Serie Mundial con los Rojos de Cincinnati.

Al promediar el juego, en medio de la excitación de las tribunas repletas y de la competitividad esparcida en cada rincón del campo de juego, salió un batazo bestial hacia la pared oscura del jardín central. El centerfielder de los Tigres, Dan Ford corrió con intensidad, y cuando la pelota encajaba en la malla de su guante, su humanidad se estrelló contra el cemento y la onda expansiva se transmitió por toda la estructura del estadio.

Uno de los primeros en llegar fue Concepción. Le habló de cerca. Y cuando llegaron los paramédicos con una camilla, se dirigió a Ford y pidió que un compañero lo ayudara. Lo llevaron en hombros hasta el dugout.

Alfonso Tusa es investigador y escritor. Autor de artículos, libros y relatos de beisbol. Ha colaborado en portales como Prodavinci. Sus libros pueden adquirirse en Amazon.com.

También puedes contratar sus servicios como traductor inglés/español, escritura creativa y corrección de textos escribiendo al correo [email protected].

LEE TAMBIÉN: El día memorable de Antonio Armas en el jardín derecho de los Atléticos de Oakland

(Revisa su archivo de columnas aquí)

Foto: Cincinnati Reds

3 COMENTARIOS

  1. Hola Alfonso como estás el Rey David jugó 19 años de las Grandes Ligas con los Rojos de Cincinnati 1970-1988 y los Tigres de Aragua en 23 años en Venezuela y el Rey David al Salón de la Fama de comité de veteranos y me saludo mucho y palante y muchas gracias yo soy a tu amigo Álvaro Gómez de San Juan de Caracas, Venezuela.

  2. saludos esa tarde domlngo estuve por fortuna en el estadio habian fuegos artificiales para delebrar ese juego el valencia estaba eliminado y se camblo a maracay valencia home club y nos dejaron en el terreno en nuestra casa el manager el valencia chico carrasguel 3 toquesmagistrales ese titulo se le debe sumar a carrasquel seria el 7

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